“La puta y el gigante”

Publicamos el inicio de este monólogo teatral que acaba de publicar la
editorial Artezblai, y que aborda la violencia de Estado en Colombia y la
manipulación sistemática que realiza el “periódico global en español”.

18/02/11 · 8:00
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Es necesario escribir esta obra
con nombres y apellidos.
Pero hay que elegir, rodear
con cientos de hormigas a las
palabras para que las indispensables
subsistan. Y del ataque
de las hormigas rojas del
Congo Colombiano sólo sobreviven
dos nombres y apellidos.

Álvaro Uribe y El País.

El presidente con su guayabera
blanca y el periódico con
toda su prole, desde el director
hasta los explotados becarios
que se presentan con el cuchillo
entre los dientes al Máster
del Periódico Global en
Español.

Y yo me pregunto, ¿Qué ser
humano pudo ponerle un
nombre tan pretencioso a un
periódico?

Y entonces viene a mí, como
una aparición,la imagen de la
Puta Culta. La veo sentada en
su despacho mirando el cielo
de Madrid como Newton miró
una manzana y llegando a la
conclusión mágica: “El periódico
global en Español”. Y veo su
sonrisa, y lo imagino caminando
hacia el despacho del director
de El País.

Él, don Miguel Ángel Bastenier,
ha descubierto el nombre
perfecto para el periódico
perfecto, de la misma manera
que un día descubrió que los
bolivianos eran en realidad
Homo bolivianus.

Y yo me pregunto: ¿Cómo alguien
puede decir Homo bolivianus
y quedarse tan tranquilo?

¿Cómo puede ser que no haya
un escándalo en nuestra querida
madre patria? Y vuelvo a pensar
patológicamente en la violencia
cuando sé que no estoy ni
remotamente dispuesto a mancharme
tanto de mierda.

Por algo hago teatro.

Y a mí la violencia me marcó.

Porque a mí me educaron
viendo las peleas de Mano de
Piedra Durán, y cuando era chico
mi papá me decía: Si querés
que te respeten, pegá. Y yo pegaba,
pero cuando estaba solo
en mi casa me ponía a llorar.

Tal vez porque en mi casa había
otras formas de violencia.

Y cuando cumplí catorce años
me di cuenta que mi cuerpo no
crecía al ritmo de los demás, no
me salían pelos en el cuerpo y
un médico le dijo a mi madre
que tenía desarrollo tardío.

Y yo seguía soñando con ser
como mis amigos que se peleaban
en las discotecas pero cuando
llegaba el momento me iba.

Y todavía hoy recuerdo la vergüenza
que sentí cuando agaché
la cabeza frente a un grupo de
jugadores de rugby que nos quisieron
partir la cara a mis amigos
y a mí.

Y yo ni siquiera me atreví a
separar a mis amigos que se
quedaron ahí. Sin pegar, pero
sin irse.

Y yo no quise arriesgarme a
que me partieran la cara porque
había un jugador de
Rugby al que veía como un jodido
gigante.

Y lo peor de todo es que terminé
llamando a un policía. Y
recuerdo ahora que un periodista
de EL PAÍS llamó a Álvaro
Uribe EL GIGANTE o el Grande,
como si fuera un jodido
anuncio del NODO Franquista
de la falange.

Y recuerdo que alguien me dijo
en Colombia que los que
habían iniciado las masacres hace
ochenta años eran falangistas.

Y mientras me pregunto por
qué EL PAÍS nunca habla de
HISTORIA me pregunto por qué
a mí me cuesta tanto hablar de
la parte de mi historia que no
suelo contar.

Porque como dijo Reinaldo
Arenas uno escribe sobre lo que
no se atreve a vivir.

Y siento que la grieta que
hay entre lo que somos y lo
que queremos ser, ese precipicio
que se abre en medio, es el
único lugar en el que estamos
vivos.

Porque ya no hay lugar para la
palabra. //

Teatro y periodismo:

- [ENTREVISTA A MARCO CANALE->13714]
- [La escena que no es ficción->13713]

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