Ocupemos las calles

El XVII Festival Internacional de Teatro Santiago a Mil celebró en enero los 200 años de teatro
chileno con diversas manifestaciones artísticas. Casi cuatro millones de personas coparon las
calles y las salas para confirmar que el teatro en Chile está más vivo que nunca.

25/02/10 · 0:00
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Desde 2007 se escuchaba que
Carmen Romero, directora del
Festival Internacional de Teatro
Santiago a Mil
, deseaba celebrar
a lo grande el bicentenario de la
independencia de Chile. Para
ello, la directora –apoyada en
destacadas figuras chilenas como
Héctor Noguera, Gustavo
Meza, Ramón Griffero, Inés
Stranger, Manuela Oyarzún,
Elizabeth Rodríguez, Paly García,
Francisco Albornoz o Rodrigo
Pérez– seleccionó 17 obras de
los siglos XIX y XX.

“Por primera vez en la historia
del teatro chileno se han presentado
de forma simultánea obras
y textos chilenos de los siglos
XIX y XX”, señala Romero. A esto
agrega: “El teatro es y ha sido
espejo de nuestra sociedad, porque
ayuda a vernos. El teatro
chileno ha acompañado cada capitulo
de nuestra historia”.

Al mismo tiempo, Carmen
Romero pidió a artistas de todo
el planeta espectáculos inspirados
en Chile. Es el caso de la última
creación de la coreógrafa
alemana Pina Bausch con su
obra Como el musguito en la piedra,
ay sí, sí, sí…, título que hace
referencia a la canción de la cantautora
chilena Violeta Parra.
Por su lado, la compañía francesa
Royal de Luxe, con Jean Luc
Courcoult como director, tituló
su trabajo de calle La Invitación.

Los 200 años del teatro chileno
fueron conmemorados con la
reposición de 17 obras clave en
la historia de las artes escénicas
chilenas, a modo de radiografía
artística e histórica. La expectación
era indudable ante tan enorme
desafío.

Dramaturgos, directores y
elencos han trabajado durante
meses para rescatar obras del siglo
XIX y XX y exponerlas en
Santiago. Más de 80 programadores
de todo el mundo se concentraron
en la ciudad para ver
los montajes.

El balance es más que positivo.
Las entradas se agotaron y
los montajes se transformaron
en éxitos de audiencia. De todas
las obras, fueron prioridad
para el público: Historia de la
sangre del director Alfredo
Castro; El coordinador del dramaturgo
Benjamín Galemiri;
Cinema Utoppia del director
Ramón Griffero; La Negra Ester,
del fallecido Andrés Pérez;
Hechos consumados, de Juan
Radrigán; Lo crudo, lo cocido,
lo podrido del dramaturgo Marco
Antonio de la Parra y Lindo
país esquina con vista al mar,
dramaturgia de creación colectiva
del grupo Ictus; Los payasos
de la esperanza y Tres
Marías y una Rosa, escritas en
el Taller de Investigación
Teatral (TIT); Malasangre o las
mil y una noches del poeta, del
director Mauricio Celedón;
Moscas sobre el mármol del
dramaturgo Luis Alberto Heiremans;
Ernesto, del Teatro de
Chile; Entre gallos y medianoche
del director Ramón Núñez;
Topografía de un desnudo del
dramaturgo Jorge Díaz; Los que
van quedando en el camino, de
la dramaturga Isidora Aguirre;
y dos reescrituras: Plaga a partir
del texto de La mantis religiosa
del dramaturgo Alejandro
Sieveking y Páramo, a partir del
texto de Amo y señor de Germán
Luco Cruchaga.

Estos montajes nos recuerdan
que en Chile, a pesar de que los
tiempos son distintos, se mantienen
los mismos temas: la
marginalidad, las utopías sociales,
la movilización de los colectivos,
y los arquetipos en las
identidades de género.
Así lo explica el crítico de teatro
Javier Ibacache: “Las obras,
escritas en distintos momentos,
demuestran que la estructura social
y las relaciones de poder en
la sociedad chilena no han variado.
En esa medida, este festival
ha operado como espejo”.

Para Ibacache, lo importante
de la edición de 2010 del
Santiago a Mil es haber dado
visibilidad al valor patrimonial
del teatro chileno.

“De alguna manera, el festival
se hizo cargo de una función
que en otros lugares suele
estar en manos de los teatros
nacionales o públicos, la de
conservar viva la memoria que
registran las obras de otros
momentos”, comenta el crítico.
Éste es el principal logro de esta
edición.

La importancia del teatro callejero
Para la organización del festival Santiago a Mil (Chile) es prioridad contar cada
año con una gran programación en calle. En esta edición se presentaron 12
obras nacionales e internacionales en 27 comunas de la capital chilena. Todas
eran gratuitas y tuvieron un lleno total.
El gran fenómeno internacional de calle fue la visita de los franceses del Royal
de Luxe con La Pequeña Gigante y su Tío Escafandra. Durante tres días Santiago
fue un gran escenario, dos gigantes fueron los protagonistas y tres millones
de personas gozaron con el despertar, caminar, bailar y jugar de estos gigantes.
Por primera vez en la historia de Chile un espectáculo convoca a tanta gente en
las calles. Nunca se vio tal libertad de imaginación en las calles de Santiago,
tanta emoción. Ahora la tarea será titánica, la población chilena exigirá espectáculos
a la altura. Este Santiago a Mil ha sido el festival que ha logrado representar
la democratización de la cultura en nuestro país.

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