FIESTAS
Julián Ríos y el día de fiesta de las palabras

Desde el jueves de carnaval hasta el
miércoles de ceniza puede ocurrir hasta que
una sardina sea enterrada. Algo parecido
ocurre con los textos de Julián Ríos.

25/02/11 · 8:00
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En los días en los que el tiempo
se separa de la norma, todo y
cualquier valor social ha de ponerse
en cuestión, abrirse a la
posibilidad más extrema, en un
ponerse a prueba máximo tras
el que se escenificará una vuelta
a la norma, asumida y abrazada
por la necesidad, buscada
como tranquilidad sobre la extenuación
y el paroxismo de la
fiesta. El carnaval augura todas
estas transgresiones de la
fiesta, las escenifica como travestismo
total, cambio de papeles,
inversión de roles, éxtasis
sonoro y psicotrópico, suspensión
de normas y apertura
al diálogo con particular aplicación
al sexual. Como si todo
fuera posible, unos días al año
nos acercamos al armario con
la sensación de que podemos
colocarnos cualquier traje más
allá de de la rutina.

Surgen así, casi ya como norma,
la inversión de los papeles
sexuales, la ocupación de los
poderes, la exhibición de lo reprimido.
La risa como sustancia
corrosiva y carta de presentación
de lo inesperado. El
juego como pérdida del valor
solemne del ritual social, que
ahora puede volverse grosero,
procaz, tosco, para colocar a
la precisa distancia deformante
el envaramiento de las conductas,
la pérdida de realidad
en la que los comportamientos
sociales caen si no son puestos
en cuestión. Acción crítica en
la que la posibilidad toma la calle
y ha de hacerlo como un
cronograma social.

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Entierro de la sardina. DANIEL ROCAL

Las carnestolendas

Lo importante son los medios
utilizados para coordinar este
nuevo sentido de ‘todo es posible’,
porque también ellos han
de ser puestos en cuestión. El
primero es la desaparición de la
distancia entre la representación
y los actores, que coinciden
con una exactitud tal que
performances y happenings parecieran
malos simulacros frente
a una fiesta de carnaval.
Segundo: todos los medios son
necesarios para la coordinación
de esta nueva obra de arte colectiva
que es la fiesta. Ninguno
se coloca en desventaja, sino
que todos coadyuvan a la ceremonia del éxtasis, de la salida
de lo reglado para ponerlo en
cuestión.

Las palabras bailan,
tienen vida sexual,
incesto, insisto en
polifonía polimórfica
y ‘perversátil’

Julián Ríos autor de una obra
por etapas, Larva, Babel de una
noche de San Juan
(1983),
Poundemonium (1985), Amores
que atan
(1995) y La vida sexual
de las palabras
(2000), fue un
precursor de este dar un día de
fiesta a las palabras. Eco de una
pretensión joyceana, Ríos consigue
que las palabras griten, copulen,
se travistan, jueguen,
dancen, coman, defequen, inauguren
la más clara ceremonia de
la confusión donde el orden normal
del verbo muestra su esqueleto
frágil, risible.

Babelle, Milalias, ‘Rimbaudelaire’,
Albert Alter son agonistas
en desintegración de
identidad, o que juegan y juzgan
una pluralidad de voces.
Invitar a las voces a una fiesta
significa calcular la hilazón
normal de sentido en que se
producen los discursos y, mediante
el sobrevuelo de sus posibilidades,
concederles los valores
negados, esta vez sin restauración
simbólica del orden
sino, como en el caso de
Beckett, más allá del de Joyce,
la institución de un orden demente,
una stultifera navis,
donde la posibilidad se convierte
primero en irisada risa,
el cantante que pierde los estribillos,
el ‘fucktotum’ como
entidad conceptual, ‘huelgarabías’,
‘literartura’, vaciar el
‘castelleno’, ‘escrivivir’, palindromía
como licantropía, retórica
erótica, ‘agujeroglíficos’.
Las palabras bailan, cita a
Beckett Ríos hablando de
Joyce. De autor a autor las palabras
bailan, tienen vida sexual,
incesto, insisto en polifonía
polimórfica y ‘perversátil’.
Y ‘viceverga’. Y se fue dando
traspiés exagerados a ritmo de
samba, cua! cua!, con gangoseos
de guasa.

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Tags relacionados: Julián Ríos Número 144
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Entierro de la sardina. DANIEL ROCAL
Entierro de la sardina. DANIEL ROCAL
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