ESPECIAL CULTURA DE LA TRANSICIÓN
Grietas en el marco de una realidad

Nada menos que la crítica a 35 años de
cultura española es lo que se propone el
libro CT o la Cultura de la Transición,
compuesto por las aportaciones de dos
decenas de articulistas.

18/05/12 · 9:39

CT o la Cultura de la Transición (Debolsillo, 2012) es un artefacto despertador en sí mismo. Un manual de bolsillo con licencia para ser viralizado que ha visto enlas grietas abiertas por el 15M una oportunidad para hacer llegar la herramienta teórica más allá de los márgenes. Qué es la Cultura de la Transición (CT) es la pregunta. Las respuestas buscan una ampliación del marco simbólico e insisten, desde distintas perspectivas, en la necesidad de desvelar los mecanismos que conforman una realidad –“el único marco posible de realidad”– para poder pensar otras. Guillem Martínez, periodista y coordinador de la obra, en su definición más rigurosa, lo concibe como “el paradigma cultural hegemónico en España desde hace más de tres décadas”. Abordada como “patología singular”, esta cultura enferma de consenso y afán desproblematizador, “que le ha puesto barrotes a la libertad creativa y de expresión”, tiene un recorrido y una historia.

Algunos de sus protagonistas son sospechosos habituales; otros han sabido nadar en las aguas turbulentas de “el único hábitat cultural que se nos ofrecía, el único realmente existente”, tal y como apunta Belén Gopegui en su artículo “CT: ¿Para olvidar qué olvido?”, y han logrado ‘escurrirse’ de la CT; e, incluso, ha habido casos de despertar de algunos de ellos al calor del 15M.

Este concepto, que ha ido tomando forma de manera colectiva a lo largo de estos últimos 30 años, se clarifica cuando es explicado desde su rol propagandístico –y, por ende, vertical, cohesionador y unidireccional– que revela su producción desde el Estado. Como explica Guillem Martínez, la Cultura de la Transición es aquella que dice “qué es cultura y qué no” con el objetivo de neutralizar lo problemático; con el fin de anular cualquier capacidad de cuestionamiento del sistema democrático español. Se trata de un cambio de paradigma que el crítico Ignacio Echevarría aborda en el relato de la génesis de la CT: “La Transición se caracterizó por el relego de la historia en aras de la política. A su vez, y para consolidarse, la democracia española, tanto bajo el PSOE como bajo el PP, relegó la política en aras de los mercados, como se dice ahora. Lo que puede entenderse por Cultura de la Transición no es otra cosa que la adaptación sin resistencia de la cultura española a este doble movimiento”.

Agrietando la CT

“El poder de la CT se ha ido vaciando con los años”, asegura el filósofo y editor Amador Fernández-Savater. “Por un lado, han ido disminuyendo los miedos que la CT administraba e instrumentalizaba en tanto que poder de salvación: golpe militar, terrorismo de ETA, ruptura de España, etc. Al mismo tiempo se han ido perdiendo los derechos colectivos asociados al Estado del bienestar”. La Cultura de la Transición ya no aparece como salvadora, sino como cómplice. El emperador está desnudo y las evidentes relaciones entre intelectuales, políticos y, sí, medios de comunicación, hacen todavía más patente el secuestro al que se ha tenido sometido al lenguaje. El escritor Gonzalo Torné subraya en su artículo “Un mes en el que la CT enfermó” cómo la visibilidad del 15M ha obligado a los medios de comunicación a cuestionarse a sí mismos. También internet ha tenido que ver en esta crisis de identidad de los grandes referentes. Nunca antes un periódico o una televisión habían sufrido tal “estrés de vigilancia”. Sin embargo, están los que se muestran escépticos con la red, como es el caso de Carlos Acevedo, que asegura detectar dinámicas de internet que nos dicen que la CT prosperará. “Internet da muchas opciones, pero sólo al que ha desarrollado las competencias”, precisa. No obstante, ve en la red una herramienta útil que invita a hacerse con el espacio público, que empuja a reconstruir, en las calles, en las plazas, un “lenguaje común”. Raúl Minchinela, en “La CT y la cultura digital” detecta en el salto generacional otro de los frenos de la Cultura de la Transición: “Los jóvenes miran la CT como un universo ficticio, que les atañe por repetición, pero no por vivencia: un mundo que sale por la tele y que no está en sus vidas, como los barrios de telecomedia”. Esta nueva generación, que “suma el contexto digital al contexto vital”, tiene en internet un espacio marginal –obviado, hasta el momento, por la CT– donde “las obras digitales suceden fuera del ámbito de las instituciones y, por tanto, no se consideran cultura”. El tuithumor como laboratorio, que apunta Miqui Otero, y una cita de Miguel Noguera, recogida en “CT y humor: risa atada (y bien desatada)”, que nos asegura que hay un nuevo humor construido desde los márgenes, con vocación inteligente y militante; “un producto que no necesita la legitimación de ningún agente cultural; por eso es más ágil”.

Pero, si hay un factor capaz de desestabilizar la CT y que tiene mucho que ver con el potencial de los medios sociales, ése es, sin duda, la escucha del otro –horizontal, participativa, colaborativa–. Guillermo Zapata nos recuerda en “CT como marco” que “el arte de la escucha es el arte de ponerse uno mismo en crisis y asumir que puede estar equivocado. Más aún, es asumir que existe ‘otro’ que merece ser escuchado”. Sin embargo, “para la CT, el ‘otro’ es siempre ella misma”. La lógica 15M anula este monopolio de la mirada con un cambio de marco, “una política de la amistad y una política de la desidentificación”; o, lo que es lo mismo, imaginar maneras de colocar “la materialidad de la vida en el centro”.

La excepción cultural

“Es fácil estar de acuerdo con lo establecido cuando uno es lo establecido”. La periodista Carolina León se pregunta en “Libertad sin ira qué fue de la crítica literaria” por la existencia de la misma, no sin antes detenerse en excepcionales milagros de la crítica literaria, severamente amonestados por la CT. “No exijo una guerra en cada texto –asegura– pero sí pido pequeñas batallas intelectuales en cada párrafo. La apertura a otros espacios, con la posibilidad de error y la esgrima de todo lo que se invisibiliza por no casar con la CT o no ser carne de mercado”. La experiencia lectora de Pablo Muñoz, descrita en “La CT y yo”, enfoca en los suplementos culturales CT en contraste con los anglosajones. “En Estados Unidos, un consagrado es posible que se lleve una reseña seguro; aquí un consagrado se lleva todo el despliegue. Es cuando te haces preguntas de cómo se ejecutan estas operaciones de relevancia en cada sitio y dices ups”. Jordi Costa, en su artículo “CT y cine: la inclemencia intangible” rescata de la “invisibilidad” al cineasta José Luis Izquierdo, un creador de ficcion obsesionado con la Cultura de la Transición cuya obra sólo podía darse como pie de página de la misma. Necesaria, comprometida y abocada a los márgenes. Como todos esos géneros musicales que los grandes emporios de la comunicación se dejaron fuera, o que ahora absorben, convirtiendo el antiguo underground en el nuevo mainstream, escribe Víctor Lenore en “Música en la CT: los sonidos del silencio”. Todavía hoy resisten en el imaginario artistas como Las Vulpes y su provocador hit Me gusta ser una zorra. De este mismo espíritu de insumisión están armadas Irene García Rubio y Silvia Nanclares, las cuales, perspectiva de género mediante, abordan con humor un inventario de masculinidades y feminidades nacidas al calor de un concepto puro CT: la “igualdad” como invento del Estado; una ficción donde diluir, sin crítica ni discusión, las tensiones de “una guerra de sexos contemporánea” jamás librada en democracia.

Crítica viral

Empezar por el final este artefacto llamado CT o Cultura de la Transición (Debolsillo, 2012) tiene su recompensa. Los titulares más escalofriantes de la CT, selección de Carlos Prieto, y El año que también hicimos promoción, donde Pep Campabadal y el Colectivo Todoazen recopilan textos extraídos de la prensa española para ilustrar un día normal en la CT. El combate cultural que se libra en los 17 artículos que componen este libro abarca desde la definición del propio concepto, la explicación de cómo surge y una descripción de su decadencia tras el 15M, pasando por análisis del funcionamiento de la CT en el contexto del 15M y el análisis del concepto a través de distintas disciplinas. A propuesta de sus autores, este libro tiene una licencia Creative Commons que permite su copia y distribución gratuita. El precio del libro físico es de cinco euros.

Los autores que participan en CT o Cultura de la Transición son Carlos Acevedo, Pep Campabadal, Colectivo Todoazen, Jordi Costa, Ignacio Echevarría, Amador Fernández-Savater, David García Arístegui, Irene García Rubio, Belén Gopegui, Víctor Lenore, Carolina León, Isidro López, Guillem Martínez, Raúl Minchinela, Pablo Muñoz, Silvia Nanclares, Miqui Otero, Carlos Prieto, Gonzalo Torné y Guillermo Zapata.

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comentarios

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    Marc
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    08/08/2012 - 9:00am
    Sí, el libro está bien, bueno, es muy irregular, con algunos textos excelentes, buenísimos y otros que, o son un copypaste total de otros muchos, o directamente son una mierda que no sabes qué cojones hace ahí, que no aporta nada al debate -en ese aspecto sí que es CT total: nepotismo político sin complejos, sin autocrítica claro, para eso es CT, como las túpicas revistas, centros culturales o universidades españolas donde conviven genios con descaradísimos mediocres, sitios donde nunca pasa nada porque pá qué- y sólo deslucen el libro. La edición del libro es una verdadera vergüenza, como un libro de texto para niños, le hace poca justicia a los dos o tres textos fantásticos que tiene. Los editores de DeBolsillo se deben pensar que los lectores españoles somos gilipollas, que no necesitamos nunca más referencias que las cuatro putas notitas que lleva el libro. Y claro, clarísimo, falta definir cultura, no lo veo por ningún sitio. Con una mejor selección de los textos, que eliminara los 3 ó 4 que son patéticos e infantiles y una edición más seria sería un buen libro, sin duda. Ah Guillem y los otros, que la banalidad y la superficialidad en el análisis también es muy postmo., muy CT, eh???... Una lástima, porque la idea y la intención es muy buena, buena y muy necesaria para la cultura española. ¡Seguid trabajando!, merece la pena.
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    Lyotard
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    08/06/2012 - 9:00am
    ¿Y cómo se explica que muchos de los autores que denuncian esa cultura de la desproblematización vivan de esa cultura en los suplementos culturales de PRISA y CIU que consideran ellos como el templo de la CT? ¿Cómo se explica que algunos hasta participen en másteres y cursos de esos conglomerados? ¿No son las críticas de Jordi Costa y su rollo de tonterías made in Youtube en La Nube igual de indoloras e inanes que la mayoría de la CT? ¿Y su artículo en este libro buscando el lucimiento personal y nada más? ¿No lo es que Diagonal escriba una reseña (no crítica) positiva, sin mencionar aspectos como la dejadez en la edición y la repetición de ejemplos (Echeverría) entre autores, así como otros solapamientos y felaciones varias, pues en este libro participan la fundadora de este periódico (Irene) y otra colaboradora (Silvia)? ¿De qué se trata pues? ¿De una lucha de territorios más donde enrocamos egos y todo sigue igual? ¿No es Pablo Muñoz una nueva variante de CT junto con Luna Miguel y demás? ¿La variante populista y generacional de cortesía en la que se abandona Póblico una semana antes de su hundimiento para saltar a Playground y otros medios sin el menor decoro? ¿No son sustituibles esos egos con los de la Etxeberría? ¿No sería menester acotar más el concepto de cultura? Una cosa es el fraude de la transición y otra la conspiranoia de pensar que todo está pactado. Me temo que el problema va más allá de premios amañados y suplementos de amigos. ¿Acaso no escribe Guillem Martinez en El País lo que le da la gana? El problema no es la falta de crítica sino que la gente de la cultura ha dilapido su capital y ahora un grupósculo de amigos modernos sacan este libro para eximirse de toda culpa. Sí, claro, algunos llevan más de 20 años viviendo de ello y la culpa es de la transición, pero yo tengo que comer. En fin, felicidades por el trabajo que realizan en Diagonal, aunque esta reseña adolezca de lo mismo que pasa en Babelia y el Cultura/s: sectarismo y clientelismo. Y una última. ¿No es el 15-M pura CT? Hoy por hoy y viendo los resultados, sí .
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