Informe Philibert

Llevaba un cuarto de siglo haciendo películas, pero no fue hasta ‘Ser y tener’ que se dio a
conocer al gran público. Autor que observa con sencillez y cercanía, Nicholas Philibert
propone un cine documental que, en vez de contar certezas, haga preguntas.

01/12/09 · 0:00
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Es un narrador de historias singulares,
que parece que nos hablen
directamente a nosotros,
a los espectadores. Nació en
1951 en Nancy (Francia), comenzó
estudiando filosofía para
después orientarse hacia el
cine como ayudante de dirección
con Renné Allio, Alain
Tanner o Cloude Goretta.
En 1978 dirigió su primer largometraje
documental, La voz
de su amo
, una reflexión visionaria
sobre un mundo futuro
gobernado por las finanzas.
Desde entonces ha realizado
14 más, entre ellos la multipremiada
Ser y tener, sobre una
escuela de clase única en un remoto
pueblo de Francia, que le
dio a conocer mundialmente.



¿Por qué optó por el documental
cuando decidió hacer
películas?

Esto no es algo que suceda de
la noche a la mañana. La primera
película en la que trabajé
resultó que era un documental
y todo se ha ido sucediendo en
esa línea desde entonces en mi
carrera. Lo que me gusta del
documental es la falta de una
pauta fija, de un programa de
trabajo y un guión de rodaje, es
esa mezcla de incertidumbre y
libertad, esa fragilidad que me
empuja a estar siempre alerta.

Empezó a hacer cine en 1978.
¿Cree que ha cambiado la situación
para los nuevos directores
que quieren hacer su primera
película?

Ahora puedes tener una cámara
digital y hacer una película
por tu cuenta con pocos medios.
No depende del proyecto,
se puede hacer con poco dinero;
cuando yo empecé estas cámaras
no existían, todo era
mucho más caro. Ahora, de algún
modo, todo es mucho más
democrático. Todo el mundo
puede hacer películas, lo que
no quiere decir que todas sean
buenas.

¿Cómo ve la situación actual
del cine documental?

Es extraño y triste ver lo diferentes
que son las películas que
puedes ver en un festival de cine
documental y las que se ven
por televisión, no son las mismas
palabras e intenciones.
Hay obras geniales y muy particulares,
proyectos muy sólidos
que parecen decir mucho
de nosotros mismos y del
mundo en el que vivimos.
Estas películas no se ven en televisión.
Este es el gran problema,
es como si los programadores
de televisión del planeta
entero sólo trabajaran
para que el show continúe.

¿Los responsables son las televisiones
que lo programan
o los espectadores que lo demandan?

La televisión es como el bromuro
puesto en el agua de los soldados
para dormir su sexualidad.
Aniquila nuestra humanidad,
está hecha para dormir a
la gente y esconder. No quieren
que pensemos, nos quieren
consumiendo y sin sangre en
las venas, como marionetas.
De vez en cuando se ve un programa
que rompe la dinámica,
pero son contadas excepciones.

En un contexto de crisis social
y económica mundial, ¿cuál
es el papel del cine documental?

No creo que las películas, especialmente
los documentales,
estén hechas para responder a
preguntas. Están hechas para
mantener las preguntas abiertas
y hacer a la gente pensar.
No hay respuestas inmediatas.

¿Quién tiene respuestas?

Es
mucho más interesante mostrar
la complejidad y las paradojas
que dar simples respuestas;
aquellos que pretenden
darlas se equivocan. El rol del
documental es mantener las
preguntas abiertas, preguntar
y preguntar siempre.

El documental tiene un público
muy reducido en comparación
con la ficción. ¿Cómo podría
hacerse más universal?

Localmente hay festivales, que
son un mundo paralelo a la televisión.
Tenemos que luchar y
tratar de empujar y convencer
a aquellos que son los responsables
de programar. Es una
lucha diaria, en muchos frentes,
no hay una única solución.

Usted arrasó en taquilla con
Ser y tener, ¿le ha condicionado
este éxito?

Sin duda ha cambiado cosas
en mí. La gente te concede el
mérito de haber hecho una
buena película y también te
desprecia como el farsante que
piensan que eres. A mucha
gente que le gustó al principio,
puede que tres meses después,
con el éxito universal, ya no le
guste y la critique con fervor.
Esto también es muy típico en
Francia._ También pasé por problemas
judiciales, ya que el personaje
principal de la película,
el profesor, reclamaba ser coautor.
El juez acabó dándome
la razón, y esto creó mucha
prensa a la película. Querían
enfrentarnos públicamente en
los medios y yo me negué, yo
no estoy para eso, para eso está
la justicia._ Me ha cambiado en el sentido
de ayudarme a poner dinero
en el siguiente proyecto, incluso
sin leerse el guión. A mí
esto me encanta, está claro, y
me permite hacer cosas más
extravagantes de ahora en
adelante.

¿Cree que últimamente hay
un mayor interés hacia el documental
en detrimento de la
ficción?

Desde hace años se habla de
crisis de la ficción. Yo no lo
creo. La ficción se mueve igual
que lo hace el documental,
también hay un mercado paralelo
de obras peculiares y creativas.
Lo que está cambiando
es la forma en que vemos las
películas.

En Francia, los festivales se
llenan y las salas están repletas
para ver en cines normales
películas diferentes. La gente
discute lo que ha visto al salir
en la calle, a todos nos gusta
relacionarnos y compartir.
Luego estas películas se proyectan
fuera del festival y no
las ve nadie.

¿Qué pasa con la gente que no
paga una entrada de cine para
ver un documental?

Un documental puede ser tan
cinematográfico como la
ficción, con mis películas yo lucho
por eso. La calidad de la
película no está relacionada
con su presupuesto, puedes
quedar profundamente tocado
por una película hecha en
MiniDv por una sola persona y
algo muy simple te puede emocionar.
Yo sé que el documental es
humanidad, es lo que somos,
sé cómo de lejos podemos ir en
el horror. Quizás, para continuar
viviendo, necesito saber
que existen cosas que no son
oscuras, que son simples y sencillas.

¿Cuál es su próximo proyecto?

Estoy terminado de editar una
película que he hecho con una
pequeña cámara DV por primera
vez. Trata de un orangután
que está en el zoo de París
detrás de un cristal, desde hace
más de 37 años, un tiempo larguísimo.
Se estrenará en marzo
del año que viene en Francia.
Su título es Nenette.

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