ENTREVISTA CON BEATRIZ PRECIADO, FILÓSOFO
“La pornografía es una noción política”

El filósofo y activista queer Beatriz
Preciado, autor del ‘Manifiesto
contra-sexual’, ha dirigido
diversos proyectos sobre la
representación del sexo.

24/07/08 · 0:00
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CONTROL DEL CUERPO. Según Preciado (en la imagen, durante el seminario), vivimos en un nuevo régimen, el capitalismo farmacopornográfico / Aitor Bengoetxea / Arteleku tv

En su último libro,
Testo yonqui (Espasa
Calpe, 2008), describe
un nuevo capitalismo
farmacopornográfico,
a la vez que relata su experimentación
con la testosterona.
Su próximo trabajo será
una relectura filosófica de la
historia de la pornografía, “un
prisma extraordinario para
entender la construcción del
cuerpo, del placer y de la identidad
sexual”.


DIAGONAL:
¿Qué querías
abordar con el cocktail de
conceptos Feminismopornopunk?

BEATRIZ PRECIADO: Me
interesaba hacer resonar el
punk y el porno contra la noción
de feminismo, que por
una mezcla de desinformación
y garrulismo machista,
se piensa a menudo como
una teoría política antipornográfica,
asexual y gazmoña.
El feminismo postporno y el
movimiento punk comparten
un cierto gusto por el feísmo,
una estética barata y anticonsumista,
y la conciencia de
que buena parte de la batalla
política se libra en el cuerpo.
Son dos de los movimientos
más radicales y lúcidos de la
segunda mitad del siglo XX.
Quería generar redes de intercambio
entre las nuevas
generaciones y los activistas
internacionales creadores del
movimiento. El reto era abrir
un diálogo desde la pluralidad,
la contaminación entre
gays, lesbianas y trans; drag
kings y superféminas; lo global
y lo local...

D.: ¿Qué ha aportado al movimiento
este seminario?

B.P.: Estamos asistiendo al comienzo
de una microrrevolución
en la representación de
las sexualidades minoritarias
y en la producción de pornografías
subalternas. Se está
creando una masa crítica porno:
la conciencia de que construimos
algo colectivamente.
Para mí el elemento más
transgresor ha sido la alquimia
entre discurso crítico y
prácticas de producción de
placer, la transversalidad de
prácticas y de identidades. Los
talleres de sexo fueron especialmente
creativos, por la implicación
colectiva y la puesta
en práctica de nuevos modos
de habitar el espacio público,
de hacer, mirar, gozar.

D.: ¿Cómo opera el capitalismo
farmacopornográfico?


B.P.:
Es un nuevo régimen de
control del cuerpo y de producción
de la subjetividad
que emerge tras la Segunda
Guerra Mundial, con la comercialización
de nuevos
materiales sintéticos y sustancias
como la silicona y la
píldora, y la transformación
de la pornografía en cultura
de masas. Este capitalismo
caliente difiere radicalmente
del puritano del siglo XIX: saca
beneficio de nuestro carácter
de politoxicómanos y
masturbadores compulsivos.
La pornografía se desarrolla
desde su nacimiento dedicada
únicamente a la producción
de placer masculino heterosexual.
Ahora el vídeo
doméstico y la ciberpornografía
producen una nueva
revolución político-visual.
Las mujeres heterosexuales
acceden a la imagen pornográfica
como consumidoras.


D.:
¿Qué es el postporno?

B.P.: Es el efecto del devenir
sujeto de aquellos cuerpos y
subjetividades que hasta ahora
sólo habían podido ser
objetos abyectos de la representación
pornográfica. A finales
de los ‘80, en plena crisis
del sida, las mujeres y las
minorías se reapropian del
dispositivo pornográfico y reclaman
otras representaciones
y otros placeres que cuestionan
la mirada del gran
eyaculador blanco heterosexual.
El movimiento postporno
nos enseña que la pornografía
es una noción esencialmente
política: no existe sin
leyes y técnicas que definan
los límites de lo públicamente
visible, restrinjan su distribución
y recepción, y regulen
la mirada. Estas leyes y técnicas
privilegian el placer masculino
heterosexual y normalizan
los modos de hacer
sexo. El movimiento postporno
propone una ampliación
de la esfera pública pornográfica
que permita miradas
críticas y disidentes.

D: ¿Es necesariamente LGTB?

B.P.: En absoluto. Cuestiona
las dicotomías tradicionales,
por lo que es crítico también
con la representación normativa
de las sexualidades
lesbianas, gays o trans. Este
trabajo crítico es más intenso
en el movimiento queer,
debido al trabajo asociativo
y de lucha política, pero afecta
también a la heterosexualidad:
no hay más que ver el
trabajo de directoras como
Erika Lust, Sandra Uve o
María Llopis. Shar Rednour
o Tristan Taormino enseñan
a las mujeres heterosexales
en sus películas a penetrar
analmente a sus amantes
masculinos, rompiendo una
de las normas fundacionales
de la heterosexualidad: la
impenetrabilidad de los
hombres.


D.:
¿No se queda en la élite o
en las minorías?

B.P.: No es elitista sino fundamente
corporal y político.
Se trata de un espacio de experimentación
y de crítica en
el que inventar nuevos imaginarios
y crear representaciones
que cuestionen el modo
habitual de mirar y de sentir.
Debemos dejar de considerar
al consumidor de pornografía
como si fuera un ojo siempre
estúpido y acrítico. Ahora
existe un masturbador informado
que sabe dónde buscar
representaciones alternativas
a la pornografía tradicional.

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