Hollywood busca y encuentra al supervillano financiero

El documental ‘Inside Job’, ganador del Oscar en esa categoría, es la más conocida entre las
películas que se han propuesto explicar la crisis. La respuesta de Hollywood a la depresión
económica ha abordado el problema desde un punto de vista un tanto ingenuo.

21/07/11 · 8:00
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No nos engañemos: la cosecha
de material cinematográfico
que aborda la salvaje crisis que
padecemos no sobresale ni por
sus análisis rigurosos ni por
sus propuestas audaces, por lo
menos la recogida en salas comerciales.
Tampoco por su
abundancia. Únicamente cuatro
cintas han destacado, todas
ellas documentales, pues ha sido
este género el que más
atención ha despertado, sobre
todo a raíz del Oscar que recibiera
Trabajo Confidencial
(Inside Job, Charles Ferguson)
hace unos meses. ¿Pero realmente
se puede esperar una
crítica de calado hacia un fenómeno
económico típicamente
capitalista de una expresión
artística claramente subordinada
al capitalismo?
, ¿puede
esperarse un honesto compromiso
con la verdad, por ejemplo,
de Inside job, sabiendo
que ha sido producida por una
multinacional, la japonesa
Sony? Al contrario, no nos extraña
que Ferguson haya tenido
buen cuidado en circunscribir
sus ataques a Wall
Street y Washington para, por
otro lado, envainarnos al especulador
y enfant terrible
Georges Soros como un filántropo
repleto de buenas intenciones
y sabios consejos y
ataviar a los ministros de
finanzas europeos con el disfraz
del capitalista amable.

Los dos sistemas

El resto de los documentales
estrenados no se aparta demasiado
de esta tesis de los
dos sistemas. Tanto La doctrina
del shock (Michael
Winterbottom y Mat Whitecross),
Vamos a hacer dinero
(Erwin Wagenhofer) como
Capitalismo, una historia de
amor (Michael Moore) localizan
la causa de los desajustes
en la desregulación económica
teorizada por los neoliberales.
Especialmente meticulosa
es La doctrina del shock
que, siguiendo las ideas de
Naomi Klein, tiene a bien descubrirnos
el Mediterráneo de
que algunos gobiernos, instigados
por las multinacionales
occidentales, aprovechan
cualquier conmoción social,
provocada o fortuita, para
aplicar el programa neoliberal
e impulsar así una
distribución regresiva de la
riqueza. Evidenciado el mal,
los cineastas identifican a los
culpables.

Klein, Winterbotton y
Whitecross se ensañan con
Milton Friedman y sus
Chicago Boys; Wagenhofer
elige como diana al liberal
Friedrich Hayek, sin olvidarse
de ciertos avariciosos empresarios;
Ferguson la toma con
Alan Greenspan (director de
la Reserva Federal) y los directivos
de unas cuantas empresas
financieras, y Michael
Moore, además, azota a los políticos
yanquis. Cercados los
criminales, inmediatamente
surge la interpelación indignada:
¿por qué estas personas se
comportaron así?, ¿cómo pudieron
hacernos esto a nosotros?
Las respuestas abarcan
un amplio espectro pero acaban
enfangadas en el chapapote
de la ética o de la psicología
individual
. Así, Moore nos
sorprende anatematizando el
capitalismo como anticristiano,
Wagenhofer afeando la
avaricia de los banqueros y señalando
la ignorancia de los
gobernantes y Ferguson indagando
en la degeneración moral
de Wall Street. Si el mal es
el neoliberalismo y la desregulación,
si los culpables son los
pillos que dirigen el sistema financiero
y político, las soluciones
no son tan difíciles de seguir:
basta con cambiar de
normas y de equipo
. Moore y
Klein apuestan por un nuevo
Roosevelt y un recuperado
New Deal: Barack Obama y
sus promesas keynesianas.
Ferguson, en cambio, prefiere
las falsas proclamas reguladoras
de Georges Soros y los ministros
europeos.

Deudocracia

Atónitos ante tanta candidez
nos zambullimos en internet
para toparnos con una cinta
griega realizada con apenas
8.000 euros obtenidos por
aportaciones ciudadanas, ajena
a los circuitos de producción,
distribución y exhibición
capitalistas
y, por tanto,
emancipada de las ataduras
de la “libertad de expresión
burguesa”. Deudocracia (Katerina
Kitidi y Aris Hatzistefanu)
ancla la actual crisis en otra de
mayor calado, que no es otra
que la iniciada en 1973, para
acabar centrándose sólo en un
aspecto de la misma, la deuda
internacional griega, presentándola
como una dimensión
de la lucha de clases internacional
y, por tanto, repleta de
un fuerte componente político.
¿Su propuesta? La simple suspensión
de una deuda considerada
ilegítima, la ruptura pura
y dura, la resistencia. ¿Qué, si
no, nos queda? //

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