BILBAO / UN MONTAJE O LA CRÍTICA DE LA ESCENA CULTURAL
La Ressistens: Alzarse contra fantasmas

El colectivo de artistas bilbaínos
La Ressistens se encuentra en
plena mutación. DIAGONAL
repasa la huella de un grupo
experto en la mezcla escénica.

12/04/07 · 0:00
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LA RESSISTENS. El colectivo cuenta en su hacer teatral con montajes como ‘Bräkala’ o ‘Metidas en Harina’. En 2005, las actrices y actores intervinieron en el Festival
Periferiak (ver la foto) con una Acción ‘(in)pro-visible’ en los puentes de la ría de Bilbao./la SON

Llevan apenas un mes
en el nuevo local de
la calle Cortes. Tienen
las manos en los
títeres, desnudos en alambre
y papel, y la cabeza, aún, un
poco, en la calle Atxuri 24 de
Bilbao. Baja la cabeza las escaleras
y abre la puerta del
antiguo local de La Ressistens,
laboratorio teatral, espacio
de comunicación y encuentro,
húmedo como sólo
puede estar algo que toca la
ría, precario como sólo puede
estar lo que no cuenta con
ninguna ayuda institucional,
oculto pero vivo como sólo
puede estar aquello que se
crea con “emoción y riesgo”.

Es el recuerdo de algo que
comenzó a gestarse en 2001
cuando los miembros del
colectivo teatral La Enana
Naranja se aliaron con otros
que, como ellos, querían ensayar
y trabajar y que escapaban
de las diferentes compañías
que ya conocían y
donde aprendieron “lo que
no queríamos hacer”.

Encontraron un local donde
hacerlo y, con la creación
de unas jornadas anuales de
artes escénicas, se convirtieron
en una suerte de mezcla
de lugar de trabajo para el
colectivo La Ressistens y una
sala extraña, autogestionada,
escondida, conocida por
el boca a boca que a punto
estuvo de llamarse El Locutorio.
Todo, en un Bilbao
huérfano de espacios culturales
pero que, poco a poco,
se iba convirtiendo a sí misma
en un producto cultural.

Así que pasen cinco años

Precedentes existían: Mina
Espazio, Karraka... pero para
los componentes de La
Ressistens era un tiempo
propio, “un tiempo de generación
en el que teníamos cosas
que contar más que contar
las cosas de otros”. Era su
momento y lo aprovecharon.

Durante cinco años La
Ressistens fue un local que
se necesitaba, donde “la
comunicación entre la gente
que iba era lo que creaba algo
especial. No había ese rollo
frío que tienen los teatros,
que pagas la entrada, ves el
espectáculo y te marchas.
Esto era más. Había un antes
y un después”. Se abría en los
momentos en los que el colectivo
teatral no estaba en
ningún montaje propio y se
financiaba con las entradas y
la barra. Mucho trabajo sin
ningún tipo de ayuda en una
ciudad de metal y de agua, en
plena transformación, donde
“existen distintas líneas de
un Bilbao que se vende y patrocina,
y que no es en el que
nosotros vivimos. Estamos
en algo más subterráneo y no
sé si participamos en el suyo
y ellos no participan en el
nuestro. Son dos líneas paralelas
donde aparecen y sobreviven
estos locales”. Un
Bilbao que se vende como
ciudad cultural, donde este
año se celebran los premios
Max, donde existen grandes
espacios escénicos como el
Arriaga o el Euskalduna pero
que, sin embargo, son una
suerte de “fantasmas a los
que jamás vamos a acceder”.

Batalla con la nostalgia

Las malas condiciones del local
de Atxuri, una subida
desmesurada del alquiler y
una necesidad del colectivo
de “cerrar un ciclo muy intenso
de autogestión, creación
y colaboración” llevaron
a un cambio de local a
la calle Cortes. Una vía conocida
por las drogas y la
prostitución, pero llena
también de locales industriales
y baratos donde se
están refugiando muchos
artistas y colectivos sociales
que buscan espacios para
trabajar.

El nuevo local es más pequeño
y no saben si podrán
abrirlo para que otros artistas
muestren sus trabajos
y que sea “un cúmulo
de cosas y personas como
era antes”. De momento, se
centran en un próximo
montaje de títeres y batallan
contra la nostalgia y
con una crisis individual y
colectiva dentro del ámbito
de la creación artística, pero
de la que nacen obras “llenas
de fuerza y de rabia”.

Ahí siguen, con las manos
metidas en papel y en
madera, convencidos de
que “hay mucha gente en
este mismo momento, creando,
trabajando, aunque
este Bilbao cultural no vaya
a ser escaparate para ellos”.
Existen, se mantienen, porque,
al igual que La Ressistens,
intentan darle un
poco de sentido a sus vidas
a través del teatro.

Tags relacionados: Bilbao Artes Escénicas autogestión
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