Madrid-Ciudad de Guatemala

No queríamos entrevistar ni ser entrevistadas,
así que hicimos este juego escritural que
acabó conmoviéndonos.

06/04/12 · 8:06
Edición impresa

LAURA. Hagamos memoria. Que broten metáforas de los 
mecanismos represivos que utilizan 
los Estados en las mal llamadas 
democracias representativas. 
Que broten performances 
que nos presentan a nosotras 
mismas, sin intermediarios. 
Que florezcan acciones 
físicas y poéticas donde nuestros 
cuerpos sean en sí mismos 
la transmisión del mensaje. 
Nuestra mirada evoca el recorrido 
angustiante de la explotación 
humana, de los cuerpos mercancía 
en el trabajo, en la 
escuela, en el hospital, en la publicidad, 
en la tele. ¿Quieres hacer 
una performance conmigo?

REGINA. Hagamos memoria. 
Desnudémosla, quitémosle capa 
por capa como si se tratara de 
una cebolla. Lloremos mientras 
los vapores penetran nuestros 
agujeros. Cataratas cayendo al 
vacío. Alguien más chilló los cuerpos ahora vueltos ceniza. 
¿Dónde los restos? ¿Dónde los 
huesos de sus manos? Hagamos 
un recuento. Reconstruyamos su imagen a través de 
sueños mojados por tantas lágrimas. 
Nos seguimos doliendo en 
su vacío. ¿Dónde nuestros 
muertos? Pasaron los días, los 
meses, los años y su recuerdo no 
se enfría. ¿Dónde nuestra vida?

LAURA. Enterramos a las viejas. 
Enterramos a las niñas. Nos enterramos 
a nosotras mismas en 
vida. Tierra sobre cuerpos. Leña 
sobre cuerpos. Hagamos memoria. 
Su abuela era una obrera republicana, 
y nunca le contó qué 
pensaba de Franco. Murió con 
alzheimer. Su otra abuela murió 
a los 42 años de un cáncer. 
Nunca la conoció. Vive en un 
pueblo rodeada de abuelas y ninguna 
habla de la guerra. 
Memoria maldita. Guerra maldita. 
Y ella tiene lagunas. Lagunas 
históricas. Lagunas mentales. 
Lagunas de identidad. ¿Dónde 
está su identidad?

REGINA. Sus manos cortadas. 
Perdidos sus dedos. Sacados 
los dientes, los ojos comidos. 
Cómo reconocerlo si ni yo misma 
me reconozco. Años atrás 
se me quedó la esperanza 
muerta en el camino. Todo 
muerto. Mi pelo sin color, mi 
corazón sin sangre. Estos huesos 
podridos no son mi hijo. 
Dónde sus manos suaves tomando 
mi sopa. A mí ya nada 
me sostiene. ¿Dónde sus brazos 
fuertes a mi alrededor?

LAURA. Madrid-Ciudad de 
Guatemala. El territorio salió de 
nuestros cuerpos hace rato para 
dejar espacio a la memoria. A la 
memoria compartida que nos 
une sin conocernos. Que palpita 
dentro, entre la vida y la muerte. 
Todo tan parecido y tan diferente 
a la vez. En un segundo cambia 
el paisaje. En un segundo millones 
de personas se van. En un 
segundo millones de personas 
pierden sus trabajos, sus casas, 
sus tierras. En un segundo nos 
rebelaremos ¿Y a quién leeremos 
estos párrafos? ¿Alguien me 
escuchará?

REGINA. Me escuchan los grillos, 
el río que no se detiene, la 
estrella que siempre me titila. 
Después de la guerra sólo hubo 
silencio. Nadie me preguntó 
cuánto dolía. Nadie me regaló 
un poco de aliento. Nadie más 
me amó. Me quedé sola, secándome 
como palo viejo sobreviviente 
del incendio. Tierra 
arrasada, hijo arrasado, vida 
arrasada. Yo sólo quiero cerrar 
los ojos para encontrarlo de nuevo. 
Allá me espera, sin cicatrices, 
sin rencores. ¿Para qué la 
sangre en mi lengua? ¿Para qué 
este corazón que no se atora? 
Yo ya sólo quiero escurrirme, 
enfriarme, soltar el pellejo. 
¿Por qué no me dejás ir?

1. El cielo...

_ «En El Cielo llora tanto
que debería ser Mujer,
me sumerjo en una tina
llena de agua y aguanto
la respiración hasta que
no puedo más. Salgo a
tomar oxígeno y vuelvo a
sumergirme».

2. Caparazón

_ "El miedo en su forma
sonora, en cada estallido,
en cada golpe. Mi cuerpo
permanece en posición
fetal dentro de un domo
blindado. Individuos, armados
con palos, golpean frenéticamente
el domo".

3. Alud

_ "El agua corre. El cuerpo
está allí, sucio. La posición
pasiva del público
como observador es reemplazada
por la acción de
participar y limpiar el
cuerpo, motivados, quizás,
por cierta empatía".

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comentarios

1

  • |
    anónima
    |
    09/04/2012 - 11:38pm
    <p class="spip">Mi abuela María, también fue una mujer obrera republicana, que saco a sus hijos adelante mientras su marido, mi abuelo Heraclio, estaba en la cárcel. También tuvo alzheimer. Recuerdo su fuerza y serena seriedad. Aunque es ahora cuando soy consciente de la mujer fuerte y luchadora que fue.</p> <p class="spip">La memoria va cargada de golpes y porrazos, pero enseña el camino del alma.</p>
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