EL CINEASTA CANADIENSE ESTRENA SU ÚLTIMA OBRA, 'PROMESAS DEL ESTE'
Larga vida a David Cronenberg

Este entrañable señor de pelo blanco que ven ustedes
en la foto de abajo es David Cronenberg, responsable
de hitos de la ciencia ficción como ‘La mosca’ o
experimentos bizarros como ‘El almuerzo desnudo’ y
que ahora estrena su última obra, ‘Promesas del este’.

18/10/07 · 0:00
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CRONENBERG en San Sebastián.

Decía el cineasta
c a n a d i e n s e
David Cronenberg
(Toronto,
1943) en una entrevista que,
en el fondo, lo que él quería
era hacer películas que gustasen
a todo el mundo. Cualquiera
que haya visto alguna
de ellas no podrá evitar arquear
la ceja ante semejante
declaración, proveniente de
un hombre que ha creado un
universo plagado de criaturas
perturbadoras. Esta socarrona
ironía, sin embargo,
parece haberse confirmado,
en cierta medida, con el
tiempo: Cronenberg ha dejado
atrás su imagen de cineasta
marginal y ha conseguido
que se le reconozca
como el pedazo de autor que
es mientras sigue haciendo
lo que le da la real gana.

VINIERON DE DENTRO

Shivers, su debut en el largo,
contaba cómo la vida alienada
y ordenada de los habitantes
de un complejo residencial
se veía alterada por
la acción de un parásito que
inoculaba en sus víctimas
unas ganas irrefrenables de
pasarse por la piedra al vecino/
a de al lado. Los otrora reprimidos
burgueses acababan
convertidos en una especie
de zombies sedientos
de sexo y el final dejaba al
espectador con la sospecha
de que quizás habían salido
ganando con el cambio. Los
parásitos de Shivers inauguraban
así toda una legión de
enfermedades, mutaciones,
virus y truculencias que han
hecho que Cronenberg fuese
considerado el rey de una
especie de cine de terror con
sustancia. Un terror que poco
tiene que ver con el mostrado
por el cine clásico: si
muchas películas de ciencia
ficción hablaban de una
amenaza que venía del exterior
(una metáfora, en definitiva,
para hablar del miedo
al otro), para nuestro hombre
el mayor horror procede
de nosotros mismos. Eso sí,
aquello que tememos y que
queremos reprimir quizá
acabe resultando liberador:
los virus en el universo
Cronenberg son una fuerza
creativa que no destruye el
cuerpo, sino que lo convierte
en otra cosa.

A pesar de que Cronenberg
parece haber abandonado
el género, en sus últimas
obras el horror ya no necesita
adoptar formas fantásticas.
El canadiense ha
desplazado su interés hacia
el interior de la mente y su
relación con la violencia, una
fuerza latente, dispuesta a
saltar en cuanto levantemos
la alfombra bajo la que la sociedad
trata de ocultarla.

¡LARGA VIDA A LA
NUEVA CARNE!

En la ya mítica Videodrome,
Max Renn (James Woods)
observa cómo, por efecto de
las ondas de un programa de
televisión, se le ha abierto
una hendidura en el vientre
que recuerda poderosamente
a una vagina, y que ingiere
con voracidad cintas de
vídeo. Esta alucinante visión
de cómo la tecnología se inscribe
en nuestras carnes es
una muestra de una de las
grandes obsesiones cronenbergianas:
la transformación
del cuerpo, ya sea por
efecto de la enfermedad, la
mutación o la tecnología.
Una obsesión que en sus últimas
películas se ha ido despojando
de artificios hasta
quedarse en un examen de
los surcos que deja la vida en
el cuerpo. En Promesas del
este filma las aristas y los tatuajes,
las arrugas y los recovecos
de cuerpo de Viggo
Mortensen como si fuesen
un jeroglífico en el que reside
la clave para entender la
identidad del personaje.

‘La nueva carne’ de la que
hablan sus películas tiene
poco que ver con concepciones
esencialistas: nuestro
cuerpo ha sido hasta tal punto
transformado por la tecnología
que ya no cabe hacer
separaciones entre ‘natural’
y ‘artificial’.

La tecnología, dice Cronenberg,
somos nosotros, es
una extensión de nuestro
cuerpo -de ahí que muchos
de los artefactos de sus películas
tengan una imagen
‘orgánica’(los biopuertos a
los que se conectan los jugadores
virtuales de eXistenZ
tienen forma de placenta, la
pistola de Videodrome está
formada por carne, las máquinas
de escribir de El almuerzo
desnudo parecen insectos...).
Esto no significa
que se ofrezca una visión
apologética y acrítica: para
Cronenberg, si la tecnología
tiene aspectos peligrosos o
amenazantes es porque es
un producto humano.

LA PASIÓN EN UN
MUNDO DESCAFEINADO

Crash, adaptación de la novela
de James Ballard, supuso
para muchos la confirmación
de que Cronenberg era
un enfermo y un pervertido:
¿quién sino iba a filmar la
historia de una pareja que
descubre que la única forma
de excitarse sexualmente es
chocando sus coches contra
desconocidos? No nos dejemos
engañar: lejos del morbo
y del efectismo, Crash habla
de la alienación en la sociedad
contemporánea. La
única forma que encuentran
sus anestesiados personajes
de sentirse vivos es estrellándose;
la única sensación
real en un mundo descafeinado
se ha reducido al dolor
y la muerte. Como muestra
Una historia de violencia, no
hay nada más falso que esa
sensación de armonía y felicidad
que parece envolver a
sus personajes, esa vida
idealizada que desde el principio
se presenta -no sin
grandes dosis de humor- como
una impostura.

Frente a la falsa vida ideal
a la que se supone que debemos
aspirar, Cronenberg
imagina en sus películas a
personajes que, en lugar de
dejarse destruir por circunstancias
adversas, deciden
abrazarlas y ver hasta dónde
les llevan, aunque eso suponga
vivir en los márgenes
de la normalidad social.

NADA ES LO QUE PARECE

¿Es el protagonista de Una
historia de violencia un vecino
ejemplar o un sangriento
asesino? Y el de Promesas
del este: ¿podemos considerarle
una buena persona?
Olvidémonos: Cronenberg
nunca nos dará la satisfacción
de una aclaración. Sus
historias distan mucho de la
maniquea psicología hollywoodiense:
cada nuevo dato
sobre sus personajes no hace
más que añadir dudas sobre
su identidad. La dualidad
aparente de éstos se
acaba transformando en
una serie interminable de
capas de cebolla que suman
dosis de complejidad. Desde
las alucinaciones drogadictas
en El almuerzo desnudo
a los delirios esquizoides de
Spider, pasando por los intercambios
de personalidad
de los gemelos de Inseparables
o la representación teatral
de la sexualidad en M.
Butterfly (una película sorprendentemente
queer), el
cine del canadiense ha mostrado
su fascinación por los
devaneos de la mente. Casos
extremos que simbolizan la
difícil tarea de construir una
identidad en la sociedad
contemporánea.

“Tienes que jugar para saber
de qué va el juego”, decía
la protagonista de eXistenZ.
Quizás ésa es la mejor
forma de terminar este apresurado
repaso por la obra de
Cronenberg: ¡corran a ver
sus películas!


FILMOGRAFÍA

Promesas del este (2007)

Una historia de violencia (2005)

Spider (2002)

eXistenZ (1999)

Crash (1996)

M. Butterfly (1993)

El almuerzo desnudo (1991)

Inseparables (1988)

La mosca (1986)

The dead zone (1985)

Videodrome (1983)

Scanners (1981)

The Brood (1979)

Fast Company (1979)

Rabia (1976)

Shivers
(Vinieron de dentro de...) (1974)

Tags relacionados: Audiovisual LGTBIQ Sexualidad Queer
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