Culturas
Madonna, tú antes molabas

O cómo los estudios feministas pasaron de la
fascinación al desencanto con la ambición rubia.

20/06/12 · 8:00
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Si hubiese que contar esta
historia como una relación de
amor, podríamos decir que
empezó apasionadamente y
terminó con un amargo sentimiento de traición. El romance
entre el feminismo y la Reina
del Pop comienza con la
deslumbrante irrupción de Madonna a principios de los ‘80 en
la escena musical.

“Para mí y para otras
feministas jóvenes confinadas
en la academia, Madonna era
un símbolo de poder y creatividad femeninos: sexy, seductora, seria y fuerte”, cuenta la escritora afroamericana bell hooks en Outlaw culture.
“Durante mucho tiempo, su
presencia transgresora fue un
faro, una luz guía, trazando el
camino de las artistas feministas que iban a tomar el poder”.

Se desata la pasión

Si usted sólo conoce a la
Madonna actual, con sus devaneos de estrella millonaria,
puede pensar que hooks estaba
delirando. Pero a comienzos de
los ’80, su reivindicación del deseo femenino (hoy vampirizada
por la publicidad) era un desafío al poder establecido, una
forma de decir que las mujeres
podían ser sexuales y poderosas. Más aún: sus parodias de
la identidad femenina tradicional, sus juegos con la estética
porno y la imaginería homosexual o la apuesta por la ambigüedad
sexual
parecían
avanzar lo que posteriormente
propondría la teoría queer.

Esa imagen de Madonna, que
tan bien recoge la película
Buscando a Susan desesperadamente –una chica independiente, encantada de haberse conocido, que desafiaba a quien se
atreviese a llamarle ’puta’ porque le importaba un bledo lo que
pensasen de ella– era lo que, a
juicio de teóricos de los estudios
culturales como John Fiske, explicaba la fascinación que generaba entre las jóvenes. La feminista Camille Paglia llegó incluso a afirmar que Madonna era la
“verdadera feminista”.

Madonna, por su parte, se dejaba querer. Lejos de renegar
del feminismo o de reproducir
los tópicos habituales, se reconocía como heredera de sus
logros. Apoyaba las reivindicaciones de los colectivos homosexuales y la lucha contra el
sida en una época en que pesaba todavía el estigma sobre la
enfermedad. Este idilio provocó ríos de tinta de escritos
académicos sobre la relación
entre música, cultura popular
y feminismo, hasta el punto
de generar una corriente llamada Madonna studies (para
más información, miren la
entrada en Wikipedia).

El desencanto

Sin embargo, el romance se comenzó a erosionar con el paso
del tiempo y, sobre todo, con la
evolución de la cantante. Al
principio fue la desorientación
ante cada nueva vuelta de tuerca: ¿era Madonna la reina de la
parodia crítica o un sofisticado
objeto sexual? Poco a poco comenzaron a arreciar las críticas. Bell hooks hablaba de la
sensación de traición que le
inundó tras ver el libro Sex, en
el que consideraba que la cantante había perdido su estilo
subversivo, limitándose a reproducir un imaginario no muy
diferente del que podría encontrarse en las páginas de la revista Playboy.

Su apropiación de la subcultura gay se leía ahora como
una simple fascinación por lo
exótico, y teóricas como Susan
Bordo apuntaban que ese cuerpo que reivindicaba Madonna
como terreno para el disfrute
ocultaba que era producto de
una férrea disciplina y un trabajo físico durísimo. ¿Había sido todo esto más una sobreinterpretación académica que
una revolución queer?

Hooks lamentaba con tristeza que la evolución de Madonna ponía “al descubierto la
forma en que envejecer como
mujer en una sociedad sexista
puede minar la alianza de cualquier mujer con la política radical, con el feminismo. ¿Qué
puede hacer la ‘material girl’
cuando se ha convertido en una
mujer madura en una economía de imágenes culturales en
la que gran parte de su atractivo para las masas estaba
enraizado en el romance de la
juventud rebelde?”.

Hoy en día el feminismo ha
encontrado un nuevo objeto
de fascinación en Lady Gaga
y quedan pocas teóricas que
defiendan a la ambición rubia; sus antiguas amantes parecen recordar el romance
apenas como un alocado
affaire juvenil. Entre las acérrimas sigue estando Camille
Paglia, quien hace poco se reafirmó en su adoración por
Madonna y aprovechó para
defender a, ejem, Sarah Palin
como heraldo de un nuevo feminismo.

Artículo relacionado:

- [Madonna: ¿icono feminista o tótem consumista?->18795]

Tags relacionados: LGTBIQ Queer
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comentarios

3

  • |
    anónima
    |
    26/06/2012 - 1:06pm
    Madonna no es la misma veinteañera rebelde de los 80, ni la erotica treintañera de los 90, tampoco la espiritual y excentrica cuarentona del nuevo siglo, Madonna es ahora la Reina del Pop en sus 50, la gente sigue aferrada a su pasado y no se digna a mirar su presente, yo opinaba hace poco lo mismo que vosotros, "que le ha pasado a Madonna? ya no es tan divertida ni provocativa...", no paraba de pensar en esa chica alocada que llevaba mas rosarios que ropa, o en esa rubia platino llena de ambicion que le gustaba pretender que se masturbaba en el escenario... que le ha pasado? esa era me pregunta, pues le ha pasado que tiene 53 años, 4 hijos, 2 divorcios (y a saber cuantas relaciones fallidas), 30 años de carrera y locura mediatica, y un mundo de cosas mas que nosotros, el resto de los seres humanos, no nos enteramos; y me di cuenta que es la misma chica material de siempre! en su proceso de evolucion, tal cual pokémon, rompiendo barreras igual que antes, provocando a los medios igual que antes, o acaso antes la alababan por lo que hacia? no, la quemaban viva igual que hoy en dia, pero con el tiempo veremos atras y miraremos con admiracion las barreras que le toca romper ahora a su edad, si señores, Madonna AUN MOLA porque demuestra que una mujer bien entrada en sus 50 años aun puede con todas esas jovencitas y mucho mas (jovencitas que gracias a la reina del pop estan alli y seguiran alli a sus 50 años), aun es sexy! aun es rebelde! aun es MADONNA
  • |
    anónima
    |
    26/06/2012 - 12:12pm
    Para mostrar un pecho en Turquía no hace falta tanto valor (otra cosa es que lo hubiera hecho en Arabia Saudita). Eso sí, hay que reconocerle lo valiente de atreverse a mostrar un pecho a su edad.
  • |
    anónima
    |
    20/06/2012 - 4:38pm
    Hace dos años presenté mi tesina "Madonna versus Cindy Sherman" en la Universidad de Barcelona. Madonna ha sido teorizada por una infinidad de autores: Baudrillard, Barbara L. Miller, Samantha C. Thrift ; Camille Paglia le dedica un amplio capítulo aunque bastante superficial en su popular "Vamps and stramps" y Simon Frith la incluye en su todavía actualísimo título "Art into pop". Aquí, creo recordar, da en el clavo cuando revela que Madonna conocía a Sherman desde sus inicios y decidió seguir sus pasos, es decir, representar la iconografía femenina creada por hombres y reflejada en el cine de los años 50, la feminidad artificial como herramienta de control patriarcal con fines económicos. Esta compleja construcción cultural la ha ilustrado la crítica cinematográfica feminista (Laura Muvley) con el videoclip Material Girl. Aunque, contrariando este artículo, Madonna, para quien el cuerpo es una herramienta para controlar al hombre, ha encontrado entre la crítica feminista muchos detractores. En mi tesina justifiqué que la cantante americana pertenece al grupo apropiacionista del 79: Sherman, Sherrie Levine, Richard Prince y otros artistas que "también molaban". El relax de estos y otros artistas es paralelo a la caza del público global, a Hollywood, el arte en las pantallas, el cuerpo en crisis. Shnabel filma Basquiat en el 96; Sherman, Office Killer en el 97 cuya esponsor es Madonna. Larry Clark, Marina Abramovic basa su virtud en aburrirse con su público. Que el feminismo se fije ahora en Lady Gaga pone en evidencia que estamos atrofiados por una exposición fragmentaria. Su intertextualidad no deja lugar a la ambigüedad, contrariamente a Madonna cuyas capas funcionan como un palimpesto, ironías sutiles, como el videoclip (no he encontrado a nadie todavía que entienda su humor) de La isla bonita. Madonna me decepcionó los últimos años. Pero continúa siendo una maestra del apropiacionismo, del mimetismo y sus autorreferencias no dejan de ser interesantes. Hace una semana en Turquía mostró un pecho para luego dar al público la espalda:en ésta se lee un tatuaje: No Fear. Y pensé de inmediato: All Access.
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