LITERATURA
Montserrat Roig escribía siempre

La editorial A Contravent recupera el primer periodismo de la escritora catalana Montserrat Roig coincidiendo con los 20 años de su muerte.

- Roig en plural, un aliciente para leerla

02/12/11 · 8:00
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Montserrat Roig. Ilustración de Pincho

El catalanismo, la izquierda y el
feminismo. Y podríamos añadir,
también, la lucha incansable
contra el olvido y la desmemoria.
Estos son los ejes que motivaron
la trayectoria de la escritora
y periodista catalana
Montserrat Roig (Barcelona,
1946-1991). El 10 de noviembre
se cumplieron 20 años de la
muerte de una autora conocida
fundamentalmente por su prolífica
vertiente literaria, truncada
por una muerte prematura, pero
de la que también es destacable
una fértil trayectoria periodística
de elevado compromiso político
que, demasiado a menudo,
ha quedado relegado a un segundo
plano.

Coincidiendo con el vigésimo
aniversario, las redes sociales
han reivindicado estos días su
legado, vigencia y pasión. El
Grup de Periodistes Ramon
Barnils impulsó una iniciativa
en Twitter donde se recuperaron
algunos de sus textos más
icónicos, convertidos en mensajes
de 140 caracteres bajo el
hilo #MontserratRoig, que inundaron
el ciberespacio. Ese
mismo día, escritora y periodista
fueron recordadas con
más de 200 entradas en la blogosfera
catalana. El músculo
colectivo de la memoria volvió
a contrastar, empero, con la tibieza
y falta de eco que ha tenido
la conmemoración en la
cultura oficial e institucional.

En noviembre se
cumplieron 20 años
de la muerte de Roig,
conocida sobre todo
por sus novelas

Montserrat Roig sigue siendo
recordada como la autora
de grandes novelas como
Molta roba i poc sabó... i tan
neta que la volen!
(1970) o El
temps de les cireres
(1977).
Esta faceta literaria es inseparable
de sus trabajos de investigación
periodística, de sus columnas
en la prensa diaria –como
la del diario Avui, que mantuvo
hasta el día anterior a su
muerte– o en su etapa televisiva
en el programa Personatges,
del circuito catalán de TVE
donde sufrió la censura tardofranquista
de UCD. Montserrat Roig reproduce, una vez más y
como suele ocurrir con los
grandes nombres de la cultura
catalana, el sesgo que se impone
a su imagen y recuerdo: mucho
más edulcorada de lo que
realmente fue.

En esa línea de reivindicar
una Montserrat Roig que nunca
dejó de ser una periodista
comprometida con su tiempo,
la editorial A Contravent acaba
de recuperar sus primeros
artículos en prensa de la etapa
1975-1981. La recopilación,
que lleva por título Diari
d’uns anys
(Diario de unos
años
), muestra sin ambages
una autora culturalmente inquieta
y periodísticamente incisiva.
Quim Torra, editor de
A Contravent, razona en el
prólogo del libro que la generación
de “hijos forzados del
Franquismo” –expresión tomada
del título de un artículo
incluido en la recopilación– “me
interesaban especialmente
Ramón Barnils y Montserrat
Roig, por su literatura, por su
compromiso y porque de alguna
manera eran dos periodistas
que tuvieron siempre
muy clara la tradición en la
que se enmarcaba su trabajo.
Probablemente, fueron los dos primeros en volver la vista atrás
e intentar reconectar y vincularse
con la tradición republicana,
salvajemente destrozada".

Roig colaboró activamente
con cabeceras como Mundo
Diario
, Tele/Exprés, Avui o Guía
del Ocio
, además de publicar regularmente
en Treball, el órgano
de propaganda del PSUC
–partido en el que militó en varios
períodos– donde escribía
bajo el seudónimo de Capità
Nemo. Abordaba holísticamente
la cultura: música, cine, literatura...
Sobre cultura en su
sentido más amplio y también,
claro está, sobre las cuestiones
políticas más candentes. En un
período dónde el periodismo,
sobre todo el que analizaba
cuestiones laborales y sociopolíticas,
era un coto vedado y exclusivo
para hombres –¿no lo sigue
siendo hoy, en gran medida?–,
Roig destaca por encima
de muchos de sus coetáneos
masculinos con artículos contundentes,
documentados y
atrevidamente valientes.

“La lucha por la
liberación no culmina
con la desaparición del
amo, sino con su muerte
moral”, escribió Roig

Cronista de un tiempo y un
país, en la recopilación editada
por A Contravent podemos
encontrar apuntes sobre recitales
como el ofrecido por
Raimon en el Palau d’Esports
de Barcelona el 30 de octubre
de 1975, pocos días antes de
la muerte de Franco. Se puede
leer –“La Trinca también
es Cataluña”- una encendida
defensa de La Trinca como
expresión de la cultura popular
catalana frente a la elitización
promovida por la gauche
divine
. Y siempre reflexiones
sobre la Guerra Civil – “Los
cuervos de la memoria”– o inquietantes
crónicas sobre la
situación política del momento,
como en “Marc Palmés”,
una denuncia abierta de las
amenazas de la extrema derecha
contra el histórico abogado
laboralista catalán.

Catalanes en los campos nazis

En cuanto al periodismo, no
cabe duda que la obra más impactante
de Montserrat Roig
es Els catalans als camps nazis,
un documento pionero y
un ejercicio de investigación
mayúsculo que puso sobre la
mesa una materia reservada.
En el tiempo en que fue escrito,
era un auténtico tema tabú:
la experiencia de los prisioneros
republicanos de los
Països Catalans en los campos
de concentración nazis durante
la Segunda Guerra
Mundial. La obra recoge los
testimonios vivos a los que
Roig pudo acceder y los ordena
en un texto que es un alegato
benjaminiano en favor de
la memoria histórica. Impulsado
por el historiador Josep
Benet y redactado entre 1973
y 1976, Els catalans als camps
nazis
es un documentadísimo
texto que, abiertamente, no
pretende ser objetivo en su
pretensión: está escrito desde
el punto de vista de las víctimas.
Haciendo añicos un largo
silencio, impuesto no sólo
por la dictadura franquista, la
obra –reeditada en numerosas
ocasiones– es un libro que documenta
el horror del nazismo
y que se alza contra el posterior
olvido, todavía hoy demasiado
espeso.

Escribía sobre cultura
en su sentido más
amplio y también, claro
está, sobre las cuestiones
políticas más candentes

Consciente de que la memoria
es el antídoto que permite
descodificar las derivas del
presente y explorar otros futuros,
Roig escribió que “los
deportados me habían parecido,
sobre todo, unos hombres
que no aceptaban la hipocresía
de las palabras, que habían
llegado al fondo del pozo
de la comedia humana”. Era
1977 y añadía a los supervivientes:
“podría haberles dicho
que los deportados murieron
por un mundo mejor. Pero
hoy a la vista de una América
Latina torturada, vistos los
campamentos palestinos arrasados
en el Líbano, visto como
‘el vientre inmundo de la
fiera, por decirlo en términos
brechtianos, todavía respira,
no puedo pensar en ese ‘mundo
mejor’ que ellos querían”.
Para concluir: “no hay duda
que todos los que murieron en
la deportación nazi, y los que
la han sobrevivido con dignidad,
son hombres y mujeres
mejores. Ante la barbarie nazi,
organizada para degradar
la condición humana, la lucha
de los deportados para resistir
y mantenerse fieles a sus
ideales es, para nosotros, nacidos
bajo el Franquismo, extraordinariamente
fecunda y
esperanzadora”. Para nosotros,
nacidos bajo la democracia
de la amnesia, también.
Gracias a la misma Montserrat
Roig que certificara que
“la cultura es la opción más
revolucionaria a largo plazo”
y que “la lucha por la liberación
no culmina con la desaparición
del amo, sino con su
muerte moral”.

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Montserrat Roig. Ilustración de Pincho
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