"EN TORNO A LA NOVELA ""VIDA Y DESTINO"""
La verdad despiadada de la guerra

Grossman fue en uno de los reporteros
de guerra más famosos en y
de la URSS. De 1941 a 1945, trabajó
como corresponsal de prensa en la
vanguardia del Ejército Rojo.

29/05/08 · 0:00
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Vida y destino
Vasili Grossman
Editorial: Galaxia Gutenberg
Círculo de Lectores
Traducción de Marta Rebón.
1.104 pags, 2007, 26 euros.

Construidas con concisas
descripciones
caracterizadas por
su fidelidad a la verdad,
las crónicas periodísticas
y entrevistas de Vasili Grossman
hicieron época. Pero es
su faceta de novelista la que le
ha dado fama mundial.
El empeño de la novela-río
Vida y destino es retratar, de
un modo tan hondo que es revivir,
las vivencias de mujeres
y hombres atrapados en la II
Guerra Mundial, más concretamente
en el frente oriental,
más sangrantemente en la batalla
de Stalingrado. El autor
es un testigo excepcional porque
cubrió esta batalla y la
posterior ofensiva soviética
hasta Berlín como corresponsal
de guerra del periódico
Estrella Roja, dando a conocer
al mundo el horror de los
campos de exterminio. El
propio Grossman, de origen
judío, perdió a su madre,
asesinada por los nazis junto
a otras 30.000 personas en
Berdichev (Ucrania).

Tras la guerra sigue ejerciendo
como periodista y escritor
en la URSS, pero la deriva
antisemita del régimen
supuso un giro en su obra. La
novela Todo fluye, sobre la
persecución a los judíos rusos,
quedó sin concluir, y no
llegó a ver publicada su última
y más ambiciosa obra, Vida
y destino. Pese a que
Grossman, confiando en el
aperturismo de Jrushov, intentó
ingenuamente editarla,
no sólo no pasó el filtro censor,
sino que la KGB destruyó
todas las copias existentes
de la novela... O eso creyeron,
incluso hasta el propio
autor, que se sumió en una
depresión que contribuyó a
su prematura muerte. Por
fortuna, existían dos copias
más; una pudo salir microfilmada
de la URSS y en 1985
se publicó en ruso y fue traducida
a varios idiomas.

Testimonio incómodo

También por estos lares vio la
luz una edición traducida del
francés, pero entonces no suscitó
ningún entusiasmo, acaso
porque a mitad de los ‘80
había aún cierta condescendencia,
cuando no encubrimiento,
hacia los ‘errores’ del
estalinismo. El testimonio de
Grossman debía incomodar
mucho entonces, ya que no
cabía aplicarle la etiqueta de
‘disidente’... Grossman era sólo
un hombre honrado, un comunista
con minúsculas, un
gran y conmovedor escritor.

El más de un centenar de
protagonistas de este relato
(hay al final una útil lista de
personajes principales) es la
metáfora de la humanidad a
ras de suelo luchando por sobrevivir
en un paisaje de terror
absoluto. Mucho más que
una novela bélica, es también
una indagación política sobre
la cultura totalitaria cuyo símbolo
supremo es el campo de
concentración. Una denuncia
radical del totalitarismo nazi y
soviético, pero sin propaganda
ideológica, maniqueísmos
ni simplificaciones.
Pese a recorrer los escenarios
más dramáticos del siglo,
Grossman consigue que el
lector no se deprima porque
late en el fondo una irredenta
esperanza en lo común compartido
por los seres humanos,
en la libertad, en la dignidad.

El autor, como dice
uno de sus personajes, “no
cree en el bien, pero sí en la
bondad”, y esto hace resistible
y pedagógico este descenso
a los infiernos.
De contundente y magistral
prosa, es una lectura que requiere
esfuerzo, seriedad y
compromiso emocional, pero
que brinda un viaje de conocimiento
indispensable.

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