NANNI BALESTRINI, TROVADOR DE LA HISTORIA OBRERA ITALIANA DE LOS '70
“En mis novelas el personaje es una voz que cuenta una historia colectiva”

De los ‘años de plomo’ italianos sólo se recuerda la tragedia y el dolor. Pocas voces han sido capaces de rasgar ese velo para recordar dos décadas de conflicto social, creatividad, alegría y libertad. Una de ellas es la de Nanni Balestrini (Milán, 1935), perteneciente a la generación de militantes que fue protagonista de esa época. Poeta, novelista, guionista, dramaturgo, ensayista, agitador y artista
plástico, dos de sus relatos y un recopilatorio de poesía acaban de ser publicados en castellano.

01/02/07 · 0:00
Edición impresa


DIAGONAL: Has formado
parte de grupos de vanguardias
poéticas y políticas.
¿Qué te aportaron ambas experiencias?

NANNI BALESTRINI: El
Grupo ‘63 reunió a jóvenes
escritores pertenecientes a
una generación que tenía la
necesidad de dar un nuevo
rumbo a la literatura italiana,
que se había vuelto asfixiante
tras el fascismo y la
postguerra. Poder Obrero y,
más en general, el movimiento
que empezó en el ‘68,
fue el intento de transformar
una sociedad bloqueada por
viejos esquemas. Dos experiencias
que han dejado una
huella duradera en nuestro
país, y que, habiéndolas vivido,
forman parte de mi biografía
intelectual, y han influido
notablemente en mi
trabajo literario y artístico,
tanto en el plano teórico como
en el formal.

Sin embargo, entre vanguardia
política y cultural,
no creo que existan relaciones
determinadas y directas,
sino que se filtran a través de
las personalidades individuales
y pueden configurarse
de formas muy distintas.
Una de las razones centrales
del Grupo ‘63 ha sido el rechazo
de la implicación del
intelectual, sometida directamente
a una ideología política,
que producía resultados
desastrosos. Pienso que
cada artista se implica en lo
que crea, las modalidades
son diferentes, pero lo que
importa es la calidad del resultado
artístico mediante el
que una obra llega a ofrecer
una nueva óptica sobre la realidad,
una nueva visión del
mundo, y en ese sentido es
revolucionaria.

D.: Vanguardia y experimentación
son las dos características
del Grupo ‘63. Ambas son
provocaciones.

N.B.: Desde siempre las artes
y la literatura dan una
imagen de su propio tiempo
que resulta provocadora para
la sociedad, porque anticipa
y pone en crisis la imagen
común. El trabajo del
artista es dar forma a una
nueva óptica sobre la realidad
en transformación.

No obstante, la utilidad social
y política de una obra puede
ser importante para un artista
o un escritor, pero no es
lo que determina su calidad,
que reside únicamente en la
realización formal. La obra de
arte ofrece emociones estéticas,
no propaganda ideológica,
que tiene a su disposición
otros instrumentos.

D.: Eres un gran innovador,
por ejemplo, en las formas.
Tus novelas desconciertan,
entre otras cosas, por los juegos
con la puntuación.

N.B.: En mis novelas el personaje
colectivo es una voz
que cuenta una historia colectiva,
por lo que la elección
del lenguaje oral ha sido una
necesidad. Para reproducir
en la página -en la escritura-
el sentido de la oralidad he
utilizado un procedimiento
que confía en la respiración
en vez de en la puntuación,
que normalmente organiza
la sintaxis de la escritura, el
flujo del lenguaje.

La oralidad no sigue la
sintaxis de la escritura, tiende
a rebelarse contra ella
cuando quiere expresarse
en su más alto grado a través
de la fisicidad de las palabras.
Y rebelarse frente a
las reglas tradicionales que
aprisionan las palabras podría
remitir a rebelarse contra
las reglas que aprisionan
a los individuos, contra las
que rebelarse es justo.

Contrariamente a lo que
se podría pensar, mis textos
en general no han tenido dificultades
para ser aceptados
por el así llamado gran
público. He tenido más ‘desconciertos’
con algunos académicos
reaccionarios que
han protestado por la violación
de las reglas del ‘buen’
escribir. Las rupturas formales
son etapas siempre necesarias
para la evolución de la
literatura, y surgen de las situaciones
reales que tienen
que interpretar.

Son las transformaciones
sociales las que tienen un papel
determinante en la evolución
del lenguaje. Sin embargo,
no consideraría los dos
hechos como separados, uno
incluye, es inseparable del
otro, porque las palabras son
cosas y acciones, y viceversa.

D.: Una de las características
de tu narrativa es un personaje
central como representante
de toda una generación.

N.B.: A diferencia de la novela
tradicional, decimonónica,
que contaba la historia
de un individuo definido psicológicamente,
que para defenderse
o afirmarse se enfrenta
individualmente con
la sociedad, mis protagonistas
son personajes colectivos
que representan un estrato
(clase) social, con comportamientos,
ideas y recorridos
parecidos. Y que participan
en un enfrentamiento social
para transformar la realidad
en la que viven.

D.: Dotas de una épica a una
clase obrera en radical
transformación, entre otras
cosas, por el rechazo del trabajo
asalariado, por sus ansias
de libertad. ¿Qué queda
hoy de ello?

N.B.: La épica antigua era
la expresión de una colectividad
étnica mediante la voz
de un cantor oral. Ya Brecht
retomaba para su teatro esta
noción. De igual manera,
yo creo en posicionarme
frente a la novela burguesa,
a través de narraciones orales
de situaciones sociales
conflictivas.

En el poema épico clásico
el héroe muere porque con su
sacrificio consigue la victoria
de su pueblo (Cantar de
Roncesvalles, etc.). El héroe
moderno no tiene un destino
histórico marcado porque sus
luchas forman parte de un largo
proceso de transformación
global del que no logramos
ver sino algunos fragmentos.

La liberación de la esclavitud
del trabajo asalariado
que se ha impuesto desde
los ‘70, ha sido convertida
de flexibilidad en precariedad
por el capital, aprovechando
las crisis económicas
y el desempleo masivo
consiguiente. La fragmentación
y la dispersión de esta
nueva fuerza de trabajo permite
hoy su control mediante
retribuciones bajas, un
problema que se podrá solucionar
creando nuevas formas
de lucha unitaria, para
imponer una nueva regulación
y nuevas leyes.

Creo que hoy el 90% y tal
vez más de la población mundial
puede definirse como
proletaria, término que incluye
también lo que queda de
la clase obrera tradicional
sindicalizada, junto con todos
los que están excluidos
de la riqueza.

D.: En tus novelas la violencia
es habitual: huelgas salvajes,
lucha armada, tifosi,
mafiosos. ¿una violencia
exagerada?

N.B.: Los ‘70 con sus luchas,
que eran mayormente luchas
pacíficas, han sido años
extremadamente violentos
sólo en las deformaciones de
una prensa hostil. Y en el
plano global, nada parangonable
con la violencia desencadenada
por la política
estadounidense actual. Violencia
y uso de las armas son
modalidades que en algunos
conflictos pueden ser necesarias,
en situaciones extremas,
cuando no existen
ya márgenes de lucha democrática,
pacífica.


ARTE E HIPERTEXTO

D: Tus creaciones literarias-
por ejemplo, Black Out, compuesta,
entre otros materiales,
de extractos de panfletos- y
artísticas son, en gran medida,
recuperaciones y recombinaciones
de materiales ya existentes.
¿Dónde queda el artista
como ‘creador’?

N.B.: Desde hace más de un
siglo el arte se basa en los
procesos de captura, recombinación
y montaje de materiales
ya producidos. Estos
procesos los ha ejemplificado
Duchamp definitivamente
firmando un orinal. La creación
no es fabricación de
nuevos materiales, todo existe
ya, se crea confiriendo formas
nuevas a lo que existe.
Sin embargo, no creo en la
creación colectiva, los materiales
pueden proceder de un
origen colectivo, pero luego
es siempre una mente única
la que los convierte en una
obra de arte.
Fragmentación y ensamblaje
son las características de las
artes desde hace más de un
siglo hasta ahora. Una parte
de mi trabajo consiste en
aplicar estas operaciones a
la palabra, tanto en el plano
visual como en el sonoro.
Naturalmente, en primer
lugar siempre se plasman
los materiales utilizados a
través del ritmo.
En el Grupo ‘63 experimentamos
con el hipertexto, un proceso
que reproduce mecánicamente
lo que cada texto
literario ofrece como posibilidad
de una lectura no superficial.
Por lo que respecta a mis
experimentos, he utilizado simplemente
la velocidad combinatoria
del ordenador para
conseguir grandes cantidades
de resultados casuales, imprevisibles,
algunas veces interesantes.
El ordenador es un instrumento
útil únicamente para
ilustrar las posibilidades del
arte combinatorio, para ejecutar
algunas operaciones que,
realizadas manualmente, llevarían
demasiado tiempo. Es un
siervo bastante estúpido y
banal, pero muy eficaz.


TITULOS RECIENTES:

Black Out, editorial Acuarela.

La horda de oro, editorial Traficantes
de Sueños.

Lo queremos todo, editoriales
Klinamen y Traficantes de
Sueños.

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