EL TEMA
La falacia de la furia española

La identidad nacional en estos últimos tiempos ha encontrado su sitio entre dos porterías.
¿Cómo se ha convertido la selección española en el principal símbolo patriótico?

04/04/11 · 8:00
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Foto: Olmo Calvo.

Las celebraciones del Mundial y de la Eurocopa supusieron
un boom del patriotismo español.
Sin embargo, aquellas masas
ignoraban que esa presunta
furia, esa leyenda, se la deben a
un militante de ANV. Y es que,
¿quién iba a decirle a Belauste
que un gol tan valioso a la larga
iba a ser tan contraproducente
para sus ideas? Quien tuvo que
exiliarse temporalmente en
1922 por gritar en un mitin del
PNV “¡Muera España!”, y definitivamente
tras la Guerra Civil,
fue el involuntario protagonista
del mito fundacional de “la furia
española”.

Juegos Olímpicos de Amberes,
1920, un joven vasco de más
de 1,90 grita a su amigo y compañero:
“¡A mí, Sabino, que los
arrollo!”
. Y efectivamente, Sabino
hizo caso y centró el balón
hacia su compañero Belauste
que no quedó por mentiroso y,
tras formar un gran tumulto en
el área, acabó dentro de la portería
con los defensas suecos y por
supuesto el balón. Al día siguiente
un periodista holandés tituló
su crónica “La furia española”
.

Las consecuencias de una acción
histórica no se conocen hasta pasados
los años y, seguramente,
si el delantero del Athletic y capitán
de la selección española hubiera
sabido que aquella frase y
su posterior gol iban a dar pie a
todo esto, se lo hubiera pensado.

Aquel equipo de Belauste, la
primera selección española de
la historia
, encarnaba perfectamente
la imagen de esos héroes que con una gran hazaña protagonizan
el mito fundacional de
algo, en este caso de la selección
española y su presunta belicosidad:
gente humilde, del entonces
tercer mundo de Europa, bajitos
y morenos, que comandados por
un hombre de casi dos metros y
encorajados por su patriotismo
desafían a unos jóvenes nórdicos,
robustos y pretenciosos, para
finalmente vencerlos con sus
propias armas. La historia era
perfecta. Salvo por el hecho de
no ser cierta
. Sin embargo, en
plena Guerra del Rif, desastre de
Annual incluido, no podía desaprovecharse
la ocasión de utilizarla
para reforzar la unidad nacional
ante los desmanes del Rey
Alfonso XIII.

Con la llegada de la II República,
y con Belauste ya militando
en la recién creada ANV, el
mito siguió aunque con otras características.
Curiosamente el
capitán del equipo en el mayor
logro de la selección en esos
años, la consecución de la clasificación
para cuartos de final en el
Mundial de Italia de 1934, era
otro destacado militante abertzale
de izquierdas: Luis Regueiro.
Por si fuera poco el seleccionador,
García de Salazar, era
fundador y también activo militante
del partido.

Tras la Guerra Civil y con el
inicio del Franquismo se produce
la verdadera explosión política
e identitaria de “la furia española”
.
Decía César Luis Menotti,
el entrenador argentino, que
existe un fútbol de izquierdas y
un fútbol de derechas. El fútbol
de izquierdas lo identificaba con el juego combinativo, de grandes
pases y regates, siempre
buscando el espectáculo. El de
derechas, según su visión, sería
el fútbol físico, defensivo, basado
en atributos como la disciplina,
la fuerza y la garra.

Pese a la
distancia ideológica entre él y
Franco, parece que el dictador
español estuvo de acuerdo con
eso y el régimen se empeñó en
presentar cada partido de España
como una batalla. Daba lo
mismo que el fútbol de la selección
fuese vistoso y preciosista,
el régimen quería identificarlo
con valores belicosos. El entrenador
argentino Ángel Cappa
lo explica: “La furia es un invento
del Franquismo.
España ganó
la Copa de Europa de 1964 con
un equipo de jugadores tocadores.
Muy parecido al concepto
actual: Lapetra, Luis Suárez, Del
Sol, Perera, Amancio... Lo que
es falso es la furia. No existió”.

Tapar miserias

¿Puede ser que un estilo de juego
influencie la conciencia nacional?
Por extraño que parezca
no hay más que ver el empeño
que han puesto durante la
historia en intentar identificar
el juego español con la furia.
Una furia que emana de la
fuente del ser español, un sentimiento
que prácticamente da
poderes sobrenaturales a los
jugadores para enfrentarse a
cualquiera.

Hoy ese concepto de “furia española”
sigue vivo y es sacado a
relucir por los periodistas cuando
las cosas van mal
, con ese cariz
patriótico que perdura, y más
en un país que debido a su historia
no tiene símbolos nacionales
a los que agarrarse acríticamente
para tapar sus miserias. ¡Qué
diría Belauste si viese la que lió
con su remate!

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Foto: Olmo Calvo.
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