Mumford contra el apogeo de la máquina

Una nueva edición de ‘El mito de la máquina’ devuelve a las estanterías
la obra de Lewis Mumford, quien detectó los peligros del progreso.

19/07/11 · 8:00

En un esfuerzo digno de encomio,
la editorial Pepitas de
Calabaza ha editado el conjunto
de dos partes que solemos nombrar
como El mito de la máquina,
y que agrupa dos volúmenes,
El mito de la máquina (Técnica y
evolución humana) y El Pentágono
del Poder,
de Lewis
Mumford. Muchos lectores nos
preguntarán: ¿quién es este
Lewis Mumford?
Lo cierto es que
presentar a un autor como él no
es tarea sencilla. La vida de
Mumford (1895-1990) cubre el
siglo XX, y sus libros nos iluminan
acerca de las transformaciones
acaecidas en dicho siglo, aún
el nuestro en tantos aspectos.

Si
sus obras desaparecieran súbitamente
de nuestras bibliotecas se
nos privaría de utensilios muy
valiosos
para poder comprender
las verdaderas causas del desastre
que hoy amenaza a Occidente
y, en general, al planeta. Pero lo
curioso es que en países como
España, las obras de Mumford,
por una injustificable pero a la
vez comprensible desidia de las
grandes casas editoras, apenas
habían llegado a aparecer en
nuestras bibliotecas. Nos apañábamos
con viejas ediciones originales,
traducciones inencontrables
hechas en Argentina, fotocopias,
etc. ¿Cómo era posible
que, sin ir más lejos, la obra que
aquí nos ocupa y que es, sin duda,
el testamento intelectual de
Mumford, El mito de la máquina,
no estuviera presente en algún
catálogo en castellano? Es
verdad que contábamos con
Técnica y Civilización (1934),
obra esencial, pero que sólo representa
una parte de la contribución
de Mumford.

En fin, y como sugeríamos antes,
no podía sorprendernos tanto
que las editoriales comerciales
e incluso universitarias se
desentendieran de Mumford. Él
fue uno de los pocos autores visionarios
que no se arrodillaron
delante de las divinidades del
Progreso,
a las que el siglo XX
rindió culto. Y esto nunca se lo
perdonaron del todo. Aunque en
su país natal, EE UU, fue un autor
que alcanzó prestigio y reconocimiento,
podemos afirmar
que las principales obras de
Mumford fueron arrastradas por
el vendaval del olvido que siguió al trágico final de la contracultura,
los años de la Guerra fría, la
carrera nuclear y el bluff espacial,
el fin de la pesadilla de
Vietnam, etc. No es casual que
los dos volúmenes de El mito de
la máquina
aparecieran entre
los años 1966 y 1970, unos años
plagados de acontecimientos y
de convulsiones, quedando como
una de las pocas obras que,
leídas en la distancia y en el
tiempo, destacan lúcidamente
entre tanta confusión y algarabía.

Hay que señalar que, a partir
de aquella época, los primeros
‘70, se dejaron de traducir y
editar los libros de Mumford en
castellano ¿acaso se sobreentendía
que en un país como España,
tan lanzado a la carrera desbocada
de la modernización
postfranquista, la obra de
Mumford no sería más que la
manifestación extemporánea
de un espíritu sombrío? Pero tal
vez exageramos y haya que pensar
más bien que el desinterés
por sus libros se debía al renuevo
constante de las modas, más
dañino aún que cualquier estrategia
cultural planificada.

Y, sin embargo, la obra de
Mumford, aunque de lectura
exigente y pausada, no deja de
ser un arsenal de sugerencias
y pistas para todos los que hoy
quieran orientarse críticamente.

Ahora bien, los que vayan
con prisas, los que busquen
atajos y recetas fáciles, los que
piensen que el análisis de la
historia y la realidad no merecen
más que quince minutos de lectura rápida mientras se
espera el autobús o el metro,
no encontrarán gusto en la lectura
de El mito de la máquina.
Estamos ante obras que exigen
del lector paciencia y atención.
En ese sentido son subversivos,
porque oponen al
fast food intelectual de la época
una demanda de seriedad,
rigor y gusto por la reflexión y
el conocimiento. Algo realmente
inadmisible en la época
de twitter y del tren de alta
velocidad. En esta sociedad
que supuestamente nos hace
ganar tiempo por todas partes,
con sus increíbles tecnologías
de la información y sus transportes
cada vez más rápidos,
Mumford nos recuerda que todos
los avances técnicos tienen
un precio
y que la sustancia
humana, al adaptarse a
transformaciones vertiginosas
que se le imponen, se disgrega
en el aniquilamiento. Esta es
la primera lección de una ecología
humana para principiantes.

Sin declararlo explícitamente,
los primeros escritos de
Mumford apuntaban ya a una
crítica consecuente del
Estado, de la megalópolis, de
la división del trabajo,
de la
tecnología invasora, de la tiranía
de las élites y de la banalidad
de los entretenimientos de
masas. ¿Sería exagerado decir
que sin pasar por estas consideraciones,
tan presentes en
toda la obra de Mumford, no
tiene sentido alguno hablar de
“democracia real”?

A lo largo de su vida, Mumford
trató de muchas cuestiones
(literatura, urbanismo, arte,
antropología, historia) pero
siempre con una perspectiva
crítica y original. No es la obra
de un erudito sedentario, sino
de una mente inquieta que
acierta a señalar las cuestiones
realmente importantes.
Y la enseñanza fundamental
de Mumford es que a pesar del
diagnóstico terrible que ofrece
la sociedad capitalista industrial,
nunca hay que dejarse
arrastrar por un fatalismo estéril.

Uno de los versos de
Tennyson que siempre le gustaba
citar: “Vamos amigos
míos / Nunca es demasiado tarde
para buscar un mundo nuevo”

podría servir de lema para
los revolucionarios de todas las
épocas, a condición de que
partan de realidades y no de
ilusiones ideológicas.
De hecho, El mito de la máquina
resume y agrupa el trabajo
intelectual de toda su vida.
Contiene, en primer lugar, una
antropología que celebra los orígenes
simbólicos, rituales, festivos
de la humanidad y, en segundo
lugar, una filosofía que
analiza los caminos erróneos
que nos han conducido al enclaustramiento
técnico, al holocausto
del poder y la megamáquina
colectiva. Para Mumford
no se trataría de regresar a unos
improbables orígenes, pero sí
de volver a partir de lo más genuino
y fecundo que anida en
nuestra historia y nuestra prehistoria
para reconstruir un
mundo más equilibrado, más
igualitario, en armonía con la
naturaleza, un mundo que rechace
el legado paranoico de
los poderosos
y que abrace la
vida en su sentido trágico y
esplendoroso.

Lewis Mumford y el movimiento 15M

Una prueba de que la obra de Mumford es de plena
actualidad la tenemos en los
límites del movimiento de protesta
que ha recorrido el país
recientemente. La obra sociológica
e histórica de Mumford
nos enseña que el espacio urbano
es sobre todo una creación
del poder y que la desmesura

y la brutalidad de nuestras ciudades modernas
impiden hoy la participación mínima de sus
habitantes en el control de sus destinos. Algo que
Mumford ya había advertido desde hacía un siglo,
cuando volviendo la mirada a la historia de su país
observó que las comunidades dotadas aún de una
cierta autonomía pertenecían al pasado, a la
América preindustrial, donde la escala de las relaciones
tenía aún una dimensión humana.

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Mumford (Ilustración: Carlos Velasco)
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