ENTREVISTA A RAFAEL REIG
“Para pensar hay que arriesgarse a no tener razón, a mear fuera del tiesto”
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MEZCLA DE GÉNEROS. Para Reig, “la
recombinación del ADN de distintos
géneros es un procedimiento clásico
de la literatura”.

DIAGONAL: La mezcla entre
diferentes subgéneros (especialmente

10/05/07 · 0:00
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MEZCLA DE GÉNEROS. Para Reig, “la
recombinación del ADN de distintos
géneros es un procedimiento clásico
de la literatura”.

DIAGONAL: La mezcla entre
diferentes subgéneros (especialmente
los populares,
como la ciencia ficción, el
western, el folletín, el policíaco,
el cómic) o géneros (ensayo,
estudio literario y ficción
histórica en Manual de literatura
para caníbales) es una
de tus señas de identidad.
¿Qué pretendes con ello?

RAFAEL REIG: Creo que subraya
la idea de que toda escritura
es una lectura de la
tradición literaria. La literatura
sucede en varios planos,
en relación con la vida, pero
también en relación con la
historia de la literatura. La recombinación
genética del
ADN de distintos géneros es
un procedimiento clásico de
la literatura, desde Cervantes,
que utiliza en su Quijote
todo lo que entonces se encuentra
disponible: novela
picaresca, novela de caballerías,
novela pastoril, etc.

D.: Dentro de este paradigma
posmoderno, que clama
el fin de todo (de las ideologías,
la historia, el arte), ¿el
único espacio que le queda a
la originalidad es la reformulación,
la reelaboración?

R.R.: Yo no me considero
posmoderno. Si acaso, marxista
con las intermitencias
anarquizantes características
del pequeño-burgués señorito
madrileño que soy. Como
decía Althusser: “La ideología
no tiene exterior”. Pensamos
en la ideología, desde
ella, por eso nos cuesta verla.
Es como cuando a uno le dices
que tiene las gafas sucias:
él no se da cuenta, porque ve
a través de esas gafas. Proclamar
el fin de la ideología
es una de las posiciones más
ideológicas que se me ocurren.
Y de las más reaccionarias.
En cuanto a la originalidad,
creo que el problema es
que la originalidad es, en realidad,
inevitable. No pienso
que haya que buscarla de forma
deliberada. Como diría, a
lo mejor, Tolstoi, todas las
novelas buenas se parecen;
en cambio, cada novela mala
ha pretendido ser original.

D.: En Manual de literatura
para caníbales realizas una
revisión muy crítica de la historia
de la literatura más canónica.
Incides en la desmitificación
y en remarcar las carencias
y defectos de cada
escritor canónico. ¿Crees que
es necesaria aún esa tarea?

R.R.: Indispensable. Creo que
cada generación de escritores
debe ofrecer su propia
lectura de la tradición literaria.
Como decíamos antes:
escribir es una forma (algo
más atenta) de leer.
Hay, como dices,
desmitificación, pero
también hay pasión
por la literatura y ciertos
autores. En mi caso,
mi pensamiento es
adversativo: las ideas
se me ocurren (cuando
sucede esto, no muy
a menudo) en contra
de algo.

D.: También resaltaría
el concepto de ‘capital
simbólico’ ligado a la literatura
que utilizas.

R.R.: Bueno, recientemente
Beckham le ha regalado
a su señora un
consolador de oro y diamantes
que le ha costado un millón
y medio de euros. No entro
ni salgo en la oportunidad
de regalarle a tu chica consoladores:
allá ellos y él sabrá.
El hecho ha sido calificado de
hortera. En cambio, cuando
se gastan los aristócratas la
pasta en regalarle a su señora
una sortija, es un regalo
exquisito. A mí me toca las
narices el buen gusto, que es
la última arma de los poderosos
para mantener a distancia
a los demás. El ‘capital
simbólico’, concepto desarrollado
por Bourdieu, tiene relación
con esto: enjuicia el
gusto, que se supone que es
lo más personal, desde un
punto de vista sociológico.
Creo que es un análisis muy
pertinente al hablar de literatura.
¿Quién decide que Javier
Marías es bueno y tiene
calidad? ¿Por qué? ¿Por qué
Philip K. Dick era una basura
y ahora es un gran autor?
¿Qué significa esto, quién tiene
el poder, para qué lo usa?

D.: El experimento de Las hazañas
del Capitán Carpeto
me resultó muy valiente, además
de una manera de reivindicar
el aparato literario de la
prensa del XIX y de principios
del XX. ¿Qué papel juega
la prensa hoy en día?
¿Tiene aún alguna relevancia
cultural?

R.R.: Sí, por desgracia tiene
mucha relevancia. Sin embargo,
está perdiendo parte
de su hegemonía gracias a internet
(mientras dure sin censura).
A mí la prensa actual
me parece mucho menos libre
y mucho más aburrida
que la del XIX y principios del
XX. Las barbaridades que escribían
entonces los periódicos
hoy en día se considerarían
de mal gusto. Vivimos
tristes tiempos de unanimidad
y la gente ya sólo dice lo
obvio: que la guerra es mala,
que los puñetazos duelen,
que cuando llueve te mojas.
Eso no es pensamiento. Para
pensar hay que arriesgarse a
no tener razón, a mear fuera
del tiesto. La prensa, que ya
sólo pueden editar los grandes
grupos, se ha vuelto atildada,
interesada, fastidiosa,
demasiado sensata y obvia.

D.: ¿Qué función tienen las
editoriales independientes?

R.R.: Son muy importantes,
como, supongo, las discográficas
independientes. Los
grandes grupos no apuestan,
no arriesgan, no se atreven a
nada, están más pendientes
de su cuenta de resultados.
Responden también a ese
gusto unánime y homogéneo
del que te hablaba antes, lo
que todos entienden por literatura,
no se atreven a publicar
más que lo obvio. Las independientes
son las que descubren
lo que no es obvio,
aunque a veces meen fuera
del tiesto. El problema es, claro
está, que luego llega el
gran grupo con la chequera y
se lleva al autor, en cuanto
tiene algo de resonancia.

D.: Siempre me ha llamado la
atención el tema de tu tesis
doctoral: la prostituta en la literatura
del siglo XIX.

R.R: Su imagen oscila entre
dos paradigmas: la cortesana
romántica (La dama de las
Camelias), que se sacrifica
por el orden familiar y burgués
(y muere entre toses),
por un lado; por otro, la ramera
naturalista, la Naná de
Zola, que contagia la sífilis y
destruye la sociedad. ¿Qué
ha pasado entre una y otra,
por qué cambia el modelo de
representación de la prostituta?
Ésa era la pregunta
central de mi tesis. La respuesta...
el movimiento obrero,
claro, entre otros.


EL HUMOR COMO SUBVERSIÓN

D.: Tus obras me han parecido,
ante todo, un despliegue de ingenio,
de mala leche y de sanísimo
sentido del humor irreverente. ¿Es
el humor subversivo?

R.R.: Estoy convencido de que el
humor es lo único subversivo. Es
una guerrilla. Es como los cínicos.
Frente al pensamiento totalitario,
sistemático, organizado, los cínicos
contestaban con un chiste.
Como una cuña metida en el eje,
ese chiste desbarataba todo. El
hombre es un bípedo implume,
diría Platón. Un cínico se limitaría
a sacar una gallina desplumada y
decir: pues aquí está el hombre. El
humor es como meter un palo
entre los radios de la rueda: echas
por tierra la máquina apisonadora,
la bicicleta del sistema.


GENERACIONES
LITERARIAS
BAJO SOSPECHA

D.: Eres especialmente virulento
con los grupos literarios y los grupúsculos
culturales. Destaco
cómo plasmas la planificación y
construcción del “artefacto generacional
del 27”.

R.R.: Esa visión está en deuda,
como reconozco en el libro, con
la gran novela de Antonio Orejudo
Fabulosas narraciones por
historias. Creo que el concepto
generación es, en sí mismo, ideológico
y sospechoso. En mi opinión
surge del idealismo, por eso
le encantó a Ortega y Gasset. En
lugar de hablar de clases sociales,
hablemos de generaciones.
En lugar de economía, hablemos
del espíritu de una generación.
En lugar de relaciones de producción,
hablemos de caudillos
generacionales. Etcétera. El concepto
de generación literaria no
es menos sospechoso. Corresponde
a la pedagogía de la literatura,
no a la literatura. Se sostiene
en la discutible idea del
’progreso’ en literatura. Quizá la
literatura es simultánea y somos,
cuando leemos y escribimos,
contemporáneos de Horacio y de
Cervantes.

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