La voz desgarrada de Penélope

La esposa ejemplar que representa Penélope se sigue cuestionando en la narrativa vasca actual y ha generado brechas en la concepción de la familia tradicional y patriarcal.

Texto de Iratxe Rrtolaza

11/06/13 · 7:47
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El agur / Aurelio Arteta

La irrupción de narradoras en la literatura vasca ha sido una constante en la última década. Pese a que han elaborado estéticas y estilos literarios diversos, muchas de sus aportaciones destacan por zambullirse en los recovecos sociales de lo cotidiano, para sugerir la necesidad de cuestionar los códigos sociales y el imaginario colectivo hegemónico. En este breve recorrido, me centraré en esas aportaciones literarias que proponen fisuras en el imaginario colectivo hegemónico, con la intención de generar nuevos imaginarios y nuevas realidades sociales, procurando cambios en discursos y prácticas de género, y en posiciones patriarcales. Estas propuestas narrativas cuestionan esa figura modélica y mítica de Penélope creada en la cultura occidental y tan presente en la cultura vasca, y producen voces desgarradas de penélopes inconformistas para deconstruir ese modelo pasivo y sumiso.

Penélope, esposa

Para cuestionar el modelo de familia y de la esposa infeliz que representa Penélope, se han tratado tres líneas temáticas: la maternidad, la fidelidad y la vejez.
La temática sobre la maternidad persiste en muchas narraciones y novelas de la última década. De hecho, en todas ellas se cuestiona ese ideal de maternidad que atraviesa la cultura vasca, tanto al representar madres infelices, en narraciones de Uxue Apaolaza, Eider Rodríguez) como al destacar que es una opción y decisión personal –y no un deber comunitario– en las narraciones de Garazi Goia, Karmele Jaio. Por otra parte, en la novela de Iratxe Esnaola Galerna (2010) se nos narra la crisis de una esposa que no sabe cómo actuar ante un marido infiel que mantiene una relación con una adolescente.
Las narradoras que acuden a temáticas sobre la vejez visibilizan sobre todo la posición injusta de las cuidadoras, que muchas veces son también las mismas esposas, como en Beste norbaiten zapatak (2012) [En zapatos ajenos] de Garazi Kamio; o se recupera la aportación de las mujeres en acontecimientos históricos, mediante la memoria de ancianas. En la novela Aulki-jokoa (2009) [El juego de las sillas, Alberdania, 2012] de Uxue Alberdi, por ejemplo, se recrean historias de la Guerra Civil, desde esa perspectiva de género.

Penélope, infiel

La figura modélica de Penélope, por otra parte, representa a una mujer que espera pacientemente con la esperanza de reencontrarse con su(s) gran(des) amor(es). La narrativa breve nos ofrece varias penélopes impacientes a quienes la espera deviene en desesperanza. En esa insoportable y solitaria espera, los personajes construyen su voz y su conciencia, cuestionando las consecuencias de dicho deber social. Esta temática se refleja con especial acierto en la narrativa de Eider Rodríguez. En su proyecto literario, predomina una voz narrativa que oscila entre lo irónico y lo lírico-melancólico, que trata con cierta dosis de crueldad y distancia a los personajes.
En su primer libro, Handik gutxira gaur (2004) [Y poco después ahora, Ttarttalo, 2009], destacan las narraciones en las que se tratan conflictos políticos y sociales, atravesados por una visión de género en la que expone el sufrimiento de la Penélope que aguarda al gudari (“Actualidad política”); o se representa a una Penélope infiel, que mira más por ella misma y su futuro, que por su amante (“Susana, el guerrillero y el poeta”). En su segundo libro, Haragia (2007) [Carne, 2008], expresa las heridas de sujetos encarnados, incidiendo en los discursos sociales que se inscriben en los cuerpos (la bulimia, el afecto, la sexualidad…); y en su último libro, Kantu-jendea (2010) [Un montón de gatos, 2012] se centra más detalladamente en un aspecto que atraviesa con violencia los cuerpos en la sociedad de consumo: los discursos y prácticas sobre la belleza y la estética.

Penélope, hilandera

El acto de hilar, también nos remite al mito de Penélope. En la novela vasca destaca la novela experimental Jostorratza eta haria (1998) [Aguja e hilo, 2005] de Yolanda Arrieta. En este manual explica la historia de sus antepasados y de su pueblo, alegóricamente. La madre costurera quiere transmitir a su hija el don de la costura, el don de crear su propio vestuario, su propia identidad, y por ello le aconseja que se libere del vestido negro que ha pasado de mano en mano, generación tras generación. En esta novela simbólica, se revela que los roles de género son una construcción social, y se muestran los reversos de estas construcciones. El mito de Penélope, por tanto, funciona en una doble dirección: por una parte, como símbolo de la emancipación de las mujeres, y por otra parte, como símbolo de la reconstrucción de la identidad desde una perspectiva de género. Por eso, el acto de coser y descoser se vincula a la necesidad de revisar y reescribir discursos y prácticas de género, y los discursos y prácticas del imaginario colectivo.

Penélope, guerrera

En Koaderno gorria (1998) [El cuaderno rojo, 2002] de Arantxa Urretabizkaia, aparece una Penélope que decide integrarse en ETA. En ese sentido, la transgresión del personaje mítico es aún mayor, pues es la esposa quien se marcha del hogar y abandona a su esposo e hijos. Pero el esposo no es paciente, ni respeta la ausencia de su esposa, sino que castiga la transgresión de la protagonista de Koaderno gorria negándole relación alguna con su hija e hijo.

Penélope navegante

En la novela de Sonia Gonzalez Ugerra eta kedarra (2003) se recrea a una Penélope que transita por la ciudad de Bilbao y que se apropia de los espacios urbanos, concretamente, lugares con nombres de mujer, reconceptualizando los espacios urbanos desde una visión de género. La novela narra la nostalgia de la pérdida de la ciudad industrial y la aceptación de esa pérdida de identidad. La pérdida de la identidad industrial se sustituye por la construcción de una subjetividad femenina y urbana, transeúnte y nómada, que redefine la ciudad y lo urbano en cada uno de sus pasos, de sus pensamientos, de sus gestos.

Penélope queer

También Itxa­ro Borda utiliza el espacio urbano, la ciudad de Bilbao, como símbolo de una geografía genérica y comunitaria. En su novela Jalgi hadi plazara (2007) [Sal a la plaza], la cuarta novela de su saga detectivesca, se critican las instituciones (y la institucionalización) de la lengua y los discursos hegemónicos sobre el euskera, y de esa manera se critica el imaginario conservador que se le atribuye. Pero junto a esta crítica se reivindica la construcción de una nueva comunidad, la comunidad lésbica. La novela propone una nueva tradición lingüístico-literaria, con influencias de la cultura suletina, como un espacio lingüístico en el que se puede reafirmar la identidad lésbica y se puede articular y vivir esa experiencia lésbica. //

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