HOMENAJE A DERRIBOS ARIAS
Nunca estuvimos tan cerca…

Fueron uno de los combos más
extraordinarios y delirantes de la
Movida. Su particular sonido y sus
letras surrealistas mantienen hoy
intacta su capacidad de sorpresa.

18/09/08 · 0:00
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DERRIBOS ARIAS tuvo su primera encarnación en un grupo que no podía sino llamarse La Banda sin Futuro.

Desconfío del célebre
adagio de
Rimbaud que
apuesta por ser
absolutamente moderno.
En estos tiempos de inmediatez
parece imposible reseñar
cualquier tendencia
musical sin aplicarle el dichoso
calificativo. Resulta
agotador el constante bombardeo
de nuevas sensaciones
en que se encuentran
instalados muchos de los
plumillas musicales de este
país. No obstante, es justo
admitir que gran parte de
las ideas-fuerza que han hecho
avanzar la historia del
arte surgieron de las vanguardias.

Discriminar entre
el globo hinchado y el auténtico
talento es una de las
más esforzadas tareas a las
que se enfrenta, actualmente,
el melómano; pero esto
no es nuevo, lleva décadas
sucediendo.

Dentro de España, uno de
los períodos que más se
prestaron a este confuso batiburrillo
fueron los primeros
‘80. Finiquitada la dictadura,
el personal decidió estrenar
libertades con las
mismas ganas de un chiquillo
que se sube por primera
vez a su triciclo. El advenimiento
del punk, que tanto
bien hizo en otro lares, tuvo
en la piel de toro consecuencias
poco menos que desastrosas:
el do it yourself fue
interpretado como carta
blanca por una caterva de
indocumentados que tomaron
los escenarios bajo la
consigna del “todo vale”. En
medio de aquel barullo, se
hizo difícil separar el grano
de la paja y sólo el tiempo
nos ha dotado de la perspectiva
para distinguir el talento
de las tomaduras de pelo.

Y en cabeza del pelotón
de talentosos se encuentran
Derribos Arias, liderados
por un personaje tan extraordinario
como estrafalario.
Con Ignacio Gasca,
alias Poch, nunca estuvimos
tan cerca de la modernidad.

El chico más blanco
de la playa de Gros

Digamos que el San Sebastián
de finales de los ‘70 no
era el marco idóneo para la
formación de un grupo punk
new wave. El personal se conducía
aún por derroteros cercanos
a la canción de autor,
en su vertiente folclórico-política.
Cualquier acercamiento
a otros estilos, como el punk
o el rock, resultaba sospechoso
a priori. Aún faltaban años
para que grupos como Kortatu
demostraran el potencial
de la música rock como elemento
de difusión al servicio
de las ideas. Por tanto, nuestra
historia comienza a contracorriente,
en lo que será
una constante de las distintas
encarnaciones que tomará un
grupo que no podía llamarse
sino La Banda Sin Futuro. El
donostiarra Ignacio Gasca recluta
a Alejo Alberdi y a Paul
para que le secunden en el
proyecto, antes por sus gustos
musicales que por su virtuosismo
técnico. Poch prefería
en sus filas fieles devotos
de The Jam, The Buzzcocks,
Ramones o The Stranglers
antes que practicantes de
rock sinfónico o progresivo.

La Banda Sin Futuro hizo
honor a su nombre pues, a pesar
de contar con una formación
estable, tuvo un difuso
recorrido marcado por las peonadas
de Poch en Ejecutivos
Agresivos (¿recuerdan aquella
tontería de “Mari Pili oh
oh, oh…”? Probablemente,
sea lo único que recuerden de
aquel combo). Gracias a su
participación en Ejecutivos,
Poch traba contacto con el
ambiente madrileño, mucho
más receptivo al estilo que el
donostiarra pretendía y, junto
a Alejo, hace las maletas para
intentar el asalto de la capital.
La Banda Sin Futuro devino
Derribos Arias, iniciándose
una exploración por nuevos y
sugerentes sonidos que bebían
del afterpunk y la new wave.

No obstante, con Derribos
Arias en plena ebullición,
La Banda Sin Futuro
entró en el estudio para grabar
varios temas que desaparecieron,
sin ver la luz hasta
finales de los ‘90, cuando se
editaron bajo el título Grabaciones
desinfectadas.
En la guía, en el listín…
Pongamos una parte de
Television, otra de The Jesus
and Mary Chain y unas gotas
de Luis Buñuel y aún no
será suficiente para entender
por qué, mientras otros
hacían el memo, Derribos
Arias dejó un precioso legado
musical. Ya lo hemos comentado,
Poch era una de
las personalidades más fascinantes
de la época. Obsesivo
donde los hubiera, no
era extraño verle, pertrechado
bajo sus gafas de culo de
botella, con gabardina de
oficial de las S.S., ataviado
con pinzas de tender la ropa
o cables de teléfono. Más
allá de lo anecdótico, encontramos
a un guitarrista
ecléctico y versátil, con un
intelecto que transitaba senderos
psicodélicos, y así podía
sumergirse en una pecera
de influencias y salir fortalecido.
De hecho, otra de
las constantes de la carrera
de Derribos Arias es la incapacidad
de la crítica para etiquetarlos;
quizás éste fue el
motivo de que no gozaran de
la aquiescencia merecida en
su momento.

Desembarcados en los
madriles, Derribos Arias no
tarda en alzarse con el triunfo
en el prestigioso concurso
de rock Villa de Madrid.
Comienzan a sonar. En
aquellos años los medios de
comunicación, sorprendentemente
liderados por los
oficiales (una incipiente
Radio 3; Pista libre o La
edad de oro en TVE…), vivían
entregados a la misión de
propagar la buena nueva de
una sociedad activa y agitada
culturalmente. No obstante,
Derribos Arias iban
por delante de su época y no
dejaban de ser el bicho raro
de la fiesta. Estrafalarios,
irregulares y por momentos
irritantes, no encajaban en
el conjunto, un tanto tosco,
de la Movida.

Branquias bajo el agua,
Vírgenes sangrantes en el matadero
y Dios salve al Lendakari
suponen el pistoletazo
de salida en forma de EP; después
vendrían A-Fluor, oda
surrealista al acto de lavarse
los dientes, o su curso acelerado
de idiomas, Aprenda alemán.
En 1983 el sello GASA
produce su primer LP, En la
guía, en el listín, una pieza
maestra que, a la postre, será
alumbramiento y canto de cisne,
todo en uno. Todos estos
temas se encuentran incluidos
en el recopilatorio CD,
editado en 1996 y que supone
una exhaustiva panorámica,
incluyendo algunas de las
composiciones de Poch de su
posterior carrera en solitario.

A mediados de los ‘80,
Poch es diagnosticado de
Corea de Hungtinton, crudelísima
enfermedad mental degenerativa,
y comienzan a
confundirse persona y personaje.
En una de las más esforzadas
interpretaciones que se
recuerden, Poch comienza a
exagerar sus gestos en un
triste intento de disimular los
primeros síntomas de la enfermedad.
Disueltos Derribos
Arias tras la mala acogida de
Disco Pocho, Poch publicará
aún un par de erráticos trabajos
que no sirven sino para
constatar el declive del músico
y de la persona, antes de
entregarse a los cuidados de
su familia en San Sebastián,
donde fallece en 1998.
Antes de su muerte, aún
hubo un último momento de
gloria: El chico más pálido de
la playa del Gros, disco que le
dedicaron sus colegas, Glutamato
Ye-ye, Gabinete Caligari,
Siniestro Total o Negu
Gorriak, entre otros.

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