"CINE // ""To shoot an elephant"" "
Intercambio como compromiso

‘To shoot an elephant’ es una película de
todos gracias a la iniciativa de su equipo,
que con ella ha dado un paso importante en
la defensa del trabajo en red. El asedio de
Gaza la protagoniza.

21/01/10 · 0:00
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El asedio de Gaza
en 2008.
FOTO: Eman Mohamed


En un momento en el que internet
se ha convertido en otro
campo de batalla por las libertades,
y los agoreros de una industria
cultural obsoleta y acomodada
vaticinan la muerte de
la cultura y se alían con las instituciones
para cercenar derechos,
todo el proceso de creación
y distribución del documental
To shoot an elephant,
de Alberto Arce y Mohammad
Rujailah, supone un paso al
frente, firme, real y práctico,
en defensa del trabajo en red,
del intercambio, de la colaboración
y de la cultura entendida
como una herramienta de
transformación de la realidad y
no como un mero y trasnochado
objeto de consumo.

En la noche, oscura y lluviosa,
en la que To shoot an elephant
se proyectó en Ámsterdam, en
el marco de uno de los festivales
de documentales más importantes
del mundo, no se abrió una
grieta en la tierra y la cultura se
precipitó por ella. La cultura no
expiró cuando, precediendo a
las urgentes y durísimas imágenes
grabadas por Alberto Arce y
Mohammad Rujailah, aparecieron
en pantalla las condiciones
de la licencia Creative
Commons bajo las que Eguzki
Bideoak distribuye la película y
que permiten la copia y la comunicación pública de ésta. Y mucho
menos, cuando fue colgada
en la red para que el 18 de enero,
coincidiendo con el aniversario
del fin de los bombardeos en
Gaza, miles de personas en todo
el mundo pudiesen ver, a la vez
y con sus propios ojos, en las
centenares de proyecciones que
se organizaron esa fecha, lo que
ocurrió en la franja durante
aquellos días heridos por la violencia
israelí a finales de 2008 y
principios de 2009.

El del Festival Internacional
de Documentales de Ámsterdam

es un escenario al que
otros documentales se suben.

Historias e imágenes que, en
muchas ocasiones, se desvanecen
cuando las luces del tradicional
recorrido de festivales
se apagan, ya que no encuentran
un distribuidor o una televisión
que las adquiera. Una
desaparición de escena aún
más dura cuando se trata, en
ocasiones, de historias que necesitan
ser proclamadas a gritos.
Sin embargo, incluso sus
propios autores las dejan languidecer
si no media una retribución
económica. Una de las
muchas dinámicas sobre las
que sostiene la actual industria
audiovisual, que ante la (r)evolución
del marco tecnológico y
de las relaciones autoras-públicos,
es incapaz de reinventarse.
Un recorrido clásico –festivales,
cine, televisiones, venta
al público– que, al margen de
limitado y sobremediado, finaliza
abruptamente en alguna
de estas fases en muchas ocasiones.

Multiplicando

Tras un proceso de producción
en el que decenas de personas
trabajaron de forma horizontal
y colaborativa sobre el documental
grabado, guionizado y
editado por Arce, Rujailah y
Miquel Martí Freixa, To shoot
an elephant estuvo en Amsterdam.
Pero también estuvo y está
en muchos otros lugares,
multiplicada su voz como en
un juego de espejos gracias a
las nuevas herramientas tecnológicas
que permiten su descarga,
su visionado on line, la
traducción colectiva de sus
subtítulos, la construcción de
un mapa en la red donde se señalan
las ciudades en las que
se proyecta y en las que la gente
se reúne en torno a ella para
reflexionar sobre la actual situación
de Gaza, la edición de
nuevas obras derivadas, como
el documental Gaza War in
Media, de Óscar Martínez... Un
proyecto activista que, al hilo
de la convocatoria global del
18 de enero impulsada por
Eguzki Bideoak y por el equipo
de trabajo del documental, se
prevé que se prolongue en el
tiempo, ya que son numerosas
las iniciativas que, de forma autónoma,
se suman a él, iniciativas
que van desde su incorporación a plataformas como
Vodo.net a la organización de
nuevas proyecciones en los
próximos meses.

Y contra todo pronóstico,
aunque quizás en otro aspecto,
el proceso de To shoot an
elephant también ha venido a
desmontar algunas de las aseveraciones
aparentemente
irrefutables del lobby de las
entidades de gestión de los derechos
de autor sobre la ruina
que para las obras y los autores
suponen las redes P2P. En
un momento en que el documental
puede conseguirse y
compartirse gratuitamente, y
‘To shoot an elephant’ es una película de
todos gracias a la iniciativa de su equipo,
que con ella ha dado un paso importante en
la defensa del trabajo en red. El asedio de
Gaza la protagoniza.
quizás en parte a que eso multiplica
su difusión, son muchos
quienes también deciden
apoyarlo económicamente
comprando el DVD, haciendo
donaciones para esta producción
o para la puesta en marcha
de otros trabajos audiovisuales
críticos y transformadores.

También hay medios de
comunicación que lo reseñan
ampliamente, festivales que lo
seleccionan, televisiones que
se interesan en su adquisición,
propuestas laborales que les
llegan a sus autores... Todo un
proyecto vivo, al fin y al cabo,
siendo muchos, en permanente
movimiento y suma, libre y,
sobre todo, haciendo llegar a
todos los rincones el testimonio
y la denuncia de quien se
quedó al lado de la población
civil de Gaza aquellos días de
diciembre y presenció su sitio
y destrucción en medio del silencio
internacional.

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Plomo, muerte y la cuestión del enfoque

El 27 de diciembre de 2008 y durante
21 días, la Operación Cast Lead
(plomo fundido) dio paso al momento
más cruento del estado de asedio que
Israel mantiene sobre Gaza desde
2007. Según las autoridades palestinas,
más de 1.400 personas murieron
víctimas del plomo israelí, entre ellos
más de 900 civiles. En la misma operación
murieron 14 israelíes.

Un grupo de voluntarios, miembros autoorganizados
del International Solidarity
Movement, entre los que se encontraba
el periodista Alberto Arce, denunció
desde Gaza los abusos de Israel. Arce
explica las motivaciones presentes en
To shoot an elephant: “Preferimos médicos
en vez de soldados. Preferimos la
valentía de aquellos rescatadores desarmados
a aquellos que se alistan y que
tienen experiencias tal vez interesantes,
pero moralmente rechazables. Es una
cuestión de enfoque. A mí no me interesan
los miedos, traumas y contradicciones
de aquellos que pueden elegir quedarse
en casa y decir no a la guerra”.

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