Miguel Brieva
Dibujante y autor de cómic, acaba de publicar el volúmen 'Obras incompletas'
"La estética vintage se ha convertido en una forma más de nostalgia"

Hablamos con el dibujante sevillano Miguel Brieva a un año de la publicación de su álbum 'Memorias de la Tierra'.

09/01/13 · 13:49

Con Miguel no hacen falta presentaciones, dado que esta es su casa. Los lectores de DIAGONAL están habituados a encontrar sus viñetas-panóramicas en las que disecciona con socarrona precisión los males del mundo actual. Muchas de ellas se encuentran recopiladas en el volumen Memorias de la Tierra publicado por Mondadori y que nos brinda la oportunidad de charlar con el autor para saber si hay atisbo de esperanza entre tanta catástrofe. Como reza el clásico: “Tiemblen después de haber reído”.

Recopilas en Memorias de la Tierra material aparecido en diversas publicaciones al que dotas de una unidad narrativa (temática ya la tenía) a través de la figura de un marciano que, desde el futuro, observa nuestro presente. ¿Es fácil sentirse extraterrestre en nuestros días?
Posiblemente siempre lo ha sido. Tanto imaginar como pensar, ambas cosas que hacemos cotidianamente, implican salirse un poco de uno mismo, “marcianizarse” en cierta manera. Por otra parte, la realidad del mundo es hoy en día tan compleja e interdependiente, y estamos tan enredados psicológicamente en ella, que la única manera de acercarse a una visión de conjunto de todo ello es tratar de hacerlo desde afuera. Una mano de pintura verde, unas antenas amarradas a la cabeza... ¡y a ponerse a comprender!

Tus páginas siempre se han caracterizado por su apuesta crítica contra las contradicciones del sistema, o sea que no eres ningún advenedizo en estas lides. Ahora que parece que las circunstancias acompañan, ¿no te han puesto tu trabajo demasiado fácil?
Tal vez lo han hecho redundante, incluso lo han convertido en algo costumbrista. Lo que hace diez o quince años parecían vaticinios siniestros de un izquierdista resentido hoy en día son la normalidad. Los últimos 30 años han supuesto, para los países occidentales, una suerte de paréntesis en la Historia, de calma chicha antes de la tormenta. Ahora empezamos a aterrizar de nuevo en el mundo real, y más nos vale salir pronto del sopor y la perplejidad. Por otra parte, todo esto ya lo fueron anticipando algunos pensadores, como Guy Debord, y numerosos científicos, economistas y ecologistas. Lo verdaderamente inquietante es que estas evidencias, acumuladas desde hace décadas por la gente más sensata, hayan permanecido arrinconadas y semiocultas hasta este momento.
 

"Imagino que de esta gazpachada audiovisual que vivimos hoy día acabará emergiendo, tarde o temprano, una imaginería propia de nuestro tiempo"Hay cierta percepción en algunos sectores de que el sistema pudiera estar rondando su masa crítica. ¿Asustado o esperanzado ante tal posibilidad?
Más lo segundo que lo primero. Indudablemente nos va a tocar enfrentarnos a realidades que creíamos impensables hace tan sólo unos pocos años, pero el delirio de las décadas anteriores (crédito infinito, consumo desmedido, incultura de masas, depredación medioambiental, etc.) tampoco era materialmente sostenible, con lo que el cambio que ahora empezamos a vislumbrar era en cualquier caso inevitable. En todo caso, lo crucial ahora es que entre todos logremos articular este cambio, que no nos pase por encima como una apisonadora sin control. El decrecimiento es un hecho que no podemos eludir por más tiempo; el reto, por tanto, es lograr decrecer hacia mejor. Y ahora eso es más posible que hace unos años.

Uno de tus mensajes recurrentes es la crítica al consumo desmedido que funciona casi como una nueva clase de droga que nos mantiene enganchados a usos, a la postre, muy perjudiciales. ¿Cuál es a tu juicio, el mejor antídoto contra esto?
Imagino que, al igual que en el ejemplo de la droga, que es verdaderamente fiel a lo que sucede con el consumo, la clave es la recuperación de la voluntad. Y para ello, siguiendo el símil, habrá que echar mano de lo más parecido a la metadona. Como estamos trabados psicológicamente en la lógica consumista, hay que ir dando pasos para desengancharse. Pequeñas decisiones personales, como abandonar el uso del coche, dejar el móvil, abandonar ciertos hábitos, etc., pueden ir empoderándonos en el plano personal. Es evidente que, por las limitaciones energéticas que ya estamos empezando a intuir, vamos a tener que renunciar a muchos de estos gadgets a los que nos hemos habituado en estas últimas décadas. Será mejor hacerlo voluntariamente antes que esperar a que nos arrebaten los juguetes de las manos. Al igual que para el yonqui, la diatriba es sencilla: se trata de elegir entre la adicción a la droga o la vida.

Asombra lo desmesurado de una producción tan abundante y prolija en detalles. ¿Cuál es tu método de trabajo? ¿Duermes?
No sé, tampoco tengo la sensación de trabajar mucho. Es más, uno de mis sacrosantos principios desde siempre es tratar de hacer lo menos posible, así en general. Pero imagino que cuando trabajas en algo que sientes como propio te acabas enviciando y haciendo de más. Es de muy mal gusto, lo reconozco.

En cada viñeta, la idea principal aparece aderezada con múltiples situaciones, comentarios y acciones secundarias. ¿Planificas mucho o te lanzas en plancha y surgen todos esos elementos sobre la marcha?
Planifico bastante poco. Tiendo a darle mucha importancia a la primera idea, que a menudo es la más fluida, y por ello no suelo darle muchas vueltas a las cosas una vez van surgiendo sobre el papel. Es algo así como elevar la chapuza a rango de método.

"Aunque disfruto de la estética del "hazlo tú mismo", a mí aún me llama el trabajo detallista de dibujantes como Winsor McCay, Moebius, Bourgeon o Crumb"Has transitado el camino que va de la autoedición a las grandes del mundo editorial. ¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de ambos mundos?
La autoedición te permite controlar todas las etapas de la edición, desde las creativas a las logísticas, con la contrapartida de una difusión mucho más trabajosa y limitada. Las editoriales consolidadas, en cambio, te aseguran una distribución óptima, a veces incluso abusona, a cambio de perder cierto control del proceso, incluyendo el hecho de que los posibles beneficios de una obra tuya acaben llegando a manos indeseadas. Yo he procurado conservar los aspectos beneficiosos de ambos caminos a base de negociar con las editoriales, pero es casi imposible lograrlo al 100%. En todo caso, al menos en términos creativos siempre he puesto como prioridad hacer lo que quería.

Al contemplar tus viñetas uno diría que padeces de agorafobia. Tu
tendencia a rellenar todo cada hueco me recuerda mucho al trabajo de un F. Ibáñez mucho más ácido y con toque retro. ¿Es reconocible su influencia? ¿Cuáles otras?

En la actualidad se ha ido aceptando cada vez más un dibujo suelto y personal, sin las exigencias académicas de las generaciones anteriores. Esto es influencia directa del cómic underground, en el que se valora en mayor grado que la destreza del dibujo el interés de la expresión personal. Es el “hazlo tu mismo” del que tiene algo que contar frente al profesional de toda la vida, con sus vicios y virtudes. Aunque respeto y disfruto de esta nueva estética más desenfadada, a mi aún me llama el trabajo detallista de dibujantes como Winsor McCay, Moebius, Bourgeon o Crumb, y por todas las horas de disfrute que he tenido mirando y remirando sus páginas, tiendo a seguir en la medida de mis posibilidades este tipo de trazo. El horror vacui de Ibáñez seguro que habrá tenido también algo que ver. Por otra parte, en Andalucía hay un dicho que me encanta: “a mal cristo, mucha sangre”. Eso muy bien podría pasarme a mi, ¿no?

¿Qué te inspira de la estética años 50 que a menudo recreas? ¿Quizás que evidencia mejor que otras ese espejismo de felicidad a través del consumo y una discutible idea del progreso tecnológico?
¡Tú lo has dicho! Sin embargo el origen de recrear este tipo de imágenes es más sencillo aún: a finales de los noventa este material se encontraba en los rastrillos y librerías de segunda mano a un precio módico, y por su calidad gráfica era enormemente sugerente para ponerse a desvariar dibujando. En la actualidad el recurso de la estética vintage se ha convertido en una forma más de nostalgia, en un mundo que, consciente de su falta de futuro, se entrega compulsivamente al bálsamo de la memoria. Sin embargo, imagino que de esta gazpachada audiovisual que vivimos hoy día acabará emergiendo, tarde o temprano, una imaginería propia de nuestro tiempo.

Supongo que te interesan tus compañeros de profesión. ¿Sigues a alguno en
concreto?

A muchos. Tengo especial debilidad por el trabajo de Joan Sfar, Roz Chast, Clowes, Paco Alcázar o El Roto, pero la lista podría ser infinitamente más larga.

¿Te atreves a mandar un mensaje de esperanza a la humanidad?
Lo mejor está por venir... si es que llegamos.

Marcz Doplacié publica sus 'Obras Incompletas'

El heterónimo Marcz Doplacié lleva unido a Miguel Brieva desde hace años. El último volumen publicado por el dibujante sevillano, Obras incompletas (Belleza Infinita, 2012) lleva la firma de este “poeta comprometido y humorístico, paradójico y juguetón”. 240 páginas a color con los juegos visuales, poemas ilustrados y falsos anuncios marca de la casa.

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