OPINIÓN
Una gran fiesta para aprender

Soy actor y fundador
de una compañía de
teatro con sede en
Madrid que pretende trazar
una trayectoria de experimentación
en la fusión de
diferentes artes escénicas
como lo son la danza, el
teatro del gesto y la esgrima.
Dentro de este marco
de investigación se halla un
interés por acercarnos a
aquellas pasiones que empujan
a los seres humanos
a matarse entre sí, al porqué
de la violencia, a las
guerras.

15/05/06 · 15:30
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Soy actor y fundador
de una compañía de
teatro con sede en
Madrid que pretende trazar
una trayectoria de experimentación
en la fusión de
diferentes artes escénicas
como lo son la danza, el
teatro del gesto y la esgrima.
Dentro de este marco
de investigación se halla un
interés por acercarnos a
aquellas pasiones que empujan
a los seres humanos
a matarse entre sí, al porqué
de la violencia, a las
guerras.

Para nuestra compañía
salir al mercado laboral resulta
desesperanzador desde
el comienzo, ya que no
buscamos el entretenimiento.
Además, visitar las salas
alternativas, es decir, “actuar
para los cuatro amigos”,
no se puede considerar
un logro profesional.

Participar en el FITEC sí
lo es; los festivales de Teatro
de Calle suponen una pequeña
esperanza para las
compañías que arriesgan en
su forma y contenido y que
no pretenden satisfacer a los
ayuntamientos con propuestas
ligeras. Además, el
ámbito de la calle no deja
de ser un reto profesional.
La irrupción del hecho teatral
en la vida cotidiana de
los ciudadanos abre paso a
gran cantidad de posibilidades
de interacción artística.
En ese sentido creo
que nos quedamos cortos
en nuestros objetivos. Tanto
compañías como festivales
deberíamos ver un filón
en estos encuentros donde
la calle y los escenarios se
confunden, donde arte y cotidianidad
se dan la mano.
Entender esto como una
gran fiesta donde cualquier
cosa pueda pasar: grupos
de animación (tan despreciados
como arte) arroyan
nuestro camino al trabajo,
propuestas que sorprendan
no por la cantidad de pirotecnia
que utilizan, sino por
el lugar donde aparecen,
por cómo nos sumergen en
otra realidad, por cómo nos
hacen dudar de lo que es y
lo que no es teatro... Quizá
yo apostaría más por el
Teatro de Calle, no sólo por
el Teatro en la calle. Para
algo así hace falta mucho
aprendizaje por ambas partes:
las pequeñas muestras
de descoordinación interna
que se vieron en el festival
no fueron pocas, así que podemos
seguir trabajando
sabiendo que aún nos queda
mucho por ‘deshacer’.

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