FÚTBOL: LOS CÓDIGOS DE LA VIOLENCIA VERBAL
Materazzi extraña a Foucault

Cuando faltaban diez minutos para la conclusión de la prórroga de la final del Mundial 2006,
Marco Materazzi quedó tendido en el terreno de juego. Instantes después, la repetición de la
jugada para los espectadores y las indicaciones del cuarto árbitro al colegiado identificaban
al culpable: Zinedine Zidane. Al jugador francés le cambiaba el gesto ante un comentario de su
rival y sin vacilar le propinaba un cabezazo en el pecho. Materazzi, con algún exceso, caía a plomo.

23/11/06 · 0:00
Edición impresa



La historia es conocida:
Zidane fue expulsado,
Italia ganó
el Mundial y ‘el cabezazo’
ascendió a una categoría
que el fútbol sólo
había reservado a ‘la mano
de Dios’ de Maradona, lo
que revela tal vez que sólo
en la transgresión de la norma
crece lo original, lo que
será recordado.

El affaire Zidane-Materazzi
planteaba un debate interesante
respecto al modo
en que conviven en el fútbol
dos violencias desigualmente
sancionadas, la física y la
verbal. Mientras la primera
es objeto de un marco normativo
ante el que palidecerían
otras violencias menos
publicitadas -suponiendo
que las violencias puedan
palidecer-, la segunda tiende
a soslayarse con la cláusula
“Lo que sucede en el
campo no debe salir de él”.
Este adagio internacional
pretende que “lo que sucede
en el campo” es aquello que
sólo escuchan y ven los jugadores,
en definitiva, cualquier
lance que escape a las
limitadas capacidades del
equipo arbitral y al campo
de visión de las cámaras.
Pese a la sofisticación técnica
que afecta al fútbol, los
menosprecios e insultos que
se tributan los jugadores
eran -y siguen siendo- el espacio
sagrado de “lo que sucede
en el campo”.

La final de la Copa del
Mundo y sus secuelas vinieron
a alterar el estado de las
cosas, pues a la violencia física
ejercida por Zidane, visible
y sancionable, pretendió
encontrársele una explicación
en la violencia verbal
que habría ejercido Materazzi,
invisible y, por tanto, no
sancionable. Ambos jugadores,
conscientes del código
no escrito de su profesión,
rehusaron en principio aclarar
los términos previos al
cabezazo, pero las televisiones
y la FIFA insistieron.
Mientras los platós se nutrían
con supuestos expertos
en lectura de labios que
desgranaban las alusiones a
la familia de Zidane efectuadas
por el italiano, la FIFA
se encontró ante la tentación
de dar ejemplo.

Debate mediático

Zidane, el capitán bleu de
origen argelino cuya elegancia
y visión de juego envuelven
un carácter humilde aliñado
con momentos de
ofuscación, adelantó pronto
a Materazzi en el debate mediático,
condenado el italiano
al papel de antihéroe, de
central robusto y marrullero
que quién sabe qué insulto
habría dirigido al bueno de
Zizou. Tampoco se esforzaba
Materazzi en mejorar su
situación y alimentaba a la
prensa con declaraciones
del tipo: “Lo que es seguro
es que no le llamé terrorista.
Yo no soy culto y no sé
bien qué es un terrorista islamista”.
Zidane permanecía
en silencio.

Llegó el momento de las
declaraciones ante la FIFA,
que incluso se planteó la
posibilidad de un careo, y
el relato siguió, esta vez en
Suiza, con la federación
mundial de fútbol jugando
a ser un comité neutral y
ético que escucha y determina
para preservar intactos
los valores del deporte.
Así, Zidane fue ‘condenado’
a pagar 7.500 francos
suizos (4.840 euros) y a
realizar tres días de “trabajos
humanitarios con niños
y jóvenes de los programas
de la FIFA”. Mientras, a
Materazzi le impusieron
dos partidos de suspensión
y una multa de 5.000 francos
(3.250 euros).

Habida cuenta de que
Zinedine Zidane percibe en
concepto de publicidad alrededor
de 11.000 euros al día -según informa el diario Le
Parisien- y que es conocida
su afición a las actividades
humanitarias, la sanción de
la FIFA no parecía tal; sí lo
era en cambio para Marco
Materazzi, condenado por
‘decir’, por intercambiar
unas palabras con el astro
francés. Ocurrió entonces
que el jugador italiano optó
por una vía arriesgada en la
que sigue inmerso: la venganza
irónica.

Contraataque

Comenzó Materazzi transgrediendo
el código de silencio
con la revelación del diálogo
que mantuvo con Zidane.
Según relató a La Gazzetta
dello Sport, él habría agarrado
la camiseta de Zidane,
ante lo cual el capitán francés
le respondió: “Si quieres,
te la regalo al final del
partido”. El italiano repuso:
“Prefiero a tu hermana”.
Por si quedaba alguna duda,
la revelación de Materazzi,
que a una fina ironía
del francés había contestado
sugiriéndole que le regalara
a su hermana -que la
prostituyera, en definitiva-,
terminó por desanimar a
sus escasos partidarios, pero
fue la piedra de toque de
su nueva estrategia. Reconocido
el pecado y despejado
con un futbolístico: “Fue
un insulto de esos que se dicen
decenas de veces y que
se nos escapan en el terreno
de juego”, comenzó su
contraofensiva.

Como primer aliado contó
con Nike, contrapunto de
Adidas y Zidane, que le convirtió
en imagen de un anuncio
que presentaba al central
con un pecho que en esta
ocasión resistía cualquier
cosa. El segundo paso ha sido
más osado y para él ha
contado con el apoyo de la
editorial Mondadori. La confesa
incultura de Materazzi
no le ha impedido escribir el
libro Qué es lo que en realidad
le dije a Zidane, presentado
en la pasada feria de
Francfort. Las 249 hipótesis
basculan entre el humor elemental:
“Zidane, ¿qué haces?
Todavía no has perdido
y ya se te ha caído el pelo...”;
las provocaciones de perfil
localista: “Simona Ventura
me ha preguntado si quieres
participar en la próxima edición
de La isla de los famosos,
y los comentarios de difícil
clasificación: “Desde
que murió Foucault, la filosofía
francesa da asco”.

Queda aquí apuntada esta
última hipótesis como pequeña
justificación del título
oportunista de este artículo
y tributo a la paciencia del
lector que haya llegado hasta
el final. Lector al que, sin
duda, le interesará saber
que Materazzi prosigue y
mejora en su ascendente
venganza: ha anunciado
que los beneficios del libro
irán destinados a UNICEF.

Tags relacionados: FIFA Deportes Libros
+A Agrandar texto
+A Disminuir texto
Licencia

comentarios

0

separador

Tienda El Salto