CINES INVISIBLES: TAIWAN EN IMÁGENES
La poética de la incomunicación de Hou Hsiao-Hsien

Retomamos la serie de ‘Cines invisibles’ para dar a
conocer la obra de Hou Hsiao-Hsien, director
taiwanés apenas estrenado en nuestras pantallas
que se ha convertido en uno de los cineastas
imprescindibles de los últimos años.

29/03/07 · 0:24
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IMÁGENES Y SENSACIONES. Las obras de Hsien consiguen transmitir en imágenes lo invisible de las emociones.

Tan solo unos meses
después del estreno
de la última película
del realizador
Hou Hsiao-Hsien, titulada
Tiempos de amor, juventud y
libertad (Three Times, 2006),
su arte cinematográfico continua
sin ser tomado en consideración
tanto por la crítica
como por el público. Una
indiferencia injusta e incomprendida
que a lo largo de este
breve texto se pretende
rendir cuentas a este ‘Lumière’
del siglo XXI.

A diferencia de otros directores
asiáticos, más populares
entre la cultura occidental,
como Zhang Yimou
(China), Wong Kar-wai
(Hong Kong) o Takashi
Miike (Japón), que limitan
su lenguaje cinematográfico
al uso y abuso del montaje,
enriquecido con una puesta
en escena brillante y heredera
de una estética que va a
caballo entre lo moderno y
lo postmoderno; Hou Hsiao-
Hsien se opone a sus compañeros
por apoyarse en el valor
de la cámara para retratar
a través del objetivo el
testimonio de una realidad
que más que representada,
es fotografiada.

Elementos que confirman
mi sospecha de interpretar
el cine de Hsien desde una
lectura que le aproxima a los
discursos de Hirokazu Koreeda
(Nadie sabe, 2005) o
Takeshi Kitano (Dolls, 2002).
Para ello lo argumento sobre
dos razones: primera, pretende
a toda costa capturar
la emoción por encima de
cualquier trama; segunda,
sus obras son un ejercicio de
resistencia frente a un presente
que se torna pasado
con demasiada rapidez.

Las amplias formas de hacer
frente a la contemporaneidad
han propiciado en el
panorama oriental un debate
muy interesante e intenso
con respecto a los diversos
modos de abordar lo real y
el poder narrativo de la
puesta en escena. Desde el
momento en el que Hsien
comenzó su andadura dentro
del mundo del cine a
principios de los años ‘80,
con títulos tan interesantes
como El maestro de marionetas
(1989) o Millennium
Mambo (2001), su máxima
preocupación ha sido encontrar
una distancia razonable
entre la cámara y los actores
para plasmar el movimiento
de sus cuerpos, cuyo espacio
debía delatar la presencia de
unos seres humanos con una
existencia y unos sentimientos
determinados.

Respuestas
a la modernidad

El tejido visual propuesto
por este director nacido en
Meixian (China) en 1947, viviendo
la mayor parte de su
vida en Taipei (Taiwán), oscila
de la quietud máxima al
frenesí más radical. Su cine
intenta desmenuzar numerosas
preguntas que son inherentes
a un país sesgado
por los acontecimientos históricos
y que se siente desconcertado
ante la imposibilidad
de recobrar su perdida
identidad nacional. Primero
fueron colonizados por portugueses,
españoles, holandeses,
seguido por los chinos,
japoneses y finalmente
volvieron otra vez a manos
de China como consecuencia
del final de la Segunda
Guerra Mundial.

La isla, antiguamente llamada
Formosa, vive a través
de la mirada de unos directores
tan soberbios como
Edward Yang, Hsien o Tsai
Ming Liang un momento especialmente
interesante al
encerrar en sus obras algunas
de las respuestas que la
modernidad no ofrece. En el
caso del autor de Three
Times, intenta instaurar un
nuevo orden visual basado
en la negación de todo movimiento
que no proceda de
lo que la cámara esté grabando,
quedando el movimiento
generado por corte
o montaje relegado a un discreto
segundo plano.

Postura radical teniendo
en cuenta que en las últimas
películas se adentra en el corazón
de la ultramodernidad
de Taipei, con todo lo que
eso conlleva: luces de neón,
carreteras saturadas, avenidas
atestadas de gente, bullicio
y caos urbano. Hsien opta
por filmar el nuevo milenio
desde una óptica de la
sencillez, no desea perseguir
con la cámara la velocidad
del mundo urbano -le resulta
confuso y poco práctico-
sino la intimidad de los cuerpos
de sus protagonistas. Es
en ese espacio corporal donde
se halla la clave para entender
la típica ‘imagen detenida’
del director, en el que
se filtra y destila los verdaderos
sentimientos devastadores
de la globalización.

Es indudable que en los
planos-secuencia se revela
su maestría al negar la importancia
de la narración por
otro sistema dramático menos
convencional como los
silencios, la quietud o el fuera
de campo. Algunos directores
prefieren correr detrás
de los personajes, otros,
Hsien incluido, verles alejarse
y fotografiar su estela.

Ante el cambio asfixiante
del mundo actual, el director
taiwanés propone inmovilidad,
donde hubo fragmentación,
él enfatiza la continuidad,
así sucesivamente hasta
conseguir que el espectador
capte un panorama completo
de un universo en descomposición,
pero soportado solamente
por la mirada del
que observa desde la oscuridad
de una sala de cine. Sus
personajes viven sumergidos
en una impotencia absoluta
por verse instalados en
un tiempo desvanecido por
la falta de futuro e incapaces
de salir de un nihilismo que
les empobrece. Nosotros sí
que podríamos ser los verdaderos
delatores de esa realidad,
la misma que los propios
personajes viven, pero
no la perciben como tal. No
la ven, la tienen tan cerca
que sólo al alejarse se observaría
en toda su dimensión.
De esta forma, el director
nos susurra que la constatación
de lo que miramos es
uno de los síntomas de un
tiempo que parece no tener
escapatoria y que nos condena
a una soledad y un desgarro
emocional que muy bien
se aprecia en Millennium
Mambo o Three Times.

El nuevo Lumière

Hou Hsiao-Hsien se sirve del
lenguaje cinematográfico
para garantizar una mayor
comunicación con los receptores
de su obra, amplía los
recursos de fuera de campo,
canaliza la imagen en sí misma,
como unidad mínima de
información, sin necesidad
de manejar la narración para
contarnos la trama. Sus
escenas se entienden no desde
el punto de vista de lo que
sucede, sino de lo que se
siente. Inevitable no pensar
en la radicalidad expositiva
de un director que ve en el cine
moderno los potenciales
artísticos para que conjugándolos
con ese manido cine
postmoderno, se lleve la palma
para ser nombrado como
el “nuevo Lumière”, ya que
solamente alguien que es
consciente de su realidad
puede recoger de forma tan
elegante la salida de unos jóvenes
de una discoteca, de
igual forma que los hermanos
Lumière grabaron un siglo
antes la salida de los
obreros de la fábrica.

Y es que la capacidad de
Hsien para ‘recoger’ lo que
ve asombra por su inaudito
poder de filmar lo invisible
de la emoción y no como la
gran mayoría del cine contemporáneo,
que reproduce
lo que filma.


FILMOGRAFÍA

1980 Chica bonita

1981 Ciego de amor

1983 El hombre de amor;

Hogar, dulce hogar;

Los chicos de Fengkuei

1984 Un verano con el abuelo

1985 Tiempo de vivir,
tiempo de morir

1986 Polvo en el viento

1987 La hija del Nilo

1989 La ciudad triste

1993 El maestro de marionetas

1995 Hombres buenos,
mujeres buenas

1996 Adiós sur, adiós

1998 Las flores de Shanghai

2001 Millenium Mambo

2003 Café Lumière

2005 Tiempos de amor,
juventud y libertad

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