Baloncesto, recuerdos del mejor jugador bosnio de todos los tiempos
“Mirza Delibasic fue el toque de oro del basket yugoslavo”

Danko Delibasic (1986) es el relaciones públicasdel Bosna Sarajevo, donde jugó su padre, MirzaDelibasic, uno de los mitos del baloncesto europeo.

29/11/10 · 17:20
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Mirza Delibasic inició su carrera en el Bosna Sarajevo de la mano del mítico entrenador Bogdan Tanjevic. Con el equipo de la actual capital de Bosnia logró la Copa de Europa de 1979 frente al Emerson Varesse. En 1980 le fichó el Real Madrid, conjunto con el que logró el campeonato mundial de clubes de 1981, el subcampeonato de la Recopa de 1982 y la liga de 1982, compartiendo vestuario con Corbalán, Iturriaga o Wayne Brabender.

Con la selección yugoslava formó parte de la llamada “segunda generación de oro”, junto a Dragan Kicanovic, Kresimir Cosic o Drazen Dalipagic. Con ellos ganó los campeonatos de Europa de 1975 y 1977, el Mundial de Filipinas en 1978 y los Juegos Olímpicos de Moscú en 1980. Tras el inicio de la desintegración de Yugoslavia, Delibasic se convirtió en un activista contra la guerra. En 1993 consiguió formar la primera selección de Bosnia, a pesar de las dificultades impuestas por el cerco a Sarajevo, la ciudad donde murió tras una difícil enfermedad en 2001.

DIAGONAL: La gente que jugó con tu padre cuenta que era una persona muy especial...

DANKO DELIBASIC: Wayne Brabender dijo una vez que Mirza aprendió a hablar castellano en dos semanas y que él no aprendió a hablar bien hasta pasados diez años… También decían que era un magnífico jugador, pero que era aún mejor persona. Cuando jugaba con Bosna Sarajevo partidos de máxima rivalidad en la ex Yugoslavia, era el único jugador al que aplaudía el público, aunque fuera el rival. Todo lo que hacía lo hacía bien, y con elegancia, por eso se le recuerda como un caballero.

D.: Un caballero también por su gesto técnico.

D.D.: Su técnica era perfecta, y era un gran tirador. Pero lo más importante es que como jugador quería que todos sus compañeros de equipo fueran mejores, no se preocupaba solo por sí mismo. Y ésa es otra de las razones por la que sus compañeros, o entrenadores como Lolo Sainz o Bogdan Tanjevic, le querían tanto. Mirza Delibasic fue el deportista del siglo en Bosnia y Herzegovina, fue el número uno. Aquí es el símbolo de la ciudad y una leyenda.

D.: El baloncesto yugoslavo revolucionó el panorama europeo, con un estilo propio y con varias generaciones de jugadores excepcionales.

D.D.: Sí, todo empezó con el Campeonato Europeo de 1975 en Belgrado. El juego de voleibol que practicaron Zoran Slavnic y Dragan Kicanovic frente a la URSS para perder tiempo. Eso enloqueció a los rusos, que no ganaron a Yugoslavia en 13 partidos seguidos. Kresimir Cosic, que fue elegido MVP de aquel torneo, dijo que en esos años –y éste es mi comentario favorito sobre mi padre– Mirza dio “el toque de oro” a ese equipo nacional.

D.: Años más tarde, cuando comenzó la guerra en Yugoslavia, Mirza fue una referencia ética de la resistencia en Sarajevo.

D.D.: Mi madre y yo estuvimos un año en Sarajevo durante la guerra y luego nos fuimos a Split (Croacia), que estaba más tranquilo. Cuando mi padre salió de Sarajevo, rompiendo el cerco de francotiradores y bombas con el equipo nacional para ir a jugar a Alemania, nos juntamos con él. Después fuimos a Italia, y mi madre y yo nos quedamos en Trieste. Mi padre no se pudo quedar, dijo que no aguantaba, que debía volver a Sarajevo con la gente que estaba sufriendo. Volvió a Sarajevo en medio de la guerra, también para mostrar al mundo qué estaba pasando allí.

Aquel viaje a Alemania, la salida de madrugada de la ciudad, el juntar un grupo de jugadores casi retirados de la práctica del baloncesto, fue una de las experiencias más impresionantes del deporte en el siglo XX.
Fue un momento muy difícil. Yugoslavia y Croacia estaban clasificadas para el campeonato Europeo, y un día le tocó a Bosnia enfrentarse a Yugoslavia. El día antes, en la ciudad de Tuzla –donde nació mi padre– lanzaron una granada que mató a 72 niños en una plaza. Mirza habló con los entrenadores del equipo nacional de Yugoslavia y les dijo que no podían jugar ese partido, porque los jugadores bosnios estaban muy frustrados y que seguramente iba a haber una pelea, que no iba a ser un partido de baloncesto. Fue un momento difícil, pero lograron centrarse en los campeonatos, y lo hicieron bien, quedaron octavos, en medio de la guerra y de la incertidumbre por sus familias. Fue un gran logro.

D.: ¿Y cómo fue después la relación con sus ex compañeros del equipo de Yugoslavia?

D.D.: La amistad que tenía con Slavnic, Kicanovic o Dalipagic iba más allá de la guerra o la política. Creo que los jugadores que jugaron con él, que pasaron mucho tiempo juntos y compartieron tantas victorias, miraban la situación en ese momento desde otro lugar… Cuando terminó la guerra, el primero que vino a Sarajevo fue [el serbio] Moka Slavnic, al partido Bosnia-Croacia; 8.000 personas le aplaudieron.

¿Cuál es el mensaje que dejó Mirza Delibasic?
Fue una persona que, en todo lo que hacía, daba todo lo que podía, se entregaba totalmente, daba el máximo. Cuando entrenaba, entrenaba diez horas al día, así que cualquier cosa que hagas en la vida, tienes que hacerlo con el 100% de tu capacidad. Yo pienso que ése era su mensaje para la gente joven. No sé si muchos niños en Bosnia, Europa o España ven como ídolos a estos jugadores de antes, quizá sólo se fijan en Michael Jordan o Kobe Bryant, pero realmente aprecio a los que se acuerdan de Mirza. //

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