Max
Dibujante de cómics
“Lo que me queda del punk me vacuna contra el exceso de trascendencia”

Portadas para el ‘New Yorker’ o la retrospectiva Panóptica que le dedicó el Instituto Cervantes dan cuenta de la prestigiosa trayectoria como ilustrador de Max. Su última obra, ‘Vapor’, ataca el tema de la trascendencia.

19/03/13 · 15:15
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Max

Nos alegra que, por una vez, la oficialidad coincida con el clamor de la calle, y es que Max es una de las glorias del cómic, medio al que, desde los años ‘60, regresa siempre para volcar sus inquietudes en forma de viñetas.

Vapor es tu acercamiento a la figura del ermitaño. Se trata de un arquetipo que ha interesado a infinidad de artistas, desde pintores flamencos hasta Flau­bert o Buñuel. ¿Crees que es debido a cierta identificación con la soledad inherente a todo proceso creativo?
Es posible. Cuando uno está inmerso en un proceso creativo tiende a aislarse bastante de su entorno. Yo, por lo menos, me siento como sumergido en un trance mientras estoy metido en un proyecto personal, tiendo a perder de vista el mundo. Puede haber un paralelismo ahí con la figura del anacoreta.

¿Crees que hay un, llamémosle conocimiento esen­cial, que sólo se halla en el encuentro extremo con uno mismo?
Por un lado sí, el encuentro extremo con uno mismo puede ser muy provechoso para solventar ciertos temas, pero por otro lado puede convertirse también en una trampa solipsista. Creo que no se puede perder de vista el mundo durante demasiado tiempo. Las cosas no empiezan y terminan en uno mismo. Somos seres sociales, para bien o para mal, y en el fondo pienso que ninguna solución puramente individual es perdurable si no tiene eso en cuenta.

En Vapor haces un acertado análisis de las dificultades que enfrenta el eremita, empe­zando por el sexo, como elemento de distracción...
Distracciones las hay de todo tipo y para llenar toda una vida, pero ninguna tan poderosa como el sexo. Pura biología: la química de las feromonas, la testosterona y todo eso. Nadie se libra (risas).

Pero, quizá, la mayor dificultad es enfrentar nuestros fantasmas, esa sombra de la que parece imposible alejarnos.
El papel de la sombra es siempre extraordinariamente ambiguo. En simbología se puede interpretar como nuestro lado oscuro, y por oscuro que pueda ser hay que admitir que es nuestro e indisociable. O se puede interpretar también directamente como el alma. Los fantasmas son otros, episodios que van y vienen, y que nos afectan mucho, pero nunca son exactamente del todo nuestros, han llegado desde fuera. Pero lo cierto es que mientras haya luz, tendremos una sombra. Toda una lección de filosofía, y un tema enorme para la especulación y el arte.

El pensamiento de Jung se colaba ya en algunas páginas de Bardín y en El prolongado sueño del señor T. El tema de la sombra es uno de los  que el psicólogo abordó con mayor brillantez…
Jung fue un visionario que supo ver como nadie las conexiones entre la psique humana, la religión, la historia, el mito, el arte, los sueños... Algunos de mis trabajos le deben bastante.

Vapor introduce una metáfora del Todos somos uno presente en casi todas las tradiciones religiosas, aunque al final prefieres que funcione la imaginación del lector, ¿nos das alguna pista al respecto?
No he querido dar pistas sobre el personaje y lo que significa, hasta ahora. Pero he comprobado que eso ha supuesto interpretaciones muy distintas a lo que yo pretendía transmitir. Así que seguramente he fallado yo al no dar las pistas adecuadas en la propia historieta. En realidad todo esto viene a corroborar mis sentimientos encontrados frente a lo “místico”. Es algo que me interesa mucho, pero al mismo tiempo me parece un camino lleno de trampas y (auto)engaños. Hay que hilar muy, pero que muy fino en este tema. Vapor representa una aspiración a superar lo meramente humano, pero... hay un pero con Vapor, y eso es lo que pretendía transmitir.

El estilo que utilizas es de una sencillez casi zen, resultando un prodigio la planificación de cada página. ¿Cada vez te interesa más la composición considerada como un todo y no una mera suma de viñetas?
Evidentemente. En un cómic todo está encadenado e interrelacionado. Cada elemento significa o no en función de lo que tiene alrededor, de lo que lo precede y de lo que sigue después. Tanto en lo visual como en lo temático. No sólo compongo cada página como un todo, sino que el conjunto del libro está tejido con esas conexiones que fluyen también por entre páginas separadas entre sí. Lo trabajo como algo orgánico, como un cuerpo vivo. Y esa sencillez en lo formal está en el camino de mi búsqueda artística de la esencia del dibujo y del poder comunicativo, narrativo y emocional que contiene.

Tu trayectoria abarca desde el jipismo y el punk, pasando por el psicoanálisis, los surrealistas para recalar, por el momento, en lo trascendente. ¡Vaya viaje!
El viaje por la vida, simplemente. ¡Desde los 17 años hasta los 56 por ahora, ja ja! Da para bastante. Pero yo, más que descartar, acumulo: lo que me queda del punk me vacuna contra el exceso de trascendencia (risas).

Un personaje que aparece en apenas unas viñetas es otro de los detonantes de la obra (The Wiggle Much, un extraño cómic de 1910). Esto me recuerda bastante a la obsesión por autores de cómic desconocidos que relata Seth en La vida está bien si no te rindes y otras obras.
Bueno, es normal, cuando sabes lo que ha sido la historia del cómic: un arte popular que sólo muy recientemente ha empezado a ser reconocido como tal. Yo veo a los maestros de antaño, haciendo cosas maravillosas e increíbles sin que se les concediera la relevancia que tenían. Gozando del favor de los lectores, sí, pero considerados como peones de la industria del entretenimiento, malviviendo mal pagados y con todos sus derechos como autores arrebatados por una industria voraz. Más que una obsesión es una reivindicación: eran artistas de pleno derecho, algunos de ellos auténticamente geniales, mejores que muchas vacas sagradas del arte contemporáneo, y merecen nuestro respeto y nuestra admiración por lo que hicieron.

Exposiciones como Panóptica, portadas en el New Yorker, dan cuenta de lo fascinante y, por fortuna, reconocida de tu trayectoria como ilustrador...  ¿Qué tiene el cómic para que siempre te apetezca regresar?
¡Tiene historias! El placer de narrar sólo es comparable al placer de dejarse hechizar por la narración. Dibujar ideas, conceptos, escenas o ilustrar textos es maravilloso, pero urdir una historia y contarla a través de dibujos es tremendo. El cómic es un eslabón en la cadena de artefactos narrativos que empieza con el mito y que continúa con la saga, la leyenda, el cuento, la novela, el teatro, el cine... y, de todos ellos, es el único que usa el dibujo como motor.

Tags relacionados: cómic Número 194
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