CICLISMO: TEMPORADA 2009
La reaparición

Para muchos la emoción de volver
resulta superior a la de irse. Volver y
reivindicar el mismo lugar que se
abandonó está provisto de una
épica antigua.

11/12/08 · 0:00
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SÓLO LA ‘GRANDE BOUCLE’. Los
puristas del ciclismo consideran que
Armstrong hizo mal al desdeñar otras
rondas, como el Giro o la Vuelta

Cuando un deportista
se retira antes
de la edad media
que se considera
apropiada en su deporte
suele ser a consecuencia de
una lesión o un episodio de
dopaje (retirada obligada en
ambos casos) o porque
quiere despedirse “en lo
más alto” (voluntaria en éste
y más cerca del paradigma
de otro espectáculo hoy
denostado). En el primer
caso, la reaparición puede
tener lugar, aunque difícilmente
suele alcanzar el
éxito anterior; en el segundo,
la reaparición es muy
improbable y, por regla general,
tiene el tono de un
epílogo desdibujado.

El anuncio de que Lance
Armstrong correrá el Tour
de 2009 desafía este escueto
análisis y pone en cuestión
las nociones más extendidas
sobre la edad y el
deporte de élite. Armstrong
ya reapareció una vez. Fue
en el año 1999; el corredor
tejano había logrado superar
un cáncer de testículos.
Parecía otro.

El contrarrelojista corpulento
era ahora un fino especialista
en cualquier terreno.
Su fuerza mental y su
sentido de la superación
–herencia, según varias hagiografías,
de la lucha contra
el cáncer– lo convertían
en un corredor especial. La
“renovación celular” de un
cuerpo alimentado de medicamentos –la frontera entre
sus necesidades médicas y
el dopaje no estaba clara, según
sus adversarios– hacían
de él una máquina imbatible
y sospechosa. Volvió
Armstrong y se dedicó a ganar
Tours: hasta siete consecutivos
(1999-2005). Y en
lo más alto del podio de
París se retiró.

‘Déjà vu’

La segunda reaparición
tendrá lugar en 2009 y nadie
contaba con ella.
Vuelve el corredor americano
para contarle al mundo
la buena nueva de su
fundación contra el cáncer.

No será el único; reaparecen
también compañeros
en retiro obligatorio.
Regresa Ivan Basso, redimido
tras dos años de sanción
por dopaje y decidido a
compartir con la afición su
descubrimiento del juego
limpio y la vida sana. Se reincorpora
también, o al menos
eso pretende, el kazajo
Alexander Vinokourov, que
quiere demostrar que la suya
es la historia de una víctima.
Así que en la temporada
2009 será posible contemplar
un espectáculo de otro
tiempo: la pedalada inagotable
de Armstrong, la indolencia
de Basso, siempre
conforme con llegar segundo,
y la agresividad de Vinokourov.

Como en un sueño,
o una pesadilla, la sensación
de déjà vu acompañará la
enésima reinvención del ciclismo,
una nueva ocasión
para trascender el mero espectáculo
deportivo.
Se empeñaban los organizadores
del Tour en acabar
con esa “lacra” del dopaje,
tan incómoda, y no se
daban cuenta de que esa lacra
construía una historia
nueva para el Tour y para
todo un deporte.

Tríada

Porque Armstrong, el eterno
sospechoso; Basso, el
converso, y Vinokourov,
profeta de los negacionistas,
componen la tríada del ciclismo
profesional contemporáneo,
ese deporte en el
que justificarse es otra forma
de pedalear. Regresan a
la élite y concitarán un interés
desmedido, y ya no habrá
decepciones ni sorpresas.
Como los combates
amañados forman parte del
boxeo y las primas a terceros
del fútbol, la sombra del
dopaje es ya parte irrenunciable
del ciclismo, y le ha
dado un nuevo tono.

A la historia del joven al
que su abuelo le compró
una bicicleta se superponen
hoy los relatos sofisticados
de profesionales que descubren
en el ciclismo una forma
de autoayuda y tratan de
compartirla con el público
merced a los oficios de sus
abogados, representantes,
jefes de prensa; con el concurso
de sus fundaciones
benéficas, páginas web,
marcas patrocinadas, etc.
Han vuelto. Probablemente
nunca se habían ido. Alberto
Contador está llamado
a marcar una nueva época,
pero no parece fácil. Contador
sí es tal vez un ciclista de
otro tiempo. ¿De cuándo?
Difícil trazar una raya para
saber en qué momento empezó
a gestarse esa unión tan
estrecha entre el ciclismo y la
sospecha. La memoria histórica
del pelotón de élite (pendiente
de escritura) está jalonada
de mitos intocables

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