DEPORTES EN LA CARRERA PRESIDENCIAL
La ‘era Obama’ finaliza en Chicago 2016

No cuesta imaginar a Michael
Jordan inaugurando los Juegos
de 2016 encestando en el estadio
de Chicago. Sería la culminación de
la historia de Obama y el deporte

05/02/09 · 0:00
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DONACIONES. Los deportistas
estadounidenses aportaron cerca de
medio millón de dólares a los
candidatos de las presidenciales 2008 / Talk Radio News Service

Crecen las opciones
de Madrid 2020 o
2024, porque Barack
Obama cuenta
en el extenso catálogo de
compromisos u objetivos de
su mandato con una meta deportiva:
“No puedo imaginarme
nada más grande que
proclamar al mundo, en el
verano de 2016, al final de mi
segundo mandato como presidente
de los EE UU, que comiencen
los Juegos”, dicen
que afirmó en octubre del pasado
año cuando Chicago
fue elegida, junto a Tokio,
Madrid y Río de Janeiro, como
candidata para albergar
la Olimpiada de 2016.

La cita, que si no es apócrifa
tiene la virtud de parecerlo,
quiere resumir hasta
qué punto el primer presidente
negro de la historia de
EE UU ha convertido la candidatura
de Chicago en una
baza estratégica de sus primeros
nueve meses: los que
transcurrirán hasta que el 2
de octubre, en Copenhague,
el Comité Olímpico Internacional
confirme si la apuesta
diplomática del presidente
Obama cristaliza en forma
de Juegos. No obstante, los
ingredientes de la cristalización
exceden con creces la
diplomacia e incluyen el deporte
en un formato condensado:
una cancha de baloncesto
en los suburbios de
Chicago como metáfora de
dinamismo, vida sana, superación
de las barreras raciales
y encuentro intercultural.
El binomio Obama-deporte
seguramente no es apócrifo,
pero a sus asesores de comunicación
les ha quedado demasiado
perfecto.

“Cuando era niño tenía en
mi habitación un póster gigante
de Julius Erving”. Obama
ya era entonces consciente
de que el baloncesto era un
juego que, como el jazz, aunaba
improvisación y disciplina.
“Tenía 16 años cuando
mi primer mate, fue una sensación
inolvidable”. Debió de
ser cuando jugaba en el equipo
del Instituto de Punahou
(Hawai), donde depuró su
técnica y perfeccionó su, era
previsible, gancho de izquierda.
Llegado a la Universidad
de Harvard, una anécdota
cuenta que su actual esposa,
Michelle Obama, supo
de su capacidad de liderazgo
fijándose en sus cualidades
como jugador de baloncesto.
La anécdota en cuestión, que
incluye un desafío planteado
por el hermano de Michelle,
Craig Robinson, no hay por
dónde cogerla.

Pero Obama no es sólo un
amante del basket que recorre
los barrios de Chicago en
los inicios de su carrera política,
y juega en las canchas
con sus futuros electores. Su
salto hacia la élite le permite
disfrutar de un deporte hasta
no hace mucho tiempo alejado
de los afroamericanos: el
golf. Sus biógrafos dicen que
tiene un hándicap 16 y lo dicen
a un público que no tiene
ningún hándicap ni previsión
de tenerlo. Las imágenes
capturan al presidente entrando
y saliendo de su gimnasio,
al que acude siete veces
por semana, y los periódicos
detallan que es seguidor
de los White Sox en béisbol,
de los Chicago Bulls en
baloncesto y de los Bears en
fútbol americano. Pero este
exceso de afición deportiva
no debe distraer de su auténtica
prioridad: “He visto muchísimos
partidos memorables
a lo largo de mi vida y
he visto a muchos atletas legendarios
en acción. Pero mi
deportista preferida es mi hija
Malia”, que practica el
soccer (fútbol europeo).

De Ali a Woods

En los actos de toma de posesión,
la presencia del
boxeador Muhammad Ali y
del golfista Tiger Woods resume
la implicación de los
deportistas afroamericanos
en la elección de Obama.

Ali, que se negó a luchar
en la guerra de Vietnam y
que cambió su nombre (Cassius
Clay) al convertirse al
islam, es el deportista más
carismático de la historia de
EE UU y fue quien encendió
la llama de los últimos Juegos
celebrados en este país,
en Atlanta 1996. Se sitúa,
pues, en la estela de los atletas
que, como Jesse Owens
en Berlín 1936 o Tommie
Smith y John Carlos en
México 1968, conjugaron su
vida deportiva con la lucha
por la igualdad de derechos.
En cambio, al golfista Woods,
que comenzó a practicar
desde su infancia y en 1997,
con 21 años, ganó el Máster
de Augusta, apenas se le habían
conocido hasta la fecha
sus simpatías políticas. Hasta
tal punto es así que, tras la
proclamación de Obama como
presidente, The New
York Times comentó: “Woods
encontró su voz política”.
Él es quizá el exponente máximo
de los deportistas afroamericanos
que han triunfado
en disciplinas que por
su infraestructura técnica y
económica les estaban tradicionalmente
vetadas. El
puente entre Ali y Woods lo
construyeron los jugadores
de baloncesto, béisbol y fútbol
americano que a partir de
los ‘70 se convirtieron en iconos
mediáticos.

La historia y el presente
del deporte afroamericano
respaldaron la candidatura y
la proclamación de Obama.
Esperan mucho de él, en esto
no son originales.

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