CULTURAS
“No creo en la democracia amorosa”

El escritor Eloy Fernández Porta ha investigado sobre el amor en los tiempos que corren. El resultado es un ensayo en el que cabe todo acerca de la “superproducción de los afectos”.

03/12/10 · 8:00

inforelacionada

Cada época tiene su ars amandi,
que expone y desarrolla las
condiciones en que el amor se
dice, se forma, y su conducta se
“normaliza” como entidad. Podría
afirmarse que se aplica la
máxima del escritor François de
La Rochefoucauld: “Hay mucha
gente que jamás se habría enamorado
de no ser porque oyó
hablar de amor”.
La obra del escritor barcelonés
Eloy Fernández Porta, €®o$
(y no Eros), es un ensayo impulsivo
que reitera algo axiomático
en nuestra cultura: la primacía
de lo estético sobre lo ético; y lo
hace a través del análisis crítico
del capitalismo tardío y su implicación
en el terreno afectivo.
Una sugerente continuidad de
sus estudios sobre el “afterpop”,
ahora en el ámbito de lo íntimo.
€®o$ es un texto irónico, pues
utiliza el humor y la contemplación
“extradiegética”, a modo de
ficción futurista, para hacernos
ver nuestro mundo como un
pastiche insoportable; pero también
es un texto satírico y autodestructivo.
Fernández Porta
explica cómo €®o$ “nos obliga
a”, nos vuelve cyranos, generaliza
la perfidia, protocolizando
nuestros comportamientos afectivos,
convirtiendo el ámbito (digital
o físico) en un injusto locus
amoenus, concebido para consumir.
O tal vez para Amar 2.0.

¿Crees en un posible cambio de
paradigma en las relaciones
sentimentales hacia la permisión
de la poligamia (por ejemplo)?
A fin de cuentas, al capitalismo
le saldría rentable, ¿no?

No estaría mal, pero me temo
que los capitalistas, y en particular
los responsables de las inmobiliarias,
estarían en contra de la
poligamia, no tanto por razones
morales como económicas: si
tienes varias parejas, ¿cómo te
podrás permitir pagar una hipoteca,
que es el centro de la
economía de mercado? La monogamia
crea un modelo de
“consumidor de dos cabezas”,
estable y con proyección a largo
plazo, que resulta mucho más
rentable que los consumidores,
digamos, “heterodoxos”. Dicho
de otro modo: el matrimonio es
el centro de las industrias de la
vida personal, que venden productos
tales como las hipotecas,
los coches familiares o los productos
para niños, y que son
económicamente más relevantes
que las industrias de la vida
relacional, que se dirigen a un
consumidor soltero o a una pareja
no consolidada y que venden
productos menos costosos.

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AMAIA ARRAZOLA.

¿Qué continuidad hay con tus
anteriores ensayos Afterpop
(2007) y Homo Sampler
(2008)?

En los tres libros está presente el
tema de la producción de la subjetividad y las jerarquías del sentimiento,
aunque con inflexiones
y modulaciones distintas. En
Afterpop hay una sección sobre
la figura del friqui, en la cual describí
la economía sentimental de
los marginados sociales, pero no
como un tema de risas, sino como
una figura que pone en evidencia
el componente normativo
y reglamentado de la amistad.
Luego, en Homo Sampler
hice un intento más extenso de
explicar cómo algunos conceptos
que tradicionalmente pertenecían
al mundo de la estética,
como trash o kitsch, se han trasladado
a la esfera de las relaciones
personales, donde dan lugar
a una distinción entre amores
‘deluxe’ y amores basura, entre
amistades fotogénicas y amistades
de mal gusto. €®o$ culmina
todo este trabajo: aquí uso las referencias
al mundo de las artes
(música, literatura, cómics) para
explicar modos, modalidades y
actitudes de la vida sentimental.

¿Qué piensas de las grandes bases
de datos que funcionan mediante
la información privada
captada en las redes sociales
como Facebook o Twitter, cuyo
objetivo es crear perfiles genéricos para las empresas o modelos
de consumo y comportamiento?
¿En eso consiste “democratizar”?

Pues sí, también en ese aspecto
se comprueba que la así llamada
“democratización” puede funcionar
como una forma de totalitarismo
o, como en ese caso, de
vigilantismo. Por eso soy muy
escéptico con la tradición académica
que ensalza el “amor democrático”,
bien sea como “confluencia
correcta de las pasiones”
(Giddens) o como “romanticismo
para todos los públicos”
(Beck). Más bien creo, con Joe
Crepúsculo, que “es difícil amar
en tiempos de democracia”.

¿Cómo crees que las redes sociales
influirán en la búsqueda
de reconocimiento individual y
grupal?

En internet 2.0, que es la autopista
del capitalismo emocional,
el consumidor como
amante encuentra páginas web
que le permiten realizar distintos
actos de consumo sentimental.
Así, puede adoptar una
actitud respetable (la búsqueda
de pareja estable en Meetic)
o heterodoxa (el adulterio tutelado
en Ashley Madison); puede
buscar a una persona a
quien sólo vio en una ocasión
(en Craigslist) o tener la fantasía
de una orgía (en
PartyHardcore). Algunas de
estas actitudes forman parte
del mainstream sentimental;
otras son subculturas afectivas,
minoritarias, presentadas o experimentadas
como “nuevas
corrientes”. Este último sector
de internet “puede llevar más
lejos” a algunas personas en la
medida en que genera una comunidad
particular, distinta de
la mainstream, y hace posible
que el amante obtenga un “reconocimiento
específico”, un
reconocimiento de su deseo
particular, bien distinto del “reconocimiento
público genérico”
que defienden pensadores
como Axel Honneth. Las subculturas
afectivas no son populares,
como tampoco lo es la sección de contactos del Clima,
porque cuando las personas
“normales” ven que quienes
tienen un deseo diferente se organizan
para llevarlo a cabo,
suelen ponerse nerviosas.

¿Es una visión pesimista la de
vincular el capitalismo de la era
digital con la sustancia de nuestras
relaciones afectivas?

Suena pesimista porque se nos
ha enseñado a pensar en términos
románticos, esto es, a
creer en una “sustancia del
afecto” personal, íntima, eterna
y transhistórica. Pero esa visión
se vuelve optimista si se
considera que, desde el punto
de vista de la teoría de género
y de la teoría queer, esa idea de
“sustancia” ha sido tradicionalmente
utilizada para diferenciar
los amores correctos de los
incorrectos, los comportamientos
aceptables de los pérfidos,
la sentimentalidad “eterna” de
las modas. Y sí, yo creo que el
paradigma de las relaciones
personales se construye, en cada
momento histórico, como
una moda con sus discursos,
sus códigos y sus referentes.
Creo que es políticamente necesario
abordarlo de ese modo,
y que es moralmente nocivo remitirse
a unos supuestos “universales
eternos del sentimiento”
que, a lo largo de la
Historia, han servido para jerarquizar
las subjetividades y
modelarlas al gusto de quienes
controlaban esos discursos.

¿Por qué no has hablado de la
tradición religiosa en €®O$?

El amor religioso no es el tema
principal de €®O$, como tampoco
es un motivo destacado
en el área de conocimiento a la
que pertenece este texto, que
es la sociología de las relaciones
personales. Dicho esto, sí
se encuentran, a lo largo del libro,
varias referencias a los espectros
de la mística en el mercado.
De hecho, escribí, y acabé
descartando, un capítulo entero
sobre pop religioso titulado
God is in (remote) control,
donde hablaba del sustrato
cristiano en las películas estilo
Vidas cruzadas y en la música
de R.E.M., y que quizá publique
en otra ocasión. En €®O$
esas referencias aparecen
cuando hablo de la “creencia”,
en el sentido de “creer, contra
toda evidencia y en un mundo
materialista, en la autenticidad
del sentimiento”, cosa que hacemos
todos, aun cuando nos
ponemos cínicos. También
aparece cuando comento las
referencias a la mística en la
música de Los Planetas, que
son abundantes y están relacionadas
con esa necesidad de salir
de los condicionamientos
socioeconómicos para trasladarse
a un espacio de desinterés
puro. El mito del desinterés
en un mundo interesado es un
leitmotiv de €®O$, y ese mito
ha sido elaborado en la religión,
entre otros ámbitos.

¿Crees que los artistas tienen
un papel más importante que
los estudiosos en una futura reconversión
del ámbito afectivo
hacia modelos más sinceros,
originales o éticos?

Habría que decir que sí, en la
medida en que el trabajo de los
artistas suele tener más difusión
que el de los estudiosos.
Pero –y este es un punto que he
abordado, de varias maneras,
en mis tres ensayos– ¿y si consideramos
que el artista contemporáneo
lleva dentro de sí
a un teórico? ¿Acaso la teoría
no es una parte sustancial de la
práctica creativa? Eso se comprueba
en el caso de los cómics
de Julia Weltz, que hizo una serie
sobre las llamadas ‘missed
connections’, las personas que
buscan a alguien a quien sólo
vieron una vez. El trabajo de
Welz es autobiográfico y artístico,
pero también es sociológico
y coolhunter: no se limita a
contar una experiencia íntima,
sino que identifica una cultura
afectiva, describe su repertorio
y sus situaciones codificadas,
llama a 40 dibujantes para que
cada cual haga su cómic sobre
el tema, organiza los cómics en
categorías... Sí, una de las funciones
principales del artista
en el capitalismo emocional es
identificar, describir y analizar
una subcultura afectiva, como
ha hecho Lorrie Moore con la
autoayuda, Daniel Link con los
foros gays, etc.

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    07/12/2010 - 10:34pm
    Si el amor y otros nobles sentimientos fueran dictados por algunas personas "neoliberales" entonces cómo es posible que desde los tiempos antiguos existe ese sentimiento más allá del consumo y lo establecido actualmente? Q explicación habría para q el hombre primitivo..sepultara a los difuntos y salvará a quien era arrastrado por los rios? yo pregunto! :)
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