El F5 no te salvará

Hace unos meses yo era una
ciudadana del tercer milenio conectada
a la aldea global las 24
horas. Hace unos meses yo
abría mi Facebook unas seis veces
al día y lo sabía todo de mis
contactos, qué piensan, a dónde
van, no van o no lo saben aún,
con quién están comprometidos
y en el muro de quién escriben.

03/12/10 · 8:00
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Hace unos meses yo era una
ciudadana del tercer milenio conectada
a la aldea global las 24
horas. Hace unos meses yo
abría mi Facebook unas seis veces
al día y lo sabía todo de mis
contactos, qué piensan, a dónde
van, no van o no lo saben aún,
con quién están comprometidos
y en el muro de quién escriben.

Y fue en mi muro donde hace
unos meses comuniqué al mundo
que me habían aceptado para
estudiar en la Escuela Internacional
de Cine y Televisión de
San Antonio de los Baños,
Cuba. Y fue en mi muro también
donde todos me felicitaron
y prometieron seguir en contacto
conmigo, prometieron estar
al tanto de mis logros y miserias.
Y yo, por mi parte, prometí informar por ese mismo medio.
Mi vida social al servicio de
Facebook.
Tanto que lo había
criticado y ahora me servía de
verdadera red para no sentirme
sola en ultramar.

El vuelo me salía más barato
si hacía escala en Rusia. En
unas 30 horas intenté abrir el
Facebook en Madrid, Moscú y
La Habana.
El Facebook se bloqueó.
Primero me decía algo de
operaciones extrañas en mi
cuenta y me hacía reconocer a
mis amigos en las fotos en las
que han sido etiquetados, momento
en el que te das cuenta
de cuán craso error es ése de etiquetar
a todos tus contactos en
el cartel de la última fiesta.

Después pasó a decirme que yo
no era yo, que procediera a copiar
un texto para comprobar
que yo no era una máquina, texto
que nunca terminó de aparecer
en la pantalla. Ahora ya, directamente,
me dice que estoy
intentando conectarme desde
un país terrorista
, eso, unido a
mi nombre de país árabe, da por
perdidas todas las esperanzas
de recuperar mi red social. El
Facebook me condena a la frustración
frente a la pantalla. Mi
comunicación personal rota por
bloqueo internacional.

Y es que estoy viviendo encerrada
en la escuela de todos los
mundos, así se autodefine, pero
sin acceso a internet. Sin móvil,
sin banda ancha, sin Google y
con un correo electrónico que
falla si introduces ciertas palabras
clave
. Y no termina de quedarme
claro si eso es una suerte
o una desgracia, pero lo cierto
es que la manera de hacer cine
cambia, y no digamos ya las redes
sociales. Estoy viviendo fuera
del mundo, en un mundo que
no existe en el espacio virtual y
en el que los códigos se crean y
se recrean a cada momento. Y
justo desde aquí, en la Escuela
de Gabo, es que me piden que
escriba sobre “el amor en los
tiempos del Facebook”. Sólo
puedo decir que aquí el amor se
agota, se apaga, se bloquea, se
pierde en los satélites y los cables
submarinos de alta velocidad
que no acaban de llegar de
Venezuela.

En este tiempo pre-
Facebook del territorio internacional

estamos castigados al
aislamiento a pesar de estar ya
en una isla, y el amor, precisamente,
cambia de estado a estado
no disponible. Y cuánto me
gustaría informarme en la
Wikipedia de cómo funciona esto...
pero no hay entradas y la
conexión falla. La conexión falla
a cada momento. Comunicación
rota. Es imposible entablar
una conversación, puede
que no esté conectado, inténtelo
de nuevo más tarde.

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