ENTREVISTA CON JOAN LÓPEZ LLORET, DIRECTOR DEL DOCUMENTAL 'HNOS. OLIGOR'
"Mi filosofía es reflexionar sobre las preocupaciones vitales"

‘Hnos. Oligor’ relata la vida de ‘Las tribulaciones de
Virginia’, un montaje teatral creado por dos hermanos,
recluidos en un taller de Valencia. Joan López Lloret
decidió que aquella historia no podía quedarse
sepultada en las afueras de la capital mediterránea.

27/11/07 · 14:03
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DEL SÓTANO A LOS ESCENARIOS. El documental sigue las andanzas del montaje teatral ‘Las tribulaciones de Virginia’, creado por los hermanos Oligor en un sótano de Valencia.

DIAGONAL: ¿Cómo llegas
hasta los Hnos. Oligor, en
aquel escondido taller de
Valencia, y por qué decides
involucrarte en el proyecto?

JOAN LÓPEZ LLORET:
Todo comienza cuando
Víctor Molina, el director del
Festival de Teatre Visual i
Titelles de Barcelona, nos recomienda
a Amanda Baqué,
coguionista del documental,
y a mí, un proyecto interesante
que se estaba tejiendo
en Valencia. Lo fuimos a ver
antes de su estreno en Barcelona,
en 2002. Ellos aún
estaban fabricando la estructura
en el sótano de
aquel polígono. Ambos coincidimos
con esa esencia del
directo que transmitían, con
su autenticidad. De modo
que decidimos hacer unas
entrevistas antes de que el
montaje saliera de aquella
particular cueva.

D: ¿Qué le aportas a un documental
de teatro centrado
en un proceso creativo, tres
viajes y sus respectivas representaciones?

J.L.L.: El documental se desglosa
en varias partes. La
primera (La ventana), es
una descripción de las cosas,
de lo que hacen y quienes
son. Después, nosotros hacemos
la interpretación personal
según lo que nos fueron
transmitiendo (Las flores).
Por último, establecemos
una comparativa con el
bloque de Berlín (El muro):
ese mundo cerrado de la
RDA, y su propia historia.

D: Juegas con ciertas texturas
cinematográficas como
el Super-8, ¿qué elementos
habéis aportado premeditadamente
y cuáles han surgido
a lo largo de la filmación?

J.L.L.: Ellos habían rodado
escenas en Super-8. Jomi es
un gran aficionado al cine, y
bueno, tenían unos cuantos
rollos filmados por allí. De
modo que se fueron incorporando
estas imágenes,
junto con otras que tenían
grabadas del padre por una
amiga suya, en un formato
menos profesional. Decidimos
incorporarlas, porque
era un material muy valioso.
Mientras, nosotros fuimos
grabando alguna cosa más
para encajar la historia,
manteniendo esa estética.

D: Tus enfoques cinematográficos
siempre han estado
muy ligados a preocupaciones
sociales y conflictos políticos.
¿Das ahora un pequeño
giro en tu temática?

J.L.L.: Todos los temas que
he tratado siempre tienen un
enfoque muy humano. A pesar
de lo que pueda parecer
por su temática, es cierto
que lo político y lo social están
de trasfondo, pero siempre
existe una vertiente humana.
Tampoco pretendo
convertirlos en tostones porque
no entiendo la política o
lo social como las ONG o los
partidos. Para mí, eso no es
política, ni implicación social;
sino que lo político y lo
social es aquello que vive la
gente a diario.

D: Dentro del entramado del
teatro de pequeño formato
has escogido la vía más sensible,
que toca los ‘rincones
del corazón’. ¿Por qué eliges
una temática más humana,
en lugar de escoger un punto
de vista más crítico?

J.L.L.: He trabajado y conozco
a mucha gente de teatro.
Junto con Amanda, teníamos
claro que queríamos
captar la sensibilidad más
visceral e ingenua de las artes
escénicas. Después de
haber vivido todo lo que son
esas sensaciones a nivel de
representación, creación...
nos interesaba reflejar este
matiz. Así que el hecho de
ver a alguien que no es un
actor profesional, que viene
de un proceso que no tiene
como final una obra escénica,
sino que es más bien un
trabajo casi terapéutico, te
impresiona y resulta algo
único, muy emocional.

D.: Después de los premios
del Público en el Festival de
Málaga 2005 y Mejor
Documental en Docupolis
2005, ¿qué esperas de la respuesta
por parte de los espectadores?

J.L.L.: La acogida en los festivales
ha sido muy buena.
Pero lo que nos interesa es
la reacción de la gente.
Producir emociones fuertes,
que golpeen. Básicamente,
se trata de transmitir al espectador
la misma esencia
que la representación teatral.
Tanto en este como en
otros documentales, lo importante
es provocar una reacción,
una preocupación.
Conseguir que la gente piense
y recapacite.

D: ¿Cuál es tu visión del género
documental a nivel
particular, y a nivel más general?

J.L.L.: En los años ‘60 y ‘70
había un cine independiente,
que a partir de los ‘90, se
convierte en otro cine comercial,
abandonando su
función. El documental ocupa
su lugar, principalmente,
por una cuestión de costes.
Además, el tipo de lenguaje
del género ha evolucionado
mucho. Gracias a las distintas
interpretaciones, se ha
alejado de lo que era una cosa
estándar y televisiva.
Pero es muy fácil quedarte
en terreno de nadie, porque
hay muchos trabajos que se
quedan en el camino, recorriendo
tres festivales sin la
oportunidad de pasar por
pantalla.

'HNOS. OLIGOR', EL DOCUMENTAL

La cámara de
Joan López Lloret
siempre refleja
con ternura a
estos dos artesanos,
y desmenuza
el lento proceso
de creación. Su
encierro frente al
exterior y la puntillosa
elaboración
de todos los artilugios
que reciclan
para transformar
en elementos
escénicos. Cuando
el montaje
despega del sótano,
lo vemos casi
todo, como si de
una cámara oculta
se tratase. Con
un estilo cómplice,
el director, se
limita a seguir -
casi perseguir- a
los Oligor. A ratos,
esta persecución
resulta superficial.
Se queda en el
mero acercamiento
humano, e
inesperadamente,
se desvía hacia
un muro metafórico.
Lloret consigue
conservar
gusanillo de querer
ir a ver la
después de verla,
mantiene la incertidumbre
de la
historia. Destripa,
salvando lo fundamental.

LAS TRIBULACIONES DE VIRGINIA

Los Hnos. Oligor son Jomi y
Senen, dos estudiantes de
Bellas Artes que acaban
recluidos en Valencia, en el
taller del artista fallero Manolo
Martín. Descubiertos por
Marcel.li Antínez, lo que
comenzaron representando
en el sótano se traslada a
festivales y salas de teatro.
Las tribulaciones de Virginia
es una historia que apunta al
corazón de los espectadores.
Con ternura, delicadeza y
desgarro cuenta una tragedia
amorosa que recurre a la
infancia, la inocencia y la fragilidad,
para conducirnos a
las intimidades de Virginia y
Valentín. La atmósfera, entre
taller mecánico y circense, se
adereza con artilugios y poleas
en las que integran juguetes
y autómatas reciclados.
Los Oligor destripan el funcionamiento
del corazón como si de un mecanismo se tratase.

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