APAGA Y VÁMONOS', DOCUMENTAL SOBRE LA ACTUACIÓN DE ENDESA EN CHILE
“Nadie juzga a las multinacionales”

No estará en el festival Documenta Madrid, porque no fue seleccionada por la organización
para la muestra de cine documental que se celebra en la capital. El caso es que ‘Apaga y
vámonos’, la película dirigida por Manel Mayol, y producida por la productora independiente
Andoliado, está siendo una de las películas más apreciadas del cine documental español,
tras su paso por más de 50 festivales de todo el mundo.

30/05/06 · 16:59
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DENUNCIA SOCIAL Y POLÍTICA. Manel Mayol, director del documental. / Antonio Heredia

Elementos controvertidos
no le faltan:
acoso y derribo de
una población indígena
(el pueblo pehuenchemapuche
de Chile) por parte
de una multinacional (Endesa),
negativa de ésta a ofrecer
explicaciones, violaciones de
derechos humanos (denunciadas
por el Relator Especial
de la ONU, Rodolfo Stavevenhagen),
presiones a las
fuentes entrevistadas y al propio
equipo de producción,
desinterés de las distribuidoras,
silencio en medios de comunicación
patrocinados por
la compañía eléctrica... Incluso,
el documental no se ahorra
críticas al que fuera presidente
de Endesa, Rodolfo
Martín Villa, de quien proyecta
unas imágenes que aluden
a su pasado franquista, y del
que se recuerda su papel como
mediador en el proceso judicial
contra Pinochet.

Todo comienza en 1997
cuando la filial chilena de Endesa,
la mayor compañía hidroeléctrica
en España y América
Latina, decide construir
una presa en el río Bíobío, la
mayor reserva fluvial de Chile:
la central hidroeléctrica Ralco.
Sin tener en cuenta el impacto
medioambiental y humano de
ese proyecto, la compañía decidió
llevar adelante su obra,
ante la que se encontró con
una población indígena fuertemente
asentada que no estaba
dispuesta a ceder la tierra
de sus ancestros.
La paradoja histórica de este
enfrentamiento de David
frente a Goliat reside en que
el Biobío fue desde hace siglos
la frontera natural que no pudieron
traspasar los colonizadores
españoles, gracias precisamente
a la resistencia de
sus habitantes naturales. Alihuen
Antilao, dirigente mapuche,
sitúa esa lucha histórica
en el contexto actual: “Hoy
día, nuestros adversarios son
las grandes empresas multinacionales,
cuyo modelo
económico está depredando
nuestros recursos naturales”.
Antilao está convencido de
que “la opulencia europea
está financiada por la miseria
de nuestro pueblo”.

Falsas promesas

Como se ha visto en otras
producciones documentales
que abordan las consecuencias
de la globalización y la
privatización de los recursos
naturales, la responsabilidad
social corporativa deja de ser
una frase rimbombante que
se inserta en las memorias de
las compañías para transformarse
en una ausencia de
respeto a las personas perjudicadas
por sus acciones.

El abogado Roberto Celedón
explica en la película cómo,
a partir de 1997, la región
del Biobío sufrió “una invasión
absoluta con la construcción
de Ralco”. Es entonces
cuando el Alto del Biobío se
convierte “en territorio ocupado
por Endesa, una realidad
en la que no está presente
el Estado chileno”.
“Endesa”, afirma Celedón,
“vio que tenía que obtener el
consentimiento de cada una
de las familias afectadas, mediante
el sistema de permuta
de tierras”. Pero las permutas
trajeron consigo la persecución
de los renuentes, y muchas
familias fueron engañadas
con la promesa de que
tendrían luz gratis y alojamiento
digno. La realidad,
que describe Apaga y vámonos,
es que muchos de los indígenas
exiliados de las tierras
de sus ancestros se encontraron
con que estuvieron
largo tiempo alumbrándose
con velas en sus nuevos asentamientos
precarios, y ahora
tienen que abonar el suministro
de electricidad.

Según denuncia Manel Mayol,
“la represión policial ha
sido una constante en las protestas
de los afectados, y se ha
aplicado una legislación antiterrorista,
promulgada durante
la dictadura de Augusto
Pinochet, para juzgar por delitos
de terrorismo a personas
que no han sido detenidas jamás
con un arma en la mano”.

El surrealismo llega a tales extremos
que en los juicios a los
que se está sometiendo a los
indios indóciles se permite
deducir testimonio de personas
encapuchadas en una
sala contigua a la del juicio
oral, provocando indefensión
en los inculpados.
Frente a esa indefensión, está
la impunidad de las corporaciones.
“Nadie juzga a las
multinacionales”, asegura Mayol.
“Nunca creo que vayan a
ser juzgadas por genocidio.
Además, tienen planes de hacer
cuatro presas más en la
Patagonia” que implican inundar
zonas sensibles. El realizador
catalán cita al ministro de Industria, José Montilla,
quien dijo el año pasado que
“los beneficios de algunas empresas”
le parecían “impúdicos”.
“Pues a mí me parecen
escandalosos”, añade Mayol.

“¿Qué les costaba cuidar a los
indígenas?. Llevan tres años
viviendo con velas, y ahora se
ven obligados a vender animales
para pagar la factura de
la luz”. Como telón de fondo,
está también el acceso a los
recursos naturales que han sido
privatizados (en España,
bajo la presidencia de José
María Aznar), ya que en
Chile, apunta el director del
documental, “el 67% del agua
está controlada por Endesa”.
Contar esta historia no ha
sido nada fácil. “Pedro Cayuquero,
director del periódico
mapuche Azkintuwe, fue detenido
durante tres días a
punta de pistola mientras rodábamos
la película”, recuerda
Mayol. “Imagina que aquí
desapareciera un director de
periódico durante tres días”.
El director de Apaga y vámonos
trae a colación una frase
del abogado Celedón que no
salió en el documental. “Cree
que la sociedad chilena debería
ser muy consciente de la
represión política de la era
Pinochet para no repetirla con
el pueblo mapuche”.
En el proceso judicial contra
los indígenas que se han
opuesto a la central de Ralco,
“ni siquiera los abogados de
tu defensa conocen quién te
acusa”, dice Mayol. “Esto ha
pasado durante la legislatura
de Ricardo Lagos, un presidente
socialista. Si esto es el
Estado de Derecho, apaga y
vámonos”. La represión está
teniendo también sus efectos
en la salud y la dignidad
de los afectados. “Ahora mismo,
hay tres presos políticos
mapuches que llevan más de
40 días en huelga de hambre”,
indica Mayol.

¿Posibilidad de cambio?
¿Hasta dónde llegan las posibilidades
de revertir esta situación?
Mayol duda de que
la central de Ralco tenga vuelta
atrás, pero, en lo que respecta
a los detenidos por terrorismo,
sí cree que la nueva
presidenta de Chile, Michelle
Bachelet, “podría cambiar esta
situación”, porque la ley
que se les está aplicando viene
de una dictadura”.

El fuerte carácter de denuncia
de la película (apagayvamonos.
net) llama a la sensibilización
del espectador y a la
movilización, a pesar de que,
según se lamenta Mayol, “los
documentales no sirven para
nada en el sentido de que no
arreglan los problemas que
explican”. Y pone como ejemplo
A decent factory, de
Thomas Balmès, sobre las
condiciones en las que se fabrican
los componentes de los
teléfonos móviles de Nokia.

“Luego se apagan las luces del
cine y todo el mundo sale corriendo
a encender su móvil
Nokia”. Pero no todo está perdido.
Mayol se congratula de
que en Argentina “hayan
echado a Suez / Agbar por la
mala gestión de las aguas de
Buenos Aires”. En Chile, “deberían
echar a Endesa”.


UN GOBIERNO
INCONSECUENTE


MELANIE JÖSCH

Juan Guzmán Tapia, el juez chileno
que en dos ocasiones
logró que la Corte Suprema de
su país aprobara el desafuero
parlamentario del ex dictador
Augusto Pinochet, aunque no
pudo someterlo a proceso, fue
invitado a Barcelona en noviembre
pasado para recibir el premio
Joan Alsina. En aquella
ocasión ofreció su valoración
sobre el documental catalán
Apaga y vámonos, tras asistir a
una proyección privada.

Sobre la gestión de Endesa,
Guzmán dijo que, “lamentablemente,
lo que prevalece en
Chile es el dinero. Ni siquiera
la palabra empeñada. Por
ejemplo, el gobierno chileno
prometió a su pueblo que iba
a haber justicia en relación
con la situación de Pinochet,
que no quedarían impunes las
violaciones de los derechos
humanos; y este gobierno [de
Ricardo Lagos] es el que más
ha presionado, tanto a mí
como a otros jueces, para que
no haya justicia. La inconsecuencia
ha sido su emblema”.
El juez también criticó con dureza
a los llamados ‘testigos sin
rostro’, encapuchados a los que
no se les ve la faz y que sin
embargo atestiguaron en el juicio
en contra de los dirigentes
indígenas que se opusieron a
los planes de la construcción de
la hidroeléctrica. Un hecho que,
como denuncia Juan Guzmán,
va totalmente en contra de las
normas del debido proceso.
En última instancia, Guzmán
opinó que “debería crearse un
Ministerio de Asuntos Indígenas
y debería haber un compromiso
estatal para restituirles a ellos
lo que se les ha quitado”.

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