FÚTBOL: MEMORIA HISTÓRICA
La selección perdida de 1934

Historia de una fotografía irrepetible: la de la selección de fútbol de 1934, cuyos integrantes
vivieron trayectorias muy distintas a raíz de la Guerra Civil. Un equipo que quedó dividido
en dos: mientras seis de sus jugadores se vieron obligados a recorrer los caminos del exilio,
otros tantos quedaron vinculados a la zona franquista, cuya selección luchaba por ser
reconocida como representante de la “verdadera” España.

15/02/07 · 0:00
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Madrid, once de
marzo de 1934.
La selección
española posa
ante las cámaras en los momentos
previos a un partido
contra Portugal. El resultado
final, 9-0, y el de la vuelta en
Lisboa, 1-2, llevan al equipo al
Mundial de Italia. Allí, bajo la
parafernalia fascista que
inunda el evento, la selección
cae derrotada en octavos frente
a los anfitriones. Tanto las
crónicas de entonces como
los recuerdos de hoy coinciden
en señalar que la victoria
italiana no fue precisamente
limpia, y al parecer esta tónica
continuó hasta la final, en
la que Italia se impuso a
Checoslovaquia por dos goles
a uno. Numerosos árbitros
fueron suspendidos por
sus respectivas federaciones
a su regreso del Mundial.

Aquella selección del 34
agotó en Italia sus posibilidades
de éxito internacional,
porque en el verano del 36 el
inicio de la Guerra Civil significó
la dispersión de los
hombres que componían el
equipo.

Euskadi y Barça

La guerra no paralizó la actividad
futbolística, sino que la
convirtió en una herramienta
de propaganda en la retaguardia
y en el frente internacional.
Una vez suspendida la Liga y
deshecha de facto la selección,
los futbolistas se sumaron, con
contadas excepciones, a la estrategia
de ‘su’ zona.

Cilaurren (1), Luis Regueiro
(3), Lángara (5) y Gorostiza
(12) formaron parte de la selección
de Euskadi, que el 24
de abril de 1937 se embarcó
en un bimotor con destino a
París. “Necesitábamos hacer
ver a los ojos del mundo que
los vascos teníamos una forma
de ser muy distinta a la
que algunos querían hacer
creer”, recordaría Luis Regueiro
en 1987 con motivo del
50 aniversario de la gira. El
periplo de la selección vasca
fue primero europeo -con
Francia, Checoslovaquia y la
Unión Soviética como destinos
principales-, pero a finales
de 1937, con el País Vasco
ocupado por las tropas franquistas,
el equipo decidió viajar
a América. La gira, ya sin
retorno posible, se prolongó
entonces por México, Argentina
y Cuba.

Finalizada la guerra, Cilaurren
jugó en el River Plate argentino,
en el Peñarol de
Montevideo y en el España de
México. Regresaría a Madrid
en la década de los ‘50. Luis
Regueiro militó en el Asturias
de México y permaneció de
forma definitiva en el exilio
en este país. Lángara, tras jugar
también en el España, regresó
al Oviedo en 1947, a cuyo
equipo había pertenecido
entre 1930 y 1936, y todavía
jugó dos temporadas antes de
retirarse. Por último, Gorostiza
fue junto a Roberto el único
jugador de aquel equipo
que aceptó el ‘cable’ franquista
y desertó de la expedición
antes de que ésta emprendiera
rumbo a América. Recibido
con honores de hijo pródigo,
su fichaje por el Valencia saneó
la maltrecha economía de
su club de toda la vida, el
Athletic de Bilbao. Baracaldo,
Logroñés y Juvencia de Trubia
le vieron prolongar su carrera
cuando ya le predecía la
fama de ‘juguete roto’.

Ventolrá (6) y Zabalo (11)
participaron en el Barcelona
que en junio de 1937 emprendió
también una gira
americana de la que nunca regresaría.
Disputaron catorce
partidos en México y Estados
Unidos. El encuentro jugado
en septiembre en Nueva York
frente a una selección hebrea
puso fin al viaje. Cuatro jugadores
regresaron a la Cataluña
republicana. Nueve se
exiliaron en México, entre
ellos Ventolrá, que tras militar
en el España y el Atlanta
se hizo entrenador y dirigió,
entre otros clubes, al Puebla.
Tres se exiliaron en Francia,
como fue el caso de Zabalo,
que jugaría en el Racing de
París. Ninguno decidió pasarse
a la zona franquista.

La ‘nueva’ selección

La España franquista tuvo como
prioridad ser reconocida
en el ámbito internacional como
única representante legítima
del fútbol español. Lo logró
a finales de 1937, cuando,
gracias a las gestiones de
Luciano Urquijo, la FIFA autorizó
los partidos internacionales
de la ‘nueva’ selección.
Durante la guerra, este equipo,
que vestía con un remedo
deportivo del uniforme de
Falange, disputó dos encuentros
frente a Portugal.

Chacho (2), Quincoces (4) y
Eizaguirre (9) formaron parte
de “aquellos ases del fútbol de
la verdadera España”, como
señalaba la prensa afecta al
nuevo régimen. El discurso
franquista subrayaba que estos
jugadores combatían en el
frente y en la retaguardia con
idéntico entusiasmo. Chacho
sirvió en artillería; Eizaguirre,
en la Legión, donde obtuvo el
grado de capitán, y Quincoces
fue conductor de ambulancias.

Fede (8) y Marculeta (13),
con el Sevilla y la Real
Sociedad respectivamente,
tomaron parte en los campeonatos
que comenzaban a organizarse
como signo de
“normalidad”. Así, mientras
el primero disputaba encuentros
amistosos a beneficio de
los comedores de flechas -niños
incorporados a Falange-,
el segundo participaba en el
Torneo de las Brigadas de
Navarra. Pero sin duda fue el
idolatrado Zamora (7) el jugador
que ilustró para la España
franquista el relato más repetido
y utilizado. Detenido y
encarcelado en Madrid, los
milicianos que lo custodiaban
le habrían regalado un balón
con el que se organizaron partidos
entre reclusos. Otras
noticiabas hablaban de las
veces en las que estuvo a
punto de ser fusilado y de cómo
se libró de la muerte ante
la negativa de sus verdugos
al reconocerlo. Finalmente
pudo huir a Francia, donde
jugó en el Lyon.

Seis de los hombres de
aquella selección del 34 estuvieron
vinculados a la zona republicana,
otros seis a la zona
franquista; si bien Gorostiza
lo estuvo a ambas. La suerte
del masajista Conde (10) no
ha podido documentarse para
este artículo.

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EL EQUIPO. Madrid, 11 de marzo de 1934.
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