JUDITH MALINA, ACTRIZ Y FUNDADORA DE LA COMPAÑIA THE LIVING THEATRE
"En Norteamérica sólo gusta el arte si trae dinero"

Hablamos con Judith Malina, la
fundadora del histórico Living
Theatre que ahora estrena teatro.
Su voz apasionada remueve el
presente y recuerda el pasado.

27/11/07 · 13:22
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ENCUENTRO DIRECTO. El Living defiende la reflexión desde la confrontación actor-espectador. En la foto, Legacy of Caín (1970).

El Living Theatre sigue
dando forma a
espacios creativos
en una ciudad sublimada
por la cartelería audiovisual.
Ha cambiado de teatro
en Nueva York y vuelve
al Lower East Side, un barrio
marcado por las contradicciones
de la mole Manhattan
y que el Living conoce muy
bien. Subimos al piso de encima
del teatro con Judith
Malina. La actriz y directora
que fundó hace 60 años el
Living nos explica la mudanza
durante el verano.

Mientras, Hanon Reznikov
(director de la compañía) comienza
a cocinar. Abajo, falta
poco para la representación
de The Brig. Los actores
rotan cada noche, el veterano
Gary Brackett no actúa
hoy y se queda con nosotras.

DIAGONAL: ¿Qué tiene que
ver el Living Theatre de hoy
con el de los años ’50?

JUDITH MALINA: Han sido
60 años de trayectoria. Ahora
es más antiguo y más sabio,
pero es la misma investigación.
En nuevas formas de teatro
hay una participación
más activa y profunda por
parte del público; es la clave
para seguir vinculando teatro
y vida. Nuestros conceptos siguen
siendo el pacifismo y el
anarquismo. Sin embargo, el
vocabulario y los medios de
expresión que usamos han
cambiado con el tiempo; han
sido modernizados.

D.: La creación colectiva es el
pilar de vuestro trabajo...

J.M.: A veces usamos textos
ya escritos, otras los creamos
el texto. No Sir! (2006) fue
una gran creación colectiva.
Hay muy diferentes maneras
de hacerlas: a veces hay personas
que tienen un rol más
activo que las demás, pero
siempre hay una dinámica
muy poderosa con el grupo.
¿Significa entonces que en la
creación colectiva cada persona
tiene que hacer una contribución?
Desde el Living no
creemos que una creación
colectiva deba incluir a todos
los personajes que aparecen
en la obra. A veces la persona
que habla menos es la que da
la mejor idea para la obra.

D.: Chocan vuestras dinámicas
de trabajo con lo que hay
aquí al lado, en Broadway...

J.M.: Yo no tengo nada que
ver con eso. Es otro mundo.
Es como hablar de tulipanes
y de manzanas. Son dos
mundos que están en la misma
ciudad.

D.: Pero venís del Off-
Broadway...

J.M.: No sé lo que la gente entiende
por Off-Broadway. Lo
llaman Off Broadway, Off-
Off Broadway, lo llaman estúpido...
Da igual. Nuestro
trabajo consiste en poner las
formas y las ideas en la cultura.
Lo que haga la gente de
negocios no nos interesa. No
hay que mezclar el business
con el arte.

D.: Lleváis desde el verano
representando de nuevo The
Brig. Cuando lo montasteis
por primera vez, en 1963, os
cerraron el teatro y fuisteis
detenidos. ¿Ahora ya no hay
problemas?

J.M.: Todavía no y espero
que sigamos así. Aquella vez,
rehusamos irnos del teatro.
Como a los grandes gángsters,
nos acusaban de no pagar
los impuestos, pero probamos
en las Cortes que los
habíamos pagado. A pesar de
ello, nos mandaron a la cárcel
porque insultamos al juez.
Hicimos un gran show en las
Cortes Federales y fuimos
arrestados tres veces durante
las audiencias. Marchamos,
cantamos, hicimos todo tipo
de cosas... A Julián (Beck) le
cayeron 60 días y a mi 30 por
el mismo "delito". Según las
leyes estadounidenses, si un
matrimonio comete el mismo
crimen se asume que el hombre
es el líder cabeza de familia
que tiene que dar ejemplo.

D.: ¿Cómo describirías al público
neoyorquino?

J.M.: (Silencio).

GARY BRACKETT.: Es difícil
hacer generalizaciones. La
gente que viene a ver el
Living está abierta a nuestras
ideas. Hace poco, llegó al teatro
un grupo de alumnos de
Secundaria (High School)
que vienen de todas partes de EE UU y estudian en New
York. El mismo día habían
ido a un musical de Broadway:
Llegaly Blonde (en su
versión española, Una rubia
muy legal). Después vinieron
a ver The Brig y algunas de
nuestras expresiones les dejaron
totalmente pasados de
vuelta. Pudieron comprender
que lo que habían visto en
Broadway estaba vacío y absolutamente
falto de ideas, y
que The Brig era importante
y estaba vivo. En general, la
gente joven de otros lugares
de EE UU está dispuesta a
ver, pero el ambiente de New
York es más difícil, el público
ya lo ha visto todo, la gente
es más cínica e indiferente.
Pero las generalizaciones no
son buenas.

J.M.: Me gustaría que todas
las personas que vienen al teatro,
al salir tuvieran un sentimiento
más anárquico y que
quisieran volver al teatro porque
se hubiera convertido en
una especie de comité revolucionario
que promulgue
una revolución anarquista no
violenta.

D.: ¿Qué diferencias ves hoy
entre el teatro norteamericano
y el europeo?

J.M.: Es una gran pregunta.
(sonrisa pensativa). Los europeos
son más inteligentes.
Ésta es la principal diferencia.
Además, a los europeos
les gusta el arte, y a los americanos,
no. En
Norteamérica sólo gusta el
arte si trae dinero; en Europa
gusta si es inspirador... Si
eres inteligente, entiendes
mejor los cambios sociales.
Si sólo estás interesado en
dinero, no hay necesidad
de cambio social.
Debo hacer otra diferencia.
En cierta forma
es más placentero y agradable
trabajar en Europa,
pero es mucho más importante
trabajar aquí. La gente
tiene que luchar. El hecho de
que la gente esté cambiando
cosas en EE UU importa en
todo el planeta, porque América
puede explotar el mundo
entero.

D: Tuviste una gran relación
teatral con Piscator, tu maestro.
¿Sigue viva su teoría?

J.M.: Por supuesto. Ahora estoy
escribiendo un libro sobre
él. Erwin Piscator hizo
cambios muy importantes. Él
como director y Brecht como
autor, en su trabajo conjunto,
inventaron el teatro político.
Mucho más que nunca, hoy
es necesario leer su teoría.
Hay mucha más violencia,
más odio... Los directores,
autores y actores deberían releer
el teatro político de Piscator
sólo si tienen ideas.
Los actores jóvenes de teatro
deberían decidir qué quieren
decir, pensar cuál es la cosa
más importante que pueden
comunicar para mostrar el
sufrimiento del mundo, y
después encontrar las técnicas
para hacerlo.

D: ¿Cuál es la relación del
Living con América Latina?

J.M.: Tenemos relaciones
muy fuertes con varios países,
en especial con Brasil.

G.B.: La última vez que fuimos
a Latinoamérica fue en
noviembre de 2006. Fuimos a
Ecuador con Mysteries and
smaller pieces, dentro del IX
Festival Internacional de teatro
experimental de Quito, un
espacio lleno de gente rica y
elitista. El Teatro Nacional
Sucre nos recibió de forma
muy fría. Luego fuimos a la
costa, con la misma obra; sin
embargo ¡la gente estaba
completamente excitada! La
respuesta fue absolutamente
cálida y queremos volver. La
gente que vive en Latinoamérica
está preparada para
la revolución, y esto no sucede
en Europa.

Suena el reloj porque The
Brig va a empezar. Malina
sonríe y se levanta. Ahora es
ella quien pregunta mientras
bajamos en el ascensor, de
nuevo hacia el teatro, donde
los gritos militares se escapan
de los barrotes. Lo del
Living es auténtica precisión.

Actuar contra toda forma de violencia

The Brig (La Prisión)
fue la obra que escribió
Kenneth Brown, veterano
de la marina estadounidense
que sufrió
torturas en las cárceles
militares americanas.
En 1963, el Living Theatre
presentó el montaje
que causaría tanto
estupor entre el público
newyorkino y en la
administración estadounidense.
El lituano
Jonas Mekas hizo con
The Brig su "obra de
cine" en 1964.

Hoy la proliferación de
cárceles militares estadounidenses
por los
cinco continentes
hace de este montaje
un verdadero informativo
que describe con
detalle la estructura de
las prisiones. «A través
de bio-mecanismos de
taladro y de la ejecución
de rituales de precisión
absurdos, se
genera un ajuste de
cuerpo y mente diseñado
para vencer las
náuseas humanitarias
naturales», dice Malina
de las dinámicas trabajadas
en la obra
que ha vuelto a dirigir.
Violencia disciplinada
en unos cuerpos que,
durante casi dos
horas, muestran el
entrenamiento de la
obediencia. Como
todos los espectáculos
del Living, The Brig es
una manifestación
política que transforma
las relaciones
entre actores y espectadores.

En el nuevo teatro de
la calle Clinton, la
compañía también ha
vuelto a representar
Mysteries and Small
Pieces, y el 30 de
noviembre presentan
Maudie and Jane, de
Luciano Nattino, inspirada
en la novela de
Doris Lessing, El diario
de Jane Somers, con
Judith Malina en el
papel de anciana.
Confirmamos que el
Living Theatre sigue
turbando y no dora la
píldora.

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