ADAM MORRISON, UN BALONCESTISTA A CONTRACORRIENTE
Un marxista en el ‘show time’

Adam Morrison, jugador de Los
Angeles Lakers, declara su
interés por las teorías de Marx y
lee a Steinbeck. Una anomalía en
un mundo de lujos y caprichos.

19/03/09 · 0:00
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El espigado jugador
blanco, con aspecto a
medio camino entre
un personaje de alguna película
de Sam Peckinpah y un
activista grunge de Seattle,
ha entrado en la nómina del
equipo de la NBA con más
glamour del mundo, Los
Angeles Lakers. Muchas veces
se ha contado que Morrison
protagonizó una anécdota
poco común en su etapa
de jugador universitario.
Cuando su entrenador aconsejó
a sus jugadores que acudieran
a la iglesia, algo muy
frecuente en EE UU, él se levantó
y escribió en la pizarra
de sistemas de juego: “La religión
es el opio del pueblo”.

No se trataba de un hecho
aislado o una broma de vestuario.
Adam Morrison es
uno de los pocos jugadores
que ha declarado abiertamente
sus ideas políticas, su
interés por las teorías de
Karl Marx, su admiración
por la figura del revolucionario
argentino Ernesto
Guevara o ser lector de autores
‘malditos’ de la literatura
norteamericana como John
Steinbeck o Jack Kerouac.
Entre sus gustos musicales
destacan los polémicos Rage
Against the Machine, Metallica
o X-Raided.

Las ideas políticas de
Morrison, también conocido
como The Stache (el
mostacho), han sido en varias
ocasiones motivo de polémica.
Calificado en algunos
medios como comunista,
hippie, antisistema o alternativo,
él nunca ha ocultado
sus preocupaciones
sociales, haciendo poco caso
a las críticas. Una personalidad
que no encaja bien
en el mundillo del baloncesto
estadounidense, que prefiere
la imagen del deportista
íntegro, patriota y privilegiado.
Una sociedad en que
éxito, proyección religiosa y
dinero son valores casi fundacionales.
Morrison, nacido en 1984
en Montana, hijo de un antiguo
entrenador de baloncesto,
estudió en la Universidad
de Gonzaga, donde se fue
consolidando como referencia
del equipo y estrella local.

Con sus 2,03 metros de
altura, se trata de un alero
con buen tiro exterior y que
se maneja bien en posiciones
interiores, aunque con
una técnica y unos movimientos
algo heterodoxos.
Como jugador se le ha comparado,
por su intensidad y
estilo, con su ídolo Larry
Bird, el mítico alero de los
Celtics de Boston. Su exitosa
trayectoria como jugador
universitario hizo que
fuera elegido en el número
3 del draft de 2006 de la
NBA por los Charlotte
Bobcats, elección personal
del manager de operaciones
Michael Jordan.

El ‘show time’

El 7 de febrero Morrison,
que no ha logrado todavía
jugar a un gran nivel en la
mejor liga de baloncesto del
mundo, fue traspasado al
equipo de Los Angeles Lakers,
entrando en la nómina
de una franquicia conocida
por un estilo de juego vistoso
y el glamour de su público,
por lo que se denomina
al equipo californiano como
el show time. Entre los habituales
espectadores de su estadio,
el Staples Center, figuran
varias estrellas de
Hollywood, como Jack Nicholson,
Denzel Washington,
Cameron Díaz o Antonio
Banderas, y músicos
como Alicia Keys o Flea, bajista
del grupo Red Hot Chili
Peppers. Es el equipo en el
que juega la actual megaestrella
del baloncesto mundial,
Kobe Bryant, que coge
el relevo de jugadores míticos
del club angelino como
Wilt Chamberlain, Kareem
Abdul-Jabbar o Magic Johnson,
y al que acompaña, con
serias opciones a ganar este
año la liga, Pau Gasol.

De esta manera, The Stache
se encuentra a las órdenes
del laureado entrenador
Phil Jackson, nacido también
en Montana, y conocido
como Maestro Zen, por
ser seguidor de esta filosofía
oriental y practicar la
meditación. Está por ver si
la espiritualidad de Jackson,
que utiliza sus creencias en
la dirección del equipo, sirve
para sacar lo mejor de un
jugador que confía más en
el materialismo histórico
que en las virtudes de la fe.

Ya lo dijo el propio Marx:
“El modo de producción de
la vida material condiciona
el proceso de la vida social,
política y espiritual en general.
No es la conciencia
del hombre la que determina
su ser, sino, por el contrario,
el ser social es lo que
determina su conciencia”.
Veremos si Morrison lo tiene
en cuenta.

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