Grotowski. La ciencia teatral

Recordamos al director teatral y último teórico universal del trabajo actoral cuando se cumple una década de su muerte y 50 años de la creación de su grupo 13 Rzedow en Polonia, antesala del reconocido Teatro Laboratorio.

21/09/09 · 0:00
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LAURA CORCUERA //

 Si no te dedicas al teatro, a lo
mejor este nombre te pega
más para un político o un
científico revolucionario. Si
no trabajas en la ONU, quizás
tampoco sepas que la
UNESCO ha declarado 2009
el Año Grotowski.

A pesar de que Jerzy Grotowski
dijera en una entrevista
con Eugenio Barba que la palabra
“investigación” no se refería
a una actividad científica
(“nada puede estar más alejado
porque carecemos de calificación
para ello y por nuestra
falta de interés en este tipo de
trabajo”), el director de escena
y teórico dotó a sus trabajos de
una disciplina metodológica y
de una sinceridad basada en la
ética de la práctica artística tal,
que sus aportaciones han sido
cruciales en muchos campos,
desde los estudios teatrales a
la antropología o la semiótica.

Hoy Grotowski es base teórica
y práctica fundamental para
la formación de actores y la
creación de espectáculos. Su
obra se ha esparcido. Antiguos
alumnos y asistentes también
han escrito sus experiencias
con el maestro y han creado líneas
de investigación propias
como Rena Mirecka en Italia,
Thomas Richards en EE UU, o
Eugenio Barba en Dinamarca.

Jerzy Grotowski nació en
Rzeszów (Polonia), en 1933,
seis años antes de la ocupación
nazi que desencadenaría la II
Guerra Mundial. Se graduó en
el Instituto del Teatro de Moscú
cuando Polonia ya era una
República socialista satélite de
la Unión Soviética.

Con 20 años era profesor de la Escuela
superior de teatro de Cracovia,
pero en 1959 abandonó la carrera
oficial para fundar el
Teatro Laboratorio 13 Rzedow
(De las trece filas), en la localidad
polaca de Opole. En 1965
lo trasladaría a Wroclaw, y lo
llamaría Teatro Laboratorio.

Su experimentación escénica
se centró en la adaptación
libre de clásicos polacos e internacionales,
a partir del trabajo
de acciones físicas que había
comenzado Stanislavski en
su última etapa (“No me habléis
de sentimientos. No podemos
fijar los sentimientos;
tan sólo podemos fijar las acciones
físicas”, dijo Stanislavski).

Hoy muchas escuelas de
actores usan el famoso método,
de corte psicologista, y se
olvidan de lo demás.
En 1966 el Teatro Laboratorio
presentaría en el X Festival
de Teatro de las Naciones de
París El príncipe constante,
una adaptación del texto de
Calderón de la Barca realizada
por el polaco romántico
Slowacki, con su actor fetiche
y colaborador Ryszard Cieslak.

Para Grotowski, los espectáculos
no son sólo una
puesta en escena donde hay
un texto y la voluntad de contar
algo con ello. Son ante todo
un proceso de investigación
del actor sobre las acciones,
los sonidos y la imaginación.

Una idea del teatro como
vehículo de cambio y
como encuentro. Los entrenamientos de Grotowski y los espectáculos
del Teatro
Laboratorio triunfaron en los
festivales contraculturales nacidos
en los ‘70. El director polaco
se convirtió en vida en una referencia
teórica del teatro del XX.

Para Grotowski, el actor debe
“investigar muy de cerca las posibilidades
de su propio organismo”.
Habla de un teatro orgánico
que trabaja sobre la naturaleza
del comportamiento. El papel
del cuerpo del actor lo compara
al de un bisturí de cirujano.

“El actor necesita generarse una necesidad
de trabajo cotidiano como
un bailarín o un músico. Es
un investigador que tiene una
vocación y hace “una búsqueda
radical” en las acciones de su
cuerpo. De esta forma, “los actores
tienen una concepción de
sí mismos menos divina y más
artesana”.

Muchos textos están recopilados
en Hacia un teatro pobre (“el
teatro no puede ser más rico que
el cine, dejemos que sea pobre”).
Grotowski se queda con la esencia
del teatro, el actor (y la actriz).
Lo contrapone al ‘teatro rico’,
que define como “teatro-parásito,
empresa de la cleptomanía
artística”.

Las muestras y talleres gestionados
con ayuda de su íntimo
colaborador Eugenio Barba
le permitieron viajar por todo el
mundo. Polonia fue su campamento
base para la enseñanza y
trabajo experimental hasta
1982, cuando se exilió a París y
después a Pontedera (Italia),
donde investigó la técnica del actor
en el Centro para la Investigación
y Experimentación Teatral
de Pontedera, hasta su
muerte en 1999.

Grotowski también estudió el
origen del teatro, las religiones,
las fuentes de la teatralidad.
Buscó los principios técnicos
que tienen en común los actores
y bailarines de diferentes
culturas, y analizó en qué consiste
la presencia escénica, la
diferencia entre el comportamiento
físico y mental en escena
y en la vida cotidiana, la
capacidad de capturar la atención
del espectador… Se interesó
por los puntos comunes y las
influencias de la danza teatro
oriental (el Kathakhali y la danza
Odissi de India, el Nô japonés)
en la escena occidental.

El homenajeado tiene también
una parte mística interesante
por cuanto entiende el teatro
como un acto de entrega total,
aunque a veces roza el moralismo
que él mismo critica con respecto
al arte (“El actor no debe
ser impúdico porque eso lo llevaría
al exhibicionismo”).

En todo caso, tuvo claro el objetivo de
su investigación cotidiana: “Rescatar
la realidad íntima del actor
y cristalizarla en una obra”. Que
este siglo tomen el relevo teórico
quienes se atrevan.


Frases de Grotowski

"Es un teatro para una élite que no
está determinada por el ambiente social o por la situación
financiera del espectador, ni siquiera por su
educación. Un trabajador sin educación secundaria
puede pasar por este proceso creativo de autobúsqueda,
y un profesor universitario puede estar muerto"

"No nos interesa la persona que va
al teatro para satisfacer una necesidad social y
tener un contacto con la cultura; en otras palabras,
para tener algo que decir a sus amigos
(...). No estamos allí para satisfacer sus ‘necesidades
culturales’. Eso sería un fraude"

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