Entrevista con el ensayista norteamericano Thomas Frank
“La derecha funciona como un proyecto colectivo”

Se publica en España
‘La conquista de lo cool’,
un ensayo que retrata
la contracultura
de los sesenta
como otro paso
hacia la espiral
consumista.

- Girl power: del escenario a las camisetas

02/03/12 · 8:00
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Thomas Frank (Kansas City,
Missouri, 1965) es autor de al
menos un clásico del pensamiento
político contemporáneo.
Hablamos de ¿Qué pasa con
Kansas? Cómo los conservadores
conquistaron el corazón de
los Estados Unidos
(Acuarela,
2008).

El texto explica el desconcertante
giro a la derecha de
gran parte de las clases populares
del país
, que pasaron de votar
demócrata a apoyar las candidaturas
de los Bush o a integrarse
en el movimiento Tea
Party
. Frank se atreve a señalar
un culpable de este fenómeno:
el reblandecimiento del discurso
de la izquierda tradicional.

Thomas Frank ha colaborado
en The New York Times,
Harper’s Magazine, Le Monde
Diplomatique
y TheWall Street
Journal
. Recientemente se ha
publicado en castellano La conquista
de lo cool
(Alpha Decay,
2011), un libro sobre el escaso
voltaje político
de la contracultura
de los ‘60, prima hermana
del hedonismo prescrito por la
industria publicitaria.

¿Qué aprendiste escribiendo
La conquista de lo cool?

En mi entorno se hablaba mucho
de cómo las grandes
empresas habían colonizado
la contracultura,
pero no teníamos claro
cómo funcionaba ese
proceso en la práctica. Se
solía interpretar como un acto
de hostilidad del sistema
frente
a su mayor enemigo. Tras la investigación,
me quedó claro que
las empresas no consideraban
la contracultura como un adversario,
sino como
un fenómeno social poco amenazante,
incluso un complemento
del capitalismo del consumo.
Hablo de la contracultura
en sentido estricto, excluyendo
la llamada Nueva Izquierda
y el Movimiento de los
Derechos Civiles.

Explicas que la industria de la
publicidad usa el hippismo como
modelo para asimilar subculturas
alternativas

Cuando surge un movimiento
juvenil siempre lo encajan en
los eslóganes más tópicos de la
era hippie:
sé tu mismo, exprésate,
no te conformes. Incluso el
punk-rock, una escena donde
abundan los mensajes duros
contra el sistema, puede reducirse
fácilmente a sus aspectos
más superficiales e inofensivos.

Has señalado que ahora son
las empresas de informática
las que más utilizan el lenguaje
contracultural. A mí me
parece que la izquierda se ha
contagiado en parte de esa lógica.
Algunos parecen convencidos
de que las redes
sociales y los teléfonos inteligentes
van a crear automáticamente una sociedad más justa
y horizontal

La industria informática es hija
de la contracultura. Basta ver el
eslogan escogido por Apple:
“Piensa diferente”. Respecto a
las ilusiones tecnológicas es verdad
que la izquierda cae en ello,
pero es la derecha quien ha sacado
más provecho de ese determinismo.
Se las han apañado
para convencer a todo elmundo
de que internet ha acabado con
la jerarquía empresarial. Se impone
la idea de que gracias al
desarrollo informático el triunfo
del verdadero “mercado libre”
es inevitable e imparable.

La industria de la publicidad
parece un monstruo difícil de
combatir. ¿Cómo se hace para
evitar su influencia?

Todas las campañas publicitarias
deberían estar sujetas al
escrutinio de agencias estatales
reguladoras que comprueben
la veracidad de la información.
Esto en EE UU se hace
(o almenos se hacía). La sociedad
debe tener también la
capacidad de restringir productos
dañinos, como ha ocurrido
con los cigarrillos.

En el plano personal podemos
resistir con armas como la
crítica
, la ironía, el escepticismo
y el sarcasmo. Aparte de esto,
siempre he pensado que la única
manera de pelear contra la
mercadotecnia es luchar contra
el sistema que la creó.

Hace poco decías esto en La
Vanguardia
: “Espero que el
movimiento Ocuppy Wall
Street se vuelva más violento.
No pueden permanecer simplemente
sentados en una plaza.
Tienen que actuar o están
condenados a desaparecer”.
¿Podrías precisar tu
postura?

Mmmm... Estoy casi seguro
de que el periodista entendió
mal lo que dije. No soy partidario
de celebrar la violencia ni espero
que ningún movimiento
que yo apoye se convierta en
violento, sobre todo porque
eso mataría al movimiento
mismo
. Lo que espero es que
OcupaWall Street consiga poco
a poco ser más relevante para la
población de EE UU. Me parece
crucial empezar a hablar sobre
cambios en la vida cotidiana de
la gente. OcuppyWall Street está
solo al comienzo de ese camino.
Queda mucho por recorrer.

Hace unos años decías que “los
políticos de izquierda en
EE UU no entienden la furia de
la gente corriente”. ¿Hay excepciones
a esa insensibilidad?

Un montón, sobre todo dentro
del movimiento sindical.
También puedo citar candidatos
al Senado como Elizabeth Warren, de Massachusetts. Podría dar más nombres del Congreso y el Senado. Los que menos comprenden el enfado de la gente común son quienes rodean al presidente Obama.
Parece que la izquierda de
EE UU tiene problemas para articular sus propios medios de comunicación más allá de unas cuantas revistas y páginas web. Estoy pensando en el cierre en 2010 de una emisora de izquierdas como Air America Radio. ¿Qué es lo que falla?

Eso es parte fundamental de nuestra debilidad. La derecha tiene Fox News y nosotros, si acaso, algo tan tibio como MSNBC. Siempre digo que si hubiera una Fox News de izquierda, evitaría trabajar en ella. El sentido crítico debe estar siempre por encima de tus inclinaciones políticas. Los bustos parlantes de Fox
News se limitan a repetir las consignas que les mandan cada día desde arriba.

El modelo actual de contestación de la izquierda en
EE UU es la universidad, donde la gente trabaja en proyectos solitarios y luego se reúnen con otros colegas para discutir sobre quién ha matizado mejor unos detalles mínimos. Se pierde mucha energía en pequeñas escaramuzas internas. La derecha, en cambio, comprende que forma parte de un proyecto colectivo. Esto es irónico, ya que se supone que ellos defienden el individualismo del emprendedor solitario. Otro problema de la izquierda estadounidense es que son reacios a la protesta y a rebajar su discurso al nivel de la gente corriente. Prefieren sentarse en el sillón y reírse de lo zafios que les parecen los conservadores, de cómo alguien puede ser tan bobo como para rechazar a Darwin, etcétera.

¿Es posible generar debate en EE UU escribiendo ensayos?

No mucho. Apenas nadie lee libros, menos aún si el texto contiene tesis fuera del consenso y del “discurso amable y educado”. Algunas críticas
que me han hecho en el Washington Post y el New York Times demuestran que la disidencia no es apreciada.
Por otra parte, creo que tengo más posibilidades de generar debate ahora que hace 12 años, ya que la crisis financiera ha ensanchado el campo
teórico de lo que se considera aceptable. Durante un tiempo incluso he sido columnista del Wall Street Journal. Me dieron uno de los mayores altavoces del periodismo estadounidense, que abandoné de forma
voluntaria para trabajar en Harper’s Magazine. Te pongo un ejemplo del cambio: en el año 2000, cuando escribí el libro One Market Under God, criticar la concentración excesiva de riqueza se consideraba una extravagancia. Ahora es una postura bastante común en los medios masivos.

Contracultura y sociedad
de consumo

«Aunque éste es un estudio de la forma de pensar de la empresa, es inevitable que
asimismo sea un estudio de la disidencia cultural: de lo que prometía ser, de lo que
significó, de sus posibilidades y, más importante aún, de sus limitaciones», así resume Thomas Frank el doble cometido de La conquista de lo cool. El nacimiento de la sociedad de consumo, trasplantada sin muchos matices desde EE UU al resto de países de Occidente, y su relación con la sociedad contestataria de finales de los '60 y los '70 establecieron un lenguaje que, con pocas alteraciones, llega hasta hoy.

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