Con el estreno mundial de La Puta y el gigante
en el XI Festival Escena Contemporánea
estudiamos la relación entre teatralidad y prensa.
La no ficción como herramienta
para la producción de una obra
no es nueva en la historia del
teatro. Aunque vivimos hoy un
resurgimiento de personas que
desde las artes escénicas presentan
acciones veraces, reales,
que luego se modifican por la
propia acción del público, individual
o colectiva.
Hoy en lengua española, artistas
como Angélica Liddell (Y los
peces salieron a combatir
contra los hombres) o Marco
Canale (La puta y el gigante) se
sumergen en la no ficción a partir
de recortes de información,
en un ejercicio preciso de hemeroteca,
sin caer en el didactismo,
para describir de forma poética
un mundo que es transformable.
Se trata de poner en entredicho
las versiones oficiales escritas
sobre la historia contemporánea,
a partir de la misma actitud y técnicas
del periodismo de investigación, que ensalza el valor de
fuentes omitidas o manipuladas
por los medios de comunicación.
El investigador puertorriqueño
Mario E. Roche, plantea la
pertinencia de un teatro periodístico,
es decir, “una creación
dramática muy consciente de la
actualidad y de profundo sentido
crítico”. Y se pregunta “si no
sería interesante prestar más
atención a los planteamientos
críticos y profundos de los buenos
artistas del teatro que a unos
periodistas que se quedan cortos
en sus relatos del presente y
sus proyecciones del futuro”.
En los ‘60 surgieron en EE UU
grupos que abordaron conflictos
sociales como el Living Theatre,
el San Francisco Mime Group, el
Bread and Puppet Theatre. En
América Latina lo hizo el Teatro
campesino. Y en Europa, Giorgo
Strehler, fundador del Piccolo
Teatro de Milán, John Mcgrath,
director del 7:84 Theater
Company, grupo escocés cuyo
nombre proviene de una estadística
publicada en The Economist
en 1966 (el 7% de la población
de Reino Unido poseía el 84% de
la riqueza), o Eugenio Barba con
el Odin Theatre.
Además de Brecht, Erwin
Piscator desarrolló en la
Alemania de los ‘30 una idea revolucionaria
del teatro a partir
de su teatro político y la dramatización
de hechos reales.
Mientras, en EE UU, el dramaturgo
Elmer Rice y el WPA
Federal Theatre Project experimentarían
con la técnica del periódico
vivo para promover el
debate social. El teatro documental
investigaba las formas
artísticas de presentar información
veraz y muchas obras agarraron
los temas candentes desde
la sátira y el humor.
Las tragedias griegas de
Esquilo, Sófocles y Eurípides
abordaron las caídas de personajes
poderosos, como las crónicas
políticas de Shakespeare. El
alemán Georg Büchner escribió
a principios del XIX La muerte
de Danton y Woyzeck a partir de
discursos políticos y revistas. Y
el propio Benito Pérez Galdós se
fijó en los acontecimientos políticos
de la España de finales del
XIX y principios del XX para escribir
sus novelas y teatro.
Como decíamos, no es nuevo
describir desde el teatro conflictos
y situaciones reales. Pero esta
vez lo hacemos con los dispositivos
de accesibilidad que nos
brinda el cambio tecnológico. //
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