EL REGATE
No hacen nada

Por más que amenacen, los jugadores y su
Asociación de Futbolistas Profesionales (AFP)
siempre van de farol. Y es que la ecuación es sencilla:
si no juegan el 2 de enero tardarán una semana
más en irse de vacaciones. Los futbolistas son esclavos
de la competición
, y nadie se atreve contra
la competición. Ni siquiera la Audiencia Nacional.

19/01/11 · 8:00
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Por más que amenacen, los jugadores y su
Asociación de Futbolistas Profesionales (AFP)
siempre van de farol. Y es que la ecuación es sencilla:
si no juegan el 2 de enero tardarán una semana
más en irse de vacaciones. Los futbolistas son esclavos
de la competición
, y nadie se atreve contra
la competición. Ni siquiera la Audiencia Nacional.

Todo se ha armado por una cosa chorra que,
además, se repite todos los años. Los jugadores no
quieren jugar el 2 de enero. Eso les obliga a pasar
fuera de casa las fechas señaladas, Nochevieja y
Año Nuevo. Puede que sea una estupidez, pero como
para ellos es importante, lo impusieron en el
convenio colectivo que la AFP firmó con la Liga de
Fútbol Profesional (LFP). Pero, donde hay interés
general no manda convenio
, así que la Audiencia
Nacional decidió inhibirse en la causa y dio carta
blanca a la LFP para obligar a los equipos a cumplir
el calendario de competición.

Para mayor gloria
de las televisiones que tienen los derechos de
fútbol, de las radios que viven de lo que ganan en
publicidad los domingos, de los periódicos que, etcétera.
Tabloides cadenas y emisoras que a estas
alturas de las fiestas ya no sabían qué programar.
No podrán comer las uvas con los suyos, pero
eso es lo de menos. Lo de más es que queda demostrado
que ni cuando se les ha acabado la vía
judicial los futbolistas se han animado a plantarse.

Un año más harán lo que les manden, aunque tengan
un convenio en el que pactaron lo contrario. Si
lo hubieran hecho, si hubiesen decidido convocar
una huelga salvaje
para que se respetase ese acuerdo,
en el estadio los aficionados hubieran clamado
contra esos mercenarios que se negaron a jugar.

Los mismos aficionados que, abnegados, compraron
sus entradas porque no se creían que la amenaza
de huelga fuera en serio. Porque la competición
no puede parar. El fútbol tiene que seguir ahí,
incluso a pesar de los futbolistas
y sus uvas.

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