Yuri Herrera
Escritor mexicano
“La cultura libresca no sirve de mucho si no va unida a cierta cultura política”

Yuri Herrera vive actualmente en Nueva Orleans, ciudad, dice, “que tiene una herencia viva, que sigue creciendo”. Hablamos con este escritor mexicano de su país, de la información y su uso, y de literatura.

, Madrid
06/08/13 · 6:32
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Es autor de tres novelas cortas y contundentes. La primera fue Trabajos del reino (Periférica, 2008), que explica desde dentro los conflictos del mundo de los narcocorridos. “Creo más en la precisión de las palabras que en la originalidad”, suelta para definir su estilo. Luego vino Señales que precederán el fin del mundo (Periférica, 2009), una exploración del concepto de identidad mexicana. “Creo que es absolutamente legítimo construir vínculos en los cuales nos podemos encontrar colectivamente, pero es algo que debemos de tener claro, que son construcciones culturales que no pueden ser rígidas, que no pueden quedarse estáticas porque invariablemente irán detrás de los acontecimientos. Podemos hablar de ciertos elementos como característicos de la identidad mexicana pero eso no necesariamente implica llevar camisetas de Pedro Infante o ser guadalupano, aunque sin duda incluiría tener cierta actitud frente a Pedro Infante o la Virgen de Guada­lupe”, apunta.

Su novela más reciente, La transmigración de los cuerpos (Periférica, 2013), transcurre entre epidemias y pequeñas lecciones sobre el funcionamiento del poder. “Pensaba en la epidemia de dengue, en la epidemia de la fiebre porcina, pero también pensaba en esa epidemia no declarada que es el miedo que nos tenemos los unos a los otros, el recelo, el odio. En términos poéticos, ésta es la epidemia de nuestro siglo”, explica. Cada vez más apoyado por la crítica, Yuri Herrera (Actopan, México, 1970) tiene todas las papeletas para convertirse en uno de los grandes narradores de la literatura contemporánea en castellano. Estudió Ciencias Políticas, es doctor en Literatura Hispánica y en la actualidad es profesor en la Universidad de Tulane (Nueva Orleans, Estados Unidos). Aquí ofrecemos un zapping de una hora de entrevista.

Información

Su última novela contiene una frase desarmante, que igual se puede aplicar a la trama que a la situación social que vivimos. Dice así: “En estos días siempre estamos caminando junto a un cuerpo tirado en la calle. Ya no es posible hacer como que no lo vemos”. Herrera explica el sentido: “A pesar de que hoy contamos con más información que nunca, nos comportamos como si no supiéramos nada. No creo que podamos ya fingir que no sabemos las cosas terribles que pasan al otro lado del mundo o en nuestra propia ciudad, de las que antes no nos enterábamos. Por otro lado, está la sobrecarga de información, que muchas veces nos insensibiliza. Es importante reflexionar en estas cuestiones. Creo que la cultura libresca no sirve de mucho si no va unida a la cultura política. La demo­cracia no es sólo un asunto de elecciones. Lo que vivieron muchos en América Latina fueron democracias donde mandaban oligarquías soberbias que contribuyeron al proceso de desalfabetización generalizado”.

Narcocorridos

“Existe el cliché de que es música al servicio de los narcotraficantes. En realidad, el corrido es una forma musical muy anti­­gua que podemos remontar incluso a los cantares de juglaría. En México fueron muy importantes en la revolución: las letras ofrecían narraciones alternativas que contrarrestaban la información oficial. Ahora, en las últimas décadas, el corrido ha vuelto a tener auge por el narcotráfico, pero es falso que la mayor parte de los escritores de corridos estén al servicio del narco. Hay algunos que sí, otros simplemente hablan del fenómeno y hay otros que hablan de las víctimas. Finalmente hay algunos –de estos se escribe poco– que han sido asesinados por no querer ponerse al servicio de los traficantes. Existe una tensión ahí entre quién te paga y lo que tú haces, que es común a muchos trabajadores sometidos a jefes que enloquecen por el poder. Los narcotraficantes son una figura extrema, pero el juego estaba inventado antes de que ellos llegaran”.

Mujeres

“Me hicieron una encuesta en el suplemento literario Babelia sobre los cincuenta años del boom latinoamericano y tuve que decir que era un fenómeno que había excluido a las mujeres. Me parece algo evidente. Esta tarde en clase estuvimos El boom latinoamericano fue un fenómeno que excluyó a las mujeres tratando una novela de Valeria Luiselli que se llama Los Ingrávidos. Me sirvió para explicar a mis alumnos cómo evolucionó el campo literario de las mujeres en México. Durante mucho tiempo eran excepciones: solamente publicaban aquellas cuyo talento y cuyas energías hacían imposible que fueran excluidas. En los últimos veinte o veinticinco años la situación ha cambiado radicalmente. Es curioso porque la mejora la trajo el mercado: hubo una serie de libros que se vendieron extraordinariamente y animaron a la industria a publicar a más mujeres. Pienso sobre todo en Arráncame la vida, de Ángeles Mastretta, y Como agua para chocolate, de Laura Esquivel. Se les podrán hacer las críticas que se quieran, pero abrieron las puertas para muchas escritoras. Hoy tenemos bastantes mujeres publicando, pero siguen vivos ciertos recelos. Es más fácil encontrar espacios para un hombre que escribe mal que para un mujer que escribe igual de mal. Todavía falta mejorar, tanto en México como España”.

Procesos

“Vivimos un momento social complicado en América Latina. Soy muy pesimista en relación a México. Tenemos una clase política impermeable a la crítica. En todos estos años no han aprendido nada, tanto la izquierda como la derecha desaprovecharon las oportunidades para una buena transición. Además, cada vez de manera más cínica se abren espacios al narcotráfico dentro de las instituciones. Lo único que alivia mi pesimismo respecto a México es que un país siempre es algo más que su clase política, su clase empresarial o su clase criminal. Ahora estamos viendo surgir en México movimientos sociales muy interesantes. En el resto del continente, tenemos algunos ejemplos afortunados como lo que sucede en Uruguay, pero no hay mucha claridad sobre hacia dónde dirigirnos. Casos como Venezuela nos ponen a muchos en una situación difícil, por no decir imposible. Me resulta inaceptable que Chávez se reeligiera tantas veces y que se alimente tanto el culto a su personalidad. Por otro lado, tengo claro que la inmensa mayoría de las críticas al chavismo no tienen que ver con eso, simplemente están molestos con la eficacia de sus programas sociales. Pienso que la obligación de todos es señalar ambas cosas, aunque termines por no caer bien a casi nadie. La mayoría de periodistas y empresarios aceptarían encantados figuras autoritarias como las que dominaron América Latina no hace tantos años y que sólo favorecieron a las multinacionales”.

Nueva Orleans

"Es verdad que me interesaba venir a dar clase aquí. Es una ciudad extraordinaria: tiene una gran herencia cultural, pero no una de esas herencias que hay que proteger, sino una herencia viva, que sigue creciendo. Por supuesto, en el centro de esa herencia está la música: es algo que disfruto y es algo sobre lo que me gustaría investigar y escribir más. ¿Qué si la ciudad se parece a lo que muestra la serie "Treme"? Pues sí: se parece mucho. La gente de la serie han hecho un trabajo verdaderamente serio, a cada rato me los cruzo por el barrio, que es uno de los más viejos e históricos, lejos de la zona de la universidad. Tiene la política de contratar guionistas locales y no sé hasta qué punto es un defecto, ya que si no vives aquí te pierdes muchas cosas que dependen de pequeños códigos locales. Quien ha visto "The Wire" sabes que lo que crea adicción es conocer el destino de los personajes, pero en el caso de "Treme" lo que engancha es la ciudad, que se ha convertido en protagonista". 

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