LA REPRESENTACIÓN DE LA HOMOSEXUALIDAD EN EL CINE COMERCIAL
Ostras y caracoles: Hollywood y la homosexualidad

El éxito de ‘Brokeback mountain’, una
historia de amor entre dos hombres, parece
confirmar la definitiva normalización de la
presencia de lesbianas, gays, transexuales
y bisexuales (LGTB) en pantalla... ¿o no?
Un rápido repaso a la filmografía de este
tema nos permite iluminar sus luces y
sombras. Aún a riesgo de caer en divisiones
artificiales, lo abordamos en dos partes:
el cine de Hollywood, y el independiente.

03/04/06 · 21:15
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MOROCCO. Marlene Dietrich, enfundada en un frac.

Desde los comienzos
del cine, la industria
de Hollywood
tuvo problemas
con la homosexualidad.

La burla -respecto a los
gays- y la invisibilidad -de las
lesbianas- de los primeros
tiempos dieron paso a la censura
con la entrada del código
Hays en los años ‘30, que
sólo permitía la homosexualidad
en los villanos. La prohibición
forzó a guionistas y
público a usar la imaginación
y a ejercitar el arte de leer entre
líneas. Los ejemplos abundan:
Rebelde sin causa (en la
que el personaje de Sal Mineo
estaba enamorado de James
Dean), Ben Hur (donde se insinúa
que Ben Hur y Messala
habían sido amantes), Con
faldas y a lo loco (con el célebre
final, en el cual Jack
Lemmon confiesa ser un
hombre: “Nadie es perfecto”)...
Como señala el guionista
Paul Rudnick en el documental
El celuloide oculto,
“lo interesante es que así se
expresaba la homosexualidad
en la vida. En cierto sentido,
los personajes estaban
en el armario como nosotros”.
En algunos casos la insinuación
iba más allá y la
censura echaba mano de sus
tijeras: en Espartaco se suprimió
la ya mítica escena en
la que Laurence Olivier interroga
a Tony Curtis sobre
sus gustos ¿culinarios? (“Mi
gusto incluye... tanto los caracoles
como las ostras”); y
en La gata sobre el tejado de
zinc, el personaje de Paul
Newman pasó de ser homosexual
a... impotente.

En los ‘60 y ‘70 soplan vientos
de cambio, lo que se traduce
en una nueva presencia
en pantalla de personajes
LGTB: en 1972 se estrena
Cabaret, que cuenta con personajes
abiertamente gays, y
un año después la homosexualidad
se retira de la lista
de enfermedades mentales en
EE UU. Eso sí, muchas veces
esta visibilidad va acompañada
de una representación de
los homosexuales como seres
desdichados, condenados a
la violencia y al castigo.

En España pasa algo similar:
de la presencia anecdótica
de películas como Diferente
(1961), un musical gayentre
líneas, pasamos a una
apertura en los ‘70 con ejemplos
como Mi querida señorita
de Jaime de Armiñán -una sorprendente historia
de travestismo- o La muerte
de Mikel, de Imanol Uribe,
además de las obras de Pedro
Almodóvar, Eloy de la Iglesia
o Ventura Pons.

Aun así, no será hasta la década
de los ‘90 cuando se normalice,
de algún modo, la presencia
de personajes LGTB en
el cine comercial. Muchos
apuntan a Philadelphia, protagonizada
por una estrella
como Tom Hanks, como la
definitiva normalización. En
el caso de las lesbianas y otras
sexualidades, el reconocimiento
tarda un poco más en
llegar: los Oscar a las actrices
de Boys don’t cry y Monster
marcan el paso, hasta llegar a
L, una serie de televisión protagonizada
por lesbianas.
Ahora toman el testigo películas
y series de televisión que
retratan a personajes LGTB
de carne y hueso, más allá del
tópico, o que exploran la sexualidad
y desdibujan y cuestionan
las fronteras entre homo
y heterosexualidad.

¿Final de la partida?

Visto lo visto, podría parecer
que ya está todo ganado... ¿o
no? Hay datos que inducen a
pensar lo contrario. El reflejo
de estas temáticas parece limitarse
a la inclusión de un
personaje LGTB como gesto
políticamente correcto, algo
que ya se ha convertido en un
lugar común (¿qué serie no
tiene su pareja de gays de gimnasio
y lesbianas fashion?).
En muchas películas las relaciones
homosexuales se rebajan
y edulcoran, quedándose
en tiernas miradas y castos
besos: en Alejandro Magno,
lo máximo que vemos es un
dulce beso entre el emperador
y su amante. Es más: en la reciente
Brokeback mountain
apenas se muestran escenas
de sexo. Otro dato que señala
el camino que aún queda
por recorrer es el escasísimo
número de actores y actrices
que salen del armario,
por temor a que eso pueda
perjudicar sus carreras.

La representación de la
homosexualidad en el cine
sigue siendo contradictoria
y problemática, pero es que,
al fin y al cabo, no es más
que un eco de la ambigua
relación de la sociedad con
las sexualidades.

Tags relacionados: Audiovisual LGTBIQ
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