“La pobreza es sagrada y es muy útil pasar por ella”

El director de cine Santiago Lorenzo ahora escribe novelas. La primera, ‘Los Millones’, trata sobre un militante del Grapo al que le toca la lotería Primitiva y no puede cobrar porque no tiene DNI.

16/01/12 · 14:35

No cabe duda de que haremos la entrevista con Santiago Lorenzo, el autor de la novela Los Millones, en un bar. La tragaperras, el escudo del Sporting de Gijón y el letrero que alguna vez le hizo gracia a un cliente acompañan la conversación.

El de Los millones no es el
 Madrid sórdido de los libros
 de Juan Madrid ni mucho menos
 la capital de la movida.

Yo vine a Madrid un poco antes
 de que empezara a pasar eso [la
movida]. Lo que me mosqueaba
de venir es que parecía que
llegabas a la planta joven de El
 Corte Inglés. Daba la impresión
 de que pasaban muchas cosas en Madrid pero a mí no me interesaba
 nada ni La Edad de
Oro, ni una serie de pijos de
apellidos ilustres dándoselas de
barriobajeros, como los
Hombres G o la Olvido Gara.
 Entonces supongo que con eso
por detrás, sin planes determinados,
 te acaba saliendo un libro
 en el que nunca aparece la
palabra ‘movida’.

Hay alguna referencia a
 Malasaña, de todos modos.

Es sobre esa gente que vive
instalada en lo que dicen los periódicos que es Madrid, no
en lo que ellos ven, sino en lo
 que dice Paloma Chamorro
que es Madrid. Esos personajes
 se ven en la obligación de
 pertenecer a un tiempo y un
espacio como el que hace la
mili. Tengo un amigo, Víctor
 Coyote, que sí estaba en esa
época y abomina de todo eso.
 Son los peligros de la nostalgia,
 cuanto más te dicen eso,
una juventud más sosa y más
mierda tuvo quien te lo dice.

En la movida, no obstante,
 también hay una reivindicación
de la tasca que aparece
 también en el libro.

Desde luego. La tasca se reivindicó
siempre: la tasca está en
 Tono, en Mihura, en Jardiel, en
Ramón, y si tiras para atrás, en
 Mesonero Romanos... Está reivindicada
siempre porque los
 sitios agradables se reivindican,
 pero eso es una parte. El casticismo
será parte de la movida
pero no es excluyente de la movida.
 Para el protagonista de la novela no existe ese tiempo, éste
 ha caído en Madrid como podía
 haber caído en Durango.

Los protagonistas ¿también
 han caído así en la política?

Viven absolutamente de espaldas
 a la política, a la sociedad,
 al momento estético, al momento
 discográfico, al momento
 pictórico, etc. Te pones a escribirlo
 y un día dices ‘qué gracia:
uno es un activista político
 y otra es una periodista’, dos
ocupaciones que se supone que
 aspiran a influir en la sociedad,

 y estos son dos tortugas, dos mejillones... Yo con el Grapo
tuve unos encuentros, pero absolutamente
involuntarios. No
he investigado, ni me he ido a
la hemeroteca. Me da igual. La
 novela no habla del Grapo. Ni
 de las elecciones. Ese año fue el
 referéndum de la OTAN, y tampoco
 aparece.

Es una batalla romántica que
no se vive con romanticismo.

Como de ETA (Risas). Es que
 es un tío de natural antiviolento
 que está metido en una estructura
violenta. Es un tío de
natural apolítico que está metido
 en una estructura política,
 es un tío que no ha ligado en
 su puta vida y liga... Está metido
 ahí como nos vemos todos
 metidos en cualquier lado. En
realidad llegas un día y dices
‘ y yo, ¿para qué me casé’ o
‘¡pero si ya hace 15 años que estoy currando en Parmalat...’

 Pues esto es lo mismo, se ve
 metido ahí y nos importa muy
 poco su opinión política. Está
 metido ahí porque pertenecía
 a un grupo de montaña, que es
 algo que se daba mucho. Yo
 estuve en un colegio del Opus,
y empezaba también por el
 grupo de montaña o de aeromodelismo,
 y cuando te querías
 dar cuenta estabas metido
vete a saber dónde.

¿Crees que desde el cese de
ETA hay alguno ahora como el
protagonista de Los millones?

Ahora parece que el libro es
premonitorio. Yo me callo. La
 verdad es que es un proceso humano
 que veía viendo venir.
 Pero bueno, como el libro es del
 Grapo, puedo decir que no estoy
 hablando de ETA, hablas de
ETA y te metes en unos berenjenales
 de la hostia.

¿De dónde sacaste el detalle de
 que el jefe trabaje de restaurador
en una iglesia?

Entre los que buscan refugio en
 recintos sagrados y los emparedados,
 parece que la iglesia es
 un sitio de esconderse.

En el libro hay mucho cuidado
 en narrar lo que comen, lo que
 beben y también las economías
 que se hacen con eso, ¿te ha tocado vivir esas penurias?

Si te toca pasar eso es buena señal.
Si te ves así de vez en cuando
 es que vas bien, que estás haciendo
 lo que debes. Sí, ha habido
 momentos de ennoblecedora
 pobreza que son momentos
muy didácticos. Al que le ha
ido mal es al que se creyó hace
 cuatro años que era millonario
ya por fin y ahora se encuentra
con que no. La pobreza es sagrada
y es muy útil pasarla. Es
 una forma de vida. Y los problemas
 en general son útiles y es
bueno joderse, esto viene a ser
 la teoría del libro.
Me gusta que
cuando por fin el tío se hace con
toda la pasta, el personaje sigue
comprando las [galletas]
Leandro y la Buzz cola. Hay una
f rase que dice que un caballero
 es el que se hace rico y no cambia
de sastre. Ésa es la idea.

En una entrevista hablas de los
valores de Los millones, ¿tiene
 algo de cristiano el libro?

(Risas.) Ah, sí, el libro tiene valores
 no excluyentes del cristianismo.
 No se dicen tacos, por ejemplo.
 Los protagonistas, quizá forzados
 y sin pretenderlo, llevan
una vida muy casta. Y luego está
 esa cosa franciscana de vivir en
 la pobreza; o el hecho de que es
un libro en el que no aparece el
 Madrid del hedonismo, es más,
 se ríe del hedonismo.

¿Cuándo pasó de ser un guión
a ser una novela?

No sé bien cuándo tienes el
 guión acabado, pero empecé a
 escribir esto hace un montón
de tiempo, un verano que yo
 estaba totalmente arruinado.
 Aquí nunca se ha estilado hacer
 algo no grave y no serio sobre
el terrorismo.
Las cosas están
 cambiando pero en su día
 era una bobada intentar hacer
 una película con esto. Porque
todo el mundo le da otras lecturas.
Hay aspectos cómicos
 en la novela de puro chungos;
 iba a ser una película con partes
 cómicas sobre el terrorismo.
Yo lo moví un tiempo y
 después lo dejé tirado. Lo empeceé a reescribir hace cinco
años con mi amigo Daniel
 Torres. Luego también me han
ayudado mis hermanas, si a
ellas no les indigna algo que
leen es que puede estar bien.

Antes has dicho que te han
echado del cine, ¿cómo es eso?

No es que te echen, pero llega
un día que ves que lo mejor es
pirarse. Te da la sensación de
que los beneficios se los llevaba
siempre otro. Entonces dices,
si lo hago por mi cuenta y
lo haces mal pues te vas a enterar
de que tampoco eras tan listo,
y si lo haces bien, pues los
beneficios son para ti y para la
gente que está ahí y no la gente
que no está. En el cine trabajabas
para que no estropeara el
proyecto un tío al que le iba a
salir la hora trabajada mejor
que a mí.
Por eso dices “hay
que pirarse”, y volver a la época
de los cortos, cuando se trabaja
lo justo –no había que trabajar
para quitarse de encima a
gente que lo estaba jodiendo todo
aunque no lo supiera–. La
cosa está funcionando.

Y funciona, ¿no?

A estos efectos sólo... No hemos
vendido 200.000 copias precisamente.
Bueno, hay tiradas de Planeta
que venden 700 ejemplares.
Entonces ya les hemos ganado,
mira.

¿Con qué proyecto estás?

Pues tengo otra novela acabada
desde la semana pasada. Se llama
Los huerfanitos.

¿Y tiene una sinopsis tan gráfica
como la de Los millones?

Es más corta, tiene 11 palabras:
“Los hermanos Susmozas
odian el teatro. Se meten a productores
teatrales”. //

Para gente de buenas costumbres

Novela de peripecias protagonizada por un «tolili» o novela de amor protagonizada por dos inadaptados, Los Millones devuelve momentáneamente la fe en la buena gente, ésa que, sin importar dónde esté, es capaz de no caer en la tentación de aburrir al personal con sus problemas. La novela de Santiago Lorenzo, proclamada libro de julio y agosto por el escritor Kiko Amat, se desarrolla en un Madrid de trifásicos (mezcla de tres bebidas inventadas por los «obreros»), churros con chocolate y buenas costumbres. Los millones es un premio para quien tenga la suerte de leerla.

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comentarios

2

  • |
    anónima
    |
    19/01/2012 - 12:24am
    Harry Rag: Lo que ha dicho Lorenzo es suscribible desde el existencialismo, el cristianismo, el senequismo, el budismo y el hippismo, por poner sólo unos ejemplos. Y es suscribible, sobre todo, desde su propia experiencia (es amigo mío desde 1983), sin necesidad de ideología ninguna. Tu pretensión de adscribir su comentario en exclusiva al catolicismo tontorrón es una trampa dialéctica bastante mierdosita en la que nadie tenemos por qué caer.
  • |
    anónima
    |
    18/01/2012 - 8:41pm
    Es la misma mierda de la Madre Teresa de Calcuta: que la pobreza es un don del cielo. Los tontos de izquierda son peores que los pijos. Puaf!
  • Santiago Lorenzo (Foto: David Fernández)
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