FUERA DE LUGAR
“No es la lluvia, es el viento…”

Raúl Cortés (Sevilla, 1979) es dramaturgo y fundador
de la compañía andaluza Trasto Teatro. Ha publicado
La trilogía del desaliento (Llaüt & sensenom ed., 2010),
formada por Contadoras de garbanzos (estrenada en
2008), No amanece en Génova (estrenada en 2010) y No
es la lluvia, es el viento. Esta tercera obra todavía no se ha
estrenado, y a ella pertenece este fragmento.

16/02/11 · 8:00
Edición impresa

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¡Ay! ¡Ay! ¡Quién fuera tuerto!...
¡Ay, qué desgracia! Estos dolores van a acabar conmigo…
Vámonos de aquí. No puedo más. Esta humedad me ataca la joroba y me va a matar…

ROMA: ¿Irnos? Es fácil irse. Lo difícil es saber adónde.

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¡Ay, qué cruz! ¡Qué suerte tienen los tuertos y qué cruz llevo yo!

ROMA: Con esta lluvia ya es difícil divisar las grullas. No las distinguirías viendo sólo la mitad.

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¿Quién quiere verlo todo? Contra más cosas ve uno, más sufre. Suerte, sí. En cambio, ¿qué ventajas tiene un jorobado?...¡Ay, qué cruz! Al tuerto más tuerto yo le cambio mi joroba por su ojo seco…

ROMA: ¿Hay alguien ahí?

[¿Qué es un espejismo?
¿Error o poesía?]

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¿Dónde?

ROMA: ¿Hay alguien? ¿Quién se agita detrás de la penumbra?

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¡Por la sombra de Caín, labrador de tierras; ese es el tuerto que viene a hacer trato!

ROMA: ¿Eres tú? ¡Responde!

EL VIEJO DE LA JOROBA: Pregúntale si es cíclope…

ROMA: Tu ausencia me duele como un pecho cortado.
He atormentado mi ánimo con los gestos malnacidos de la distancia, tengo la boca cansada de gritar tu nombre y ya no puedo mantenerme en pie. Me desplomo como los árboles: talada por la desdicha.
Acude a mi llanto, porque se está haciendo tarde.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Si tiene un ojo precario viene a verme a mí…

ROMA: Ofréceme tus manos. Apresúrate. Y ponlas sobre mi frente. Con eso bastará. Florecerán orquídeas en mis cicatrices. Y los días recobrarán la confianza.
¿Quién llega ensanchando los caminos? ¿Eres tú? Hazte orilla al fin y yo saldré, bajo la lluvia, a recibirte. Aunque ya no tenga fuerzas y apenas pueda mantenerme en pie.

EL VIEJO DE LA JOROBA: No hay nadie…
Ya me extrañaba a mí. ¡Qué malo es un tuerto, con los picotazos que me da la joroba! Ya me extrañaba a mí. Ya me extrañaba.

[No hay nadie.
Y él espanta las moscas que revolotean.
No hay nadie.
Y a ella le ahoga la pena]

ROMA: ¿Qué sucede cuando no sucede nada?

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¿No sabes la respuesta?

ROMA: No. ¿Tú sí?

EL VIEJO DE LA JOROBA: Hazte sólo preguntas que sepas responder. Si no, tarde o temprano, te caerás por un agujero. ¿Te has caído alguna vez en uno?

ROMA: No. ¿Tú sí?

EL VIEJO DE LA JOROBA: Lo peor de los agujeros es lo oscuro que están.

ROMA: ¿Qué sucede cuando no sucede nada?

EL VIEJO DE LA JOROBA: La mala veta se arranca con vino peleón. Toma, bebe.

ROMA: Lloro hojas secas.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Vas a espantar a las grullas con tanta tristeza. Y cuanto más tarden esos pájaros, más tardaremos nosotros en salir de aquí. Bebe.

ROMA: Me llamo otoño y duele decir mi nombre.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Te llamas Roma y Dios quiera que trasponga pronto el día, a ver si se te borra de la cara esa pena tan fea.

ROMA: ¿Qué sucede cuando no sucede nada?

EL VIEJO DE LA JOROBA: ¡Tan malo es no rascarse como rascarse sin parar! ¿Se puede saber qué te pasa? Tanta desgana no es natural.

ROMA: Tan terca es la lluvia que me ahoga.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Llueve lo mismo para los dos y tu revoltura no es la mía.

ROMA: He oído pasos.

[¿Qué son dos espejismos?
Un precipicio]

ROMA: ¡He oído pasos!... ¿Hay alguien ahí? ¿Hay alguien? ¿Qué huella remota aja la piel de estas tierras? ¿Eres tú? ¡Responde! Tu ausencia me duele como un pecho cortado. He atormentado mi ánimo con los gestos…

EL VIEJO DE LA JOROBA: No hay nadie.

ROMA: Pero yo he oído pasos.

[La luz que alumbra la espera,
es una luz enferma]

EL VIEJO DE LA JOROBA: Estás cansada. Deberías dormir. Esta noche es tu turno.

ROMA: No, esta noche prefiero no acostarme. Primero se agitan las sombras, luego se oyen pasos… hay un rumor inquieto como un presagio. Duerme tú.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Anoche dormí yo y tú vigilabas. Acuéstate, hoy vigilo yo.

ROMA: ¿Y si pasan las grullas?

EL VIEJO DE LA JOROBA: Te avisaré, lo sabes. ¿Pero por qué esta noche habría de ser diferente? Sólo volarán las moscas sobre mi joroba, como siempre.

ROMA: Quizá lleves razón. Hace años que no pasan las grullas.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Hace años que no para de llover. Esos bichos no vuelan cuando hay temporal.

ROMA: En el cielo solo existen mis grullas de papel.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Esos papelitos te van a costar una enfermedad.

ROMA: Todos estamos enfermos.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Unos más que otros… Pero las cosas, tan seguidas, no acarrean nada bueno. Se te van a desgastar los ojos con tanto tejemaneje.

ROMA: Si consigo hacer mil grullas de papel se cumplirá mi deseo.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Cuentos… ¿Y esos colores?

ROMA: Les pinto dibujos en las alas para que puedan volar.

EL VIEJO DE LA JOROBA: Son de papel, no pueden volar.

ROMA: ¡Escucha! ¿No oyes como una queja?

[Tercer espejismo:
¿tanta imaginación se puede considerar demencia?]

EL VIEJO DE LA JOROBA: …Es la lluvia.

ROMA: No es la lluvia… es el viento de sus alas que se revuelve como un huracán. ¡Las grullas! ¡Se aproximan las grullas alborotando las estrellas! Tan adornada de signos estaba la noche… Era por eso. Las grullas han elegido esta noche. Aquel bulto, ¿lo ves? Aquella luz que tiembla. Ya no amagan las grullas, vuelan.
Aquella luz, ya no amagan las grullas...
Aquella luz, ¿la ves?...
Aquella luz…
…No vuelan.

[¿Qué tienes, Roma, qué tienes?
Tus desvelos evocan el paisaje
de un palacio de invierno saqueado]

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