LA TRANSFORMACIÓN DE LAS ARTES CIRCENSES
Un nuevo circo sin fieras ni malformaciones

La primera vez que fui al circo
tuve una de esas experiencias
castrantes y desesperanzadoras
que todos tenemos alguna vez
durante la niñez.

07/05/06 · 19:48
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UNA PRÁCTICA CULTURAL POCO RECONOCIDA. El 95,2% de la población española no ha asistido nunca al circo, según el Ministerio de Cultura (2003)./Alfredo Sosabravo

Descubrí que el
mundo de la fantasía,
la magia y
lo increíble, quedaba
tan lejos de lo que estaba
viendo, como pensamos a
menudo que lo están los sueños
y las utopías.

Aquel partido de fútbol entre
perros, los pobres elefantes
con su paso cansino y rutinario,
los osos civilizados,
aquellos viejos payasos sin
apenas ilusión... No quise volver
al circo nunca más. Mi
idea preconcebida de un
mundo lleno de payasos que
eran capaces de convertir
cualquier cosa en una sonrisa
se suicidó. ¿Qué fue del
mayor espectáculo del mundo?
¿Dónde fue a parar la magia
que vivió durante tantos
años bajo la carpa de los circos?
Ya entrado el siglo XXI
podemos ver una luz al final
del túnel. Una gran transformación
de las artes circenses
se ha ido produciendo, silenciosa,
durante años. Es la revolución
artística del Nuevo
Circo.

“En el circo contemporáneo
no caben fieras ni malformaciones
humanas. El circo
de hoy tiene fronteras con
muchas artes: danza, poesía,
gimnasia rítmica, interpretación,
canto, literatura, filosofía...
El circo hay que reinventarlo
como concepto. Hay
una sombra detrás que lo
avala (mucha historia), pero
hoy en día la comunicación
ha cambiado y por ello el espectáculo
también”, opina
July García, miembro de la
asociación Garabato. Este colectivo
ha montado la recientemente
inaugurada Escuela
de Circo de Albacete, con el
apoyo del Ayuntamiento de
Albacete y después de tres
años haciendo talleres de circo
por toda la provincia. Y es
que, a la creciente demanda
de la juventud por acercarse
a las artes circenses, se une la
necesidad e importancia de
recuperar una riquísima herencia
bajo la influencia que
da la fusión con otras artes escénicas.
“Nuestra pretensión
desde Garabato es la de saber
transmitir un conocimiento
que se pierde como historia
artística, además de buscar
un punto de encuentro donde
se fomente el trabajo de la alegría,
la risa, la diversión, la
improvisación, el fracaso y un
montón de elementos unidos
a la vida, como al espíritu, filosofía
y psicología del circo”,
comenta July.

Desamparo institucional

Pero no siempre se obtienen
con facilidad las debidas ayudas
por parte de las instituciones.
Es el caso de la carpa
de Circo del Arte de Granada
que, tras varios años de abandono
(ver Diagonal nº 8), sigue
siendo reclamada por
una plataforma de artistas y
asociaciones para su reapertura
como escuela. El circo
ha quedado marginado y su
futuro está en manos de los
propios artistas, que viven
para defender y difundir su
profesión. “La enseñanza de
circo no esta ni siquiera regulada”,
cuenta Daniel Sánchez,
malabarista, acróbata y
actor de las compañías Tragaleguas
Teatro y Mala Brakers,
de Madrid. “No hay escuela
oficial, estatal, ni homologada;
los apoyos económicos
son claramente insuficientes
tanto para escuelas
como para compañías, producciones
o artistas. Pero
más grave es que tengamos
en Madrid una escuela de circo,
que es Casa de Oficios, un
año si y otro no, porque a los
que inventan los criterios les
da por cambiarlos de año en
año, con el consiguiente choteo
del ahora hay dinero y
luego no”, asegura.

Es consecuencia de este
desamparo, entre otras razones,
que muchos de los artistas
de circo, encuentren en la
calle el escenario ideal para
mostrar su trabajo. En los últimos
años ha habido una
gran proliferación de lo que
se denomina ‘artistas callejeros’.
Éstos luchan a diario con
la policía, el clima y la inseguridad,
regalando arte con la
esperanza de llenar su gorra
tras el espectáculo. A los ojos
de mucha gente, no son más
que simples pedigüeños que
tratan de buscarse la vida en
plazas y parques de la ciudad;
pero la mayoría de las veces
estamos hablando de auténticos
profesionales que se dedican
casi todo el día al entrenamiento
y perfeccionamiento
de las técnicas circenses.
Daniel es tajante al respecto:
“igual que no dirías que el
yonki de la flauta es músico,
tampoco los mendigos que
hacen cosas de circo son ni artistas
de calle, ni de circo.
Quiero creer que el público no
es tonto, y que no toma por artista
a cualquier mendigo, ni
tacha de mendigo a un buen
profesional que trabaja en la
calle. Los criterios para distinguir
uno de otro están dentro
de cada uno, animo a todo el
mundo a elaborarse uno propio”.
July, de Albacete, encuentra
en la calle “la mejor y
mayor universidad, la forma
de expresar, sin velos ni tapujos,
la crítica más absoluta.
Nos hace débiles y fuertes a la
vez”.

Circo como forma
de vida

Pero el Nuevo Circo no sólo
trata de recuperar las increíbles
técnicas que pasaron de
unos artistas a otros a través
de los años y de los viajes en
destartaladas caravanas; sigue
presente en él ese espíritu
diferente que envuelve el
mundo que recorre, esa sensación
de libertad propia de
los artistas errantes y apátridas.
Aún pervive y late con
fuerza la defensa de una forma
de vida que se escapa de
las rutinarias autovías y peajes
del sistema.

¿Qué tendrán pues que enseñarnos
estas extrañas gentes
a las personas que vivimos
acomodadas en nuestro cotidiano
televisivo? “En una sociedad
consumista, estresada
y alejada de la naturaleza, es
imprescindible el alimento del
alma, del espíritu. A este mundo
le hace falta soñar, reír, llorar,
emocionarse”, dice Iván
Alonso, miembro de Circo
Activo, de Barcelona, payaso,
músico y acróbata. Iván mantiene
relación con gran parte
de colectivos y asociaciones
de artes circenses de España
y persigue la creación de un
gremio a nivel estatal. En este
momento, se embarca en un
nuevo proyecto: el Circ Bover,
en Mallorca. “Un proyecto
con una carpa, trabajando al
estilo tradicional, llegando a
un pueblo, vendiendo palomitas...
pero con un espectáculo
de nuevo circo; para nosotros
el pasado del circo nos señala
una asociación de artistas nómadas”,
explica. Como artistas
trabajaban la creatividad,
la imaginación y la expresión
cultural; como nómadas, el
desapego y la vivencia absoluta
del presente. Y como asociación,
la solidaridad, la comunidad
y el rechazo al individualismo.

Son cada día más las aportaciones
que hace el circo a la
sociedad y al arte en general.
“Gracias a las tendencias del
Nuevo Circo en general, y de
fenómenos mediáticos como
el Cirque du Soleil, ahora podemos
equipararnos con el teatro
o la danza en teórica
igualdad de condiciones. Eso
sí, con mucho retraso en casi
todos los ámbitos, pero con
mucha ilusión y orgullo”, dice
Daniel Sánchez. Es un hecho
insólito y destacable que en el
marco de los premios nacionales
dedicados a la cultura
catalana, se haya otorgado
una distinción expresa al circo,
y se haya premiado al Circ
Cric por sus esfuerzos de renovación
del espectáculo circense.
Es el circo un arte vivo
aún, joven en sus perspectivas
de vanguardia, y viejo en
cuanto a su legado histórico.
Mágico, pues sigue fascinando
a todos los públicos en carpas
y calles del mundo; irreverente,
ya que redescubre espacios
y formas de vida, pese
a nadar contra corriente; e increíble,
al hacer hermoso lo
feo y fácil lo imposible.

'MÁS DIFÍCIL TODAVÍA'

El IV Encuentro de Malabaristas y
Artistas de Circo de Bilbao, que
organiza la asociación Koblakari
Bizkaiko Malabaristen Elkarte, reunió
a más de 1.000 artistas de
circo que, entre el 7 y el 11 de
diciembre, se acercaron al Gaztetxe
Kukutza de Rekalde para dar cursos,
charlas y actuaciones diarias.

MÁS INFORMACIÓN:
[Ir a koblakari->www.koblakari.tk]

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