ENTREVISTA A MANUEL RIVAS, ESCRITOR
“La literatura no debe aceptar los pactos de silencio que se dan en la sociedad”

En estos días se cumplen
cuatro años del
desastre ecológico
del Prestige, y el aniversario
coincide con la desolación
de una tierra quemada
durante el verano, cuyas cenizas
fueron arrastradas posteriormente
al mar para calvario
de la naturaleza...

23/11/06 · 0:00



Según
Rivas, “se vive la paradoja de
que la idea más interiorizada
que tenemos de Galicia es una
estampa bucólica: el país verde,
de naturaleza, de mar; una
naturaleza muy singular y
muy poderosa. Y asistimos a
una especie de maldición bíblica,
una ‘negra sombra’, como
decía el poema de Rosalía.

Pero es que Galicia se encuentra
un poco en primera línea
de la sociedad de riesgo. Entró
en el siglo XXI con tres crisis
muy graves que afectan a
lo que Castelao llamaba la
‘santísima trinidad’ de Galicia,
los tres tótems que podrían
figurar si hubiera unas
monedas gallegas: el árbol, la
vaca y el pez. Las mareas negras,
la llamada peste de las
vacas locas con sus piensos
fraudulentos, y después los incendios.

Galicia está actuando
como una metáfora de lo
global, del modelo de globalización
que se está dando, ya
que no son crisis que podamos
atribuir a un dios eternamente
enojado, sino que tienen
que ver con la acción humana.
Pero lo más significativo
es que no se ha aceptado
ese papel mediático de ‘Galicia:
yacimiento catastrófico’
como lo que decía Baudrillard
para África. Si algo ha caracterizado
a Galicia en muchos
momentos históricos ha sido
una capacidad de rebelión
frente a esa fatalidad”.

Libros incombustibles

Rivas aprendió el oficio “de
los que escribían en el aire”,
los narradores orales. Recuerda
que “mi primer libro fue la
memoria de mi madre”. Los
poemas de la madre, las historias
de nuestros abuelos,
¿no se perdieron en la hoguera
de una escuela de megacentros
comerciales y videojuegos?
Rivas responde, esperanzado:
“Es verdad que esa
impaciencia capitalista es como
si se interiorizara un poco
en todos, condicionando el
propio lenguaje y la relación
entre las personas, los ámbitos
comunitarios... Hay momentos
en que parece que la
desesperación puede más que
la esperanza. Pero yo creo
que los espacios de esperanza
tampoco son tan fáciles de
anular. Incluso en esas condiciones
de interiorización de la
impaciencia, en que el propio
cuerpo se siente absolutamente
incómodo o huérfano,
con espacios de desolación.
Pero no creo que las madres
dejen de contar historias. Y en
todo caso, a veces no son las
madres, siempre hay alguien
que trasmite un relato, o formas
de relato. Yo creo que a
lo que no renuncia el ser humano
ni siquiera en estas
condiciones tan adversas es a
los cuentos. Y los cuentos se
trasmiten porque la vida tiene
vocación de cuento y a veces
lo hace de la forma más insólita
e imprevisible. Y siempre
hay alguien que hace de caracola.

Siempre hay un hilo
de leche, la idea aquí de la
madre con la memoria sería
como el hilo de leche. Y hay
soledades que a veces son
muy buenas madres”.
Uno de los ejes de la novela
son los jóvenes libertarios.
En su juventud, Rivas estuvo
entre los fundadores de la primera
radio libre de Galicia.
En octubre de 1974, a los tres
días de llegar a Madrid para
estudiar periodismo, fue detenido
en una manifestación
estudiantil. Rivas lo recuerda
con entrañable humor: “La
verdad es que eso entraría
más en el sainete..., porque
es llegar aquí y como quien
dice, la primera vez que sales
a la calle y participas en un
‘salto’, y te encuentras en un
callejón sin salida. Fue en
Princesa, estaban haciendo
El Corte Inglés. Y fue muy impresionante,
porque salieron
los obreros con los cascos y
se unieron a la manifestación.

Pero hubo una carga muy
grande y yo entré en un callejón
sin salida. Mis sucesos y
mis episodios son muy poca
cosa al lado de lo que pasó
realmente con la gente. Pero
una dictadura no es una historia
que me pille de lejos.
Quiero decir, que su ‘larga sombra’ también a mi generación
le tocó”. Años más
tarde se le abriría un proceso
militar por un artículo. Y
hace no mucho descubrió su
nombre en una “lista de personas
a eliminar” el 23-F.
“Lo del 23-F recuerdo leerlo
con estupor, un estupor secular.
De repente verme en
lo que es una lista. Y además,
dada la historia de este
país, sabía que no era una
broma. De repente, simplemente
la idea de la lista te conecta
un poco con todo, y dices
¡joder!, es una lista eterna,
secular, que se repite...”.

Inmigración y literatura

Galicia fue paradigma de la
busca del milagro del pan.
Hoy, esos inmigrantes que
levantan nuestras ciudades
se topan con un muro de incomprensión
y desprecio.
¿Es que no hemos aprendido
nada? Rivas responde:
“Bueno, para mí es un motivo
importante para reflexionar
sobre la desmemoria. La
propia experiencia debería
prepararte para entender
mejor al otro. La emigración
es uno de los trazos que
más marcó la identidad española
en la segunda mitad
del siglo XX. Atravesar los
Pirineos era atravesar también
una barrera tremenda.

Y aquí siempre se presenta
como ‘no, es que lo nuestro
era distinto’, y comparativamente
es increíble lo que se
puede contar: emigrantes
clandestinos entraban en
camiones cisterna, o deambulaban
con hambre por
bosques de Francia y de
Suiza. Entrevisté a personas
así: uno tenía tanta sed que
se metió un trozo de hielo en
la boca y le estalló toda la
dentadura. Sin embargo, si
repasamos lo que es la literatura,
el periodismo, el cine...
veremos que el tema de
la emigración está prácticamente
ausente. Y claro, sí ha
sido un país de emigrantes
pero no existe ninguna conciencia
de haber sido un
país de emigrantes. En
España, la cultura ha sido
en gran parte hecha por señoritos,
por élites desconectadas.

Hoy escuchas la radio
y te preguntas ‘pero, esta
gente, ¿nunca tuvo un emigrante
en su familia?’. O si
lo tuvo, es que no lo sabe. Yo
creo que está pasando un
poco como lo que pasó con
la represión en los años más
duros de la dictadura. Lo
que pasa es que la literatura
no debe aceptar los pactos
de silencio que se dan en la
sociedad. La literatura tiene
que actuar en ese sentido
como vanguardia, como un
primer círculo concéntrico
que se expanda y que impregne
a la sociedad. Quizá
no sirva para nada en el sentido
inmediato, pero sí que
puede condicionar la formación
de conciencias, por
ejemplo influir en el propio
periodismo”.

¿Un estatuto
para Galicia?


En tiempo de estatutos, algunos
con gran estruendo
mediático, ¿por qué nadie
habla de Galicia? Le preguntamos
a Rivas si ve realizable
a medio plazo un estatuto
gallego donde se hable de
autodeterminación. “El tema
de la autodeterminación
sí que lo veo... Bueno, tendríamos
que reflexionar sobre
lo que es la autodeterminación,
que yo entiendo que
es un proceso, y que tiene
que ver también con la idea
de autogestión, algo de lo
que se habla muy poco.
Galicia ha estado en stand
by; en términos marinos, se
ha quedado varada. En la
Constitución aparecía como
nacionalidad histórica por
haber tenido estatuto de autonomía
en período republicano;
se aprobó en las
Cortes, cuando se reunía el
Parlamento en Montserrat,
en 1937. Galicia estaba ocupada
ya militarmente por el
fascismo, pero el estatuto se
había aprobado en referéndum
en el 36, antes del golpe.
Y entonces Galicia aparecía
en el mismo estatus y
dentro de un horizonte de
España federal con Cataluña
y el País Vasco. Uno de
los objetivos que tuvo esa
derecha protofranquista que
se prolongó tanto en el tiempo
fue neutralizar esa corriente
que podría habernos
permitido caminar mucho
mejor hacia una España federal,
sin tanta desigualdad.

Porque ahí, Galicia, frente a
la idea del nacionalismo como
se nos presenta a veces,
como un egoísmo de ‘más
poder para las burguesías
locales’, podría haber aportado
un elemento de armonía,
ya que es un ‘nacionalismo
de los pobres’. Pero
ahora va Galicia con el paso
cambiado, detrás, con retraso
y además totalmente
pendiente del boicot o no
de la derecha. Y en eso estamos.
Es decir, han cambiado
un poco las cosas,
ha cambiado el gobierno,
pero no sabemos si saldrá
vino o vinagre”.

EL HOGAR NÓMADA
_ «Yo soy, aunque suena tremenda
la palabra, muy simbiótico. Es el
modus vivendi de mucha gente
en Galicia, y esa dispersión es un
rasgo muy peculiar no sólo en la
península, sino en toda Europa.
Hay tantos núcleos de población
en Galicia como en todo el resto
de España. Y creo que la forma
en que las personas viven en el
territorio condiciona bastante la
forma de pensar y muchas cosas.
A veces la identidad se establece
haciendo hincapié en otros
aspectos; yo creo que la forma de
relacionarse con el territorio es
decisiva. Y hoy ese modo de vida
está en un momento de convulsión
tremenda, una crisis de la
que puede salir, como decía el
otro, o vino o vinagre. Y yo vivo un
poco entre el vino y el vinagre. La
dicotomía campo-ciudad hoy no
se puede manejar en el sentido
tradicional. Ha cambiado muchísimo.
Hoy deberíamos hablar de
otra sociología, de un espacio
más mixto, de 'hogar nómada'.
Para ponerlo con una imagen:
yo vivo mucho en una aldea de
la Costa da Morte, y convives
con gente en el propio entorno
de la casa que planta maíz
intentando el modelo de la agricultura
ecológica, continuando
lo que era la forma tradicional, y
hay muchas plantaciones alrededor
de maíz transgénico. Tú
miras desde la ventana y es
como leer en un libro, ves un
mapa de lo que está pasando a
través del maíz».

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