ENTREVISTA : ERIKA LUST, DIRECTORA DE CINE PORNO
“No podemos dejar el porno en una esquina oscura y no hablar de ello”

Llegó desde Suecia con un doctorado en feminismo
bajo el brazo para instalarse en Barcelona y montar su
propia productora. Erika Lust presenta ahora ‘Porno
para mujeres’, un manual de estilo periodístico con
artículos y referencias a un cine porno sin prejuicios.

05/02/09 · 0:00

DIAGONAL: Eres
directora de cine,
¿no has actuado
nunca?

ERIKA LUST: Eres la primera
persona que me dice “directora
de cine” y no directora de
porno y son dos visiones diferentes
de ver lo mismo (risas).
Nunca he actuado. Y no lo voy
a hacer tampoco. Creo que
para actuar delante de la cámara
es muy importante tener
una sexualidad un poco
exhibicionista, sentir un placer
con el hecho de estar en
esa situación, y yo sentiría pánico…
Pero que no quiera ser
actriz no significa que no me
parezca una profesión más
que respetable.

D.: ¿Has pensado hacer algo
en teatro o performance?

E.L.: Cuando era más joven
hice mucho teatro y trabajé
con muchos grupos, incluso
dando talleres en Estocolmo y
en Malmö (Suecia). Creo que
es una forma artística muy interesante
para expresar los
deseos y la propia sexualidad,
y me gustaría hacer algo, ahora
que lo dices.

D.: ¿Qué quisiste contar con
tu primera película, Cinco historias
para ellas?

E.L.: Quise hacer una película
que pudiera gustarme a mí.
Cuando veía porno, sentía cosas
físicas, una provocación
física: mi cuerpo reaccionaba
pero no me gustaba mucho lo
que veía. Sentía una discrepancia
entre lo que me ponía
y lo que no me ponía. No entendía
por qué no podía haber
algo que me gustara ver y que
me hiciera reacción físicamente.
Ésa fue la idea inicial.

D.: Las Girlswholikeporno
(GWLP) afirman: “Es un error
identificar dulzura con feminidad
y, consecuentemente,
con mujer. Es esa categoría
(porno para mujeres) lo que
resulta un insulto. ¿Por qué
como mujer tiene que gustarme
lo dulce?”. ¿Qué piensas?

E.L.: Es muy interesante, pero
creo que se equivocan
cuando piensan que cuando
digo “porno para mujeres”
quiero ver y hacer un porno
específico para mujeres, porque
no es de ninguna manera
la propuesta que estoy haciendo.
Es un título elegido
para provocar, para abrir debate
y empezar a hablar sobre
para quién es el porno de
verdad. Es como el fútbol.
Sabemos que es para todo el
mundo, pero sabemos que la
gran mayoría de los que participan
son hombres. En la
pornografía pasa un poco lo
mismo, se dice que es porno
para todo el mundo, pero en
verdad, la gran, gran mayoría
del porno está hecho por y
para hombres. Es curioso,
porque la misma crítica viene
de parte del feminismo, como
de los pornógrafos masculinos.
“Esto de decir porno para
mujeres es un paso atrás”,
pero yo no lo veo así, de ninguna
manera. Creo que hoy
en día hay muchos espacios
diferentes para el porno.

D.: Si se trata de normalizar y
naturalizar el porno, ¿por qué
todas las mujeres de tus películas
llevan el coño depilado?

E.L.: Esto es muy difícil.
Estoy de acuerdo contigo. Me
gustaría verlo de otras maneras.
Trabajo con actrices profesionales
que están haciendo
varios rodajes y les piden
ese código estético. Suena ridículo,
pero es verdad. Como
el pelo tarda tiempo en crecer,
se lo tendría que pedir
mínimo tres semanas antes y
tendrían problemas con otros
rodajes. La gran mayoría de
hombres también van depilados...
A mí, personalmente,
me gusta el pelo... Aunque,
hace poco vi escenas rodadas
con algunas de esas actrices
y habían cambiado el look.

D.: Los personajes de tus historias
responden a un imaginario
bastante burgués, un
mundo Ipod, Ikea, Mango…

E.L.: Intento mostrar a personas
cercanas a mí, cuya situación,
vida, trabajo, pensamientos
están alrededor. Sólo
estoy intentando dar mi visión
del porno, aunque creo
que mis películas llegan a
muchas personas. Lo importante
es entrar y dar nuestras
visiones diferentes del sexo.
Yo intento reflexionar sobre
cómo lo vivo. No soy una chica
de clase obrera.

D.: Has declarado que “llevas
bien el represivo sentido de la
culpa judeocristiana nórdica”,
¿puedes explicarlo más?

E.L.: Sólo hay que ver Fanny
y Alexander, de Ingmar Bergman.
Suecia es una sociedad
muy compleja. Mucha gente
piensa que es muy abierta, y
es un ejemplo de sociedad de
doble moral, donde sí se vive
la sexualidad a un lado, pero
todo está prohibido al otro lado.
El porno se está viendo como
algo muy feo. En España,
la gente me juzga menos que
allí, y esto es curioso… En los
‘70 era una sociedad muy liberal,
feminista, abierta, con
una sexualidad activa y en los
últimos años el feminismo se
ha vuelto un poco más burgués,
justamente, y conservador.
Aquellas mujeres tan
abiertas, divertidas y pro sexo
han tenido hijos y, de repente,
los valores han cambiado un
pelín.

D.: En tu blog contabas cómo
en el Berlin PornFilmFestival,
hablando de sexo, porno y feminismo
con otras directoras,
os unían las ganas de abrir
otros caminos, pero entre vosotras
había diferencias a la
hora de llamar a vuestro porno
“feminista”, cuando éste
se puede convertir en un producto,
más que banalice los
movimientos por la diversidad
sexual...

E.L.: Se puede hablar de un
porno feminista, sin duda. El
debate en Berlín giró sobre si
algunas prácticas sexuales se
pueden llamar feministas. El
porno está transmitiendo un
discurso cultural y político
que habla de sexualidades, de
lo femenino y de lo masculino,
que funciona para transmitir
y contar. Yo me fijo en el
uso de la pornografía porque
es una herramienta muy importante
en educación. Son
historias que cuentan cómo lo
hacemos, cómo funcionamos
en la cama. Y mucha gente
usa el cine porno como una
herramienta de educación.
Yo, por ejemplo, acabo de tener
una hija y quiero que
cuando sea una adolescente
se encuentre con una pornografía
donde vea mujeres activas
teniendo placer, y no mujeres
serviciales cuya función
es que los hombres tengan
placer. No podemos dejar el
porno en una esquina oscura,
seguir adelante y no hablar de
ello, porque nos afecta. Ha salido
en los medios de masas.
Antes no estaba allí, pero
nombres como Nacho Vidal,
Rocco Sifredi, Jenna Jameson,
Lucía Lapiedra son nombres
que leemos en las revistas
y vemos en la televisión.
No digo que ese porno deje de
hacerse, porque existe y hay
muchísimo, pero quiero rellenar
el espacio con otro tipo de
porno. Tenemos que tener
voz y estar representadas. Y si
no participamos, no hay
forma.

D.: ¿Te consideras parte del
movimiento postporno?

E.L.: No me llamaría postporno.
Están hablando a un
grupo muy underground,
muy específico, y me parece
fantástico que estén haciendo
eso. Pero no siento que
forme parte de ese colectivo.
Soy un poco más mainstream,
más heterosexual,
más burguesa, más Mango y
Miss Sixty, pero no quiero
sentir que tengo que poner
una excusa. Hay una confrontación
ahí. Creo que es
bueno, y veo que es muy positivo
que diferentes grupos
estén diversificando el porno
desde sus perspectivas.

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