La fiesta caníbal de Servando Rocha

Escritor y colaborador de DIAGONAL, Servando Rocha presenta 'La facción caníbal', su recorrido por la historia del radicalismo político.

15/02/13 · 19:37
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Estamos en Londres y son las navidades de 1968, aunque en realidad el lugar y el momento importan poco. Frente a las puertas de un centro comercial, un Papá Noel sonriente entrega unos horribles panfletos a los transeúntes en los que se incita a quemar Oxford Street para luego bailar alrededor del fuego. De pronto, las pintadas que habían estado apareciendo durante meses empiezan a tener sentido: el colectivo King Mob estaba reordenando el pasado, estaba destrozando las vitrinas de los museos y colocando en ellas nombres, fechas y acontecimientos que hasta entonces habían estado encerrados bajo llave en los sótanos de la Historia. Asesinos en serie como Jack el Destripador o Myra Handley eran los nuevos héroes de la nación y sus nombres aparecían escritos en las paredes de una ciudad que sólo podía ser hermosa cuando ardiera.

Rocha traza una historia de los hilos que conectan el terror, el crimen, el arte y el radicalismo político
Los miembros de King Mob sabían que la Historia a veces necesita detonadores, cargas de dinamita capaces de estallar en la pared de un barrio cualquiera, en las manos de los transeúntes que recogían los panfletos. Servando Rocha también lo sabe, por eso ha escrito un libro que en realidad es un artefacto incendiario, un mecanismo de detonación. Como hicieron los miembros de King Mob, Rocha selecciona nombres, fechas y lugares de los vertederos y los sótanos y los coloca en un lugar distinto, trazando con ellos una historia de los hilos que conectan el terror, el crimen, el arte y el radicalismo político. Una historia de los que conforman esa facción caníbal, de todos aquellos que cada cierto tiempo salen de las alcantarillas para aterrorizar a los guardianes del orden establecido.

Probablemente uno de los mayores logros del ensayo de Rocha, una de las causas de que resulte tan hipnótico, es el ritmo con el que está escrito, su capacidad de hacernos saltar de unos escenarios a otros, de mostrarnos los pasadizos en los que Johnny Rotten conversa a gritos con Jack el Destripador y Joe Strummer pone la banda sonora a los disturbios de Londres de 1770. Ese ritmo es el que hace que no podamos levantar la vista del libro, el que hace que tengamos que leer sus 500 páginas del tirón. Ese ritmo es el verdadero detonador.

William Blake

Ese otoño de 1968 en una pared de Basing Street había aparecido una frase pintada en grandes letras negras: “Los tigres de la ira son más sabios que los caballos de la instrucción”. La frase pertenecía a William Blake, un poeta inglés del siglo XVIII: los miembros de King Mob reordenaban las piezas. 200 años antes, esas mismas calles habían sido el escenario de los mayores disturbios de la ciudad de Londres, los Gordon Riots. Blake iba a casa de su maestro cuando se encontró con una muchedumbre que se dirigía a asaltar la prisión de Newgate, que esa noche ardería hasta sus cimientos. Blake bailaría eufórico junto a las llamas. Sus visiones apocalípticas se estaban cumpliendo: Londres era la boca del infierno. La música, sin duda, fue el London calling de The Clash.

Saint-Just

Blake tenía razón: sus oraciones habían sido escuchadas. Tres años antes de los disturbios de Londres había nacido en París Louis de Saint-Just, que durante la Revolución Francesa sería conocido como el arcángel del terror. Saint-Just tenía sólo veintidós años cuando estalló la revolución y su aspecto era el de un adolescente pálido y enfermizo. Sin embargo, hasta su decapitación junto a Robespierre, aquel muchacho tímido ejercería cargos cada vez más importantes y sería el responsable directo de miles de ejecuciones. Suya fue también la idea de utilizar la piel de los sublevados de La Vendée para la fabricación de botas, que eran escasas en el frente. Los ángeles también podían ser caníbales.

Charles Manson

En las navidades de 1969, justo un año después de la acción de King Mob, las piezas volvían a ser ordenadas. Miembros de la secta La Familia, dirigida por Charles Manson, asesinaban a Sharon Tate bajo el efecto de los alucinógenos. “Me ponía enferma oír sus incesantes ruegos y súplicas, así que la apuñalé”, confesó Susan Atkins, una de las acusadas. Aún pueden oírse sus risas durante las sesiones que duró el juicio. Para pagar su defensa, Manson grabó el disco Lie. Los futuros integrantes de los Sex Pistols escucharon aquellas canciones una y otra vez, fascinados por la oscura voz de Manson y los duros rasgueos de la guitarra. El punk estaba a punto de nacer. La facción caníbal volvía a sembrar el terror en medio del desfile triunfal de la Historia. Blake, Saint-Just o el propio Manson eran algunos de sus nombres, pero podían haber sido otros. Los rostros no importan porque pueden ser los de cualquiera. Quizá en realidad los salvajes nunca se fueron.

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