ENTREVISTA A PETE SHELLEY, CANTANTE DE THE BUZZCOCKS
“En Manchester la música era un reflejo de cómo nos sentíamos”

Personifican el sonido Manchester
por antonomasia y son un ejemplo
de cómo envejecer dignamente.
Tras 34 años, The Buzzcocks se
encuentran en plena forma.

19/02/09 · 0:00
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THE BUZZCOCKS nacieron con el punk, se disolvieron en su época de mayor popularidad y volvieron a reunirse a finales de los ‘80.

Reino Unido, 4 de junio
de 1976. Unos
adolescentes Howard
Devoto y Pete
Shelley organizan el primer
concierto de Sex Pistols en
Manchester. Entre los escasos
asistentes (unas 42 personas)
se encontraban Ian Curtis,
Mick Hucknall y Tony
Wilson. Hucknall sería conocido
años más tarde con el sobrenombre
de Simply Red,
Wilson fundaría el sello Factory
Records y Curtis se convertiría
en un icono musical
al frente de los efímeros Joy
Division.

Por su parte, Devoto y
Shelley no recaudaron lo que
esperaban con ese concierto,
pero descubrieron que si
Johnny Rotten y Steve Jones
podían tocar en un grupo de
rock, ellos también. Admiradores
de Beatles, T-Rex,
Bowie, Velvet Underground
y Troggs, decidieron combinar
sus apetencias musicales
para dar vida a The Buzzcocks.
“Crecimos escuchando
a estas bandas. Nos gustaban
sus melodías, pero quisimos
hacer algo totalmente
distinto, con guitarras distorsionadas
y canciones que no
superasen los dos minutos”,
afirma su cantante, Pete Shelley,
desde Londres.

“Grupos como The Damned,
The Clash o nosotros
encontramos nuestra propia
identidad. No era una lucha
por demostrar quién era el
mejor, y nos ayudábamos mutuamente.
Era más parecido a
una reivindicación. Si queríamos
ser fuertes, no teníamos
que pelear entre nosotros y
debíamos estar unidos”. Bajo
la premisa punk del ‘Hazlo tú
mismo’, Buzzcocks grabaron
y autoeditaron un vinilo bajo
el sello New Hormones, creado
por el propio Shelley. Un
mes después, firmarían su primer
contrato discográfico.
“Fue el 16 de agosto de 1977,
el mismo día que murió Elvis”,
recuerda. “En Manchester no
éramos más de cinco grupos
de rock, pero en seis meses
había cientos de bandas. Nos
convertimos en participantes
activos de la cultura popular,
en vez de consumidores pasivos.
La música era un reflejo
de cómo nos sentíamos”.

Manchester es una ciudad
reconocida por su vida musical,
pero no siempre ha sido
así y Buzzcocks han jugado
un papel fundamental en esta
transformación. El escritor
Lester Bangs afirma que el
punk murió y fue enterrado
tras la disolución de los
Stooges. Su líder, el inefable
Iggy Pop, siempre se ha referido
en tono despectivo a las
formaciones precursoras del
punk rock, surgidas tanto en
Inglaterra como en Nueva
York. “Los Stooges dimos un
paso adelante en la evolución
de la música y todos los que
llegaron detrás se limitaron a
coger el esqueleto de lo que
nosotros hacíamos y suavizarlo,
hasta que sonaba a los
Beach Boys”, argumenta la
iguana de Detroit en su autobiografía.

Sin embargo, es innegable
que sin la aportación
de Buzzcocks, seguramente
la música rock de las últimas
tres décadas no habría sido la
misma. Desde Nirvana a Pearl
Jam, cuyo cantante Eddie
Vedder es un reconocido seguidor.
“Hemos tocado con
ellos en más de 15 ocasiones,
incluido el Madison Square
Garden. Eddie nos dijo que
había estado en algún concierto
nuestro antes de fundar
su grupo”. Al preguntarle por
las bandas de su Manchester
natal, Pete lo tiene claro.
“Oasis y Stone Roses surgieron
en su momento adecuado.
Mis favoritos son The
Smiths, por su actitud y personalidad”.

El impredecible cineasta
Michael Winterbottom intentó
reflejar en su película
24 Hour Party People la eclosión
musical que se vivió en
el Manchester de finales de
los ‘70, aunque el cantante
de The Buzzcocks afirma no
sentirse muy identificado
con esa visión. “Es una comedia.
Me reí mucho en el
cine, pero nada más”. Para
Shelley, la realidad de la escena
punk fue muy distinta a
la plasmada por Winterbottom
en la gran pantalla.
“Comienza con una acertada
recreación del primer concierto
de Sex Pistols en Manchester,
pero después salta
hasta 1980 para contar la
historia de Tony Wilson, La
Hacienda, Factory Records…
eso no era punk. Se
omiten cinco años de fanzines
y actuar en pequeños
clubs, donde verdaderamente
empezó todo”.

Shelley no sólo vive de los
recuerdos. Cuando finalice esta
gira volverá a presentar
nuevos temas junto a su inseparable
Steve Diggle. “Ya hemos
empezado a componer y
estamos deseando empezar a
grabar. En esta nueva etapa,
estamos esperando mucho
entre un disco y otro”.
Inevitablemente, muchas
cuestiones se quedan pendientes.
Entre otras cosas porque
la historia de Buzzcocks,
al contrario en la mayoría de
sus compañeros de generación,
no está terminada.

UNA CARRERA MUSICAL EN DOS TIEMPOS
_ M.A.B.
Pete Shelley, Steve Diggle
y Howard Devoto fundaron
The Buzzcocks en
1975. Posteriormente se
incorporó el batería John
Maher, a quien conocerían
a través de un anuncio
en la revista Melody
Maker. Su primer concierto
junto a Sex Pistols en
Manchester (organizado
por Shelley y Devoto) tuvo
lugar en junio de 1976,
ante poco más de 40 personas.
De la sociedad
entre Pistols-Buzzcocks
surgió el Anarchy Tour,
una de las giras más controvertidas
y exitosas de
la década.
Abanderados de la filosofía
'Hazlo tú mismo' crearon
su propio sello, New
Hormones, para debutar
con el innovador vinilo
Spiral Stratchs. Entre
1977 y 1979, siete singles
de The Buzzcocks
permanecieron en el Top
40 de Reino Unido, entre
ellos el pegadizo Ever
fallen in love? Prolíficos e
inquietos, después de
publicar tres discos en
menos de 18 meses (Another
music in a diferent
kitchen, Love bites y A different
kind of tension) su
compañía fue comprada
por una multinacional y
decidieron tomar un año
sabático. El desgaste físico
y creativo, acentuado
por la mala relación con
su nueva discográfica,
precipitó su ruptura en
1981, coincidiendo con
su momento de mayor
popularidad internacional.
Pese a los continuos
rumores durante la década
de los '80, hasta
1989 no se consolidaría
su reunión, con Pete Shelley
y Steve Diggle como
únicos supervivientes del
cuarteto original. El bajista
Tony Barber y el batería
Phil Barker se sumaron
para realizar una gira por
Estados Unidos y, con
esta formación, en 1993
vio la luz Trade test transmission.
Evolucionando
hacia un sonido más
moderno, en su segundo
asalto (All set, 1996) contaron
con la aportación
de Neil King, un habitual
en las producciones de
Green Day, reconocidos
discípulos de Buzzcocks.
La fría acogida y la dificultad
para conectar con
las nuevas generaciones
motivaron un nuevo
paréntesis discográfico,
roto en 2003 con su
álbum homónimo. Considerado
un punto de inflexión
en su carrera, Shelley
y Biggle recuperan
un sonido más crudo con
12 enérgicas canciones
en apenas 35 minutos.
Nostálgicos en su justa
medida, pero siempre
mirando hacia delante,
conservan ese sentido
del humor típicamente
adolescente que ha
hecho de Buzzcocks una
banda de culto

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