CON RAMÓN GARCÍA DE OJOS DE BRUJO
Exprimir el compás

Se definen como “proyecto de
investigación”, ya que ponerle
cualquier etiqueta a Ojos de
Brujo parece imposible y hace
perder identidad al grupo.

05/04/06 · 21:24
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DESDE EL RAVAL. Los ocho componentes de la banda saben de dónde nacen y nos hablan de ello en sus tres discos editados hasta el momento./ Julia Montilla

Lo que les mueve es
la inquietud por encontrar
los nexos
entre el flamenco y
todas las músicas que les
motivan. Ramón dice que,
cuando hablaba de flamenco
y de hip hop, a los medios
se les ponían los pelos de
punta. Lo genial es que estilos
tan distantes fluyen con
naturalidad cuando Ojos de
Brujo está detrás de la mezcla.
El compás es la clave,
siempre y cuando fluya la
energía. Hip hop con tangos,
funk con bulerías o reggae
con tanguillos, funcionan, según
ellos. En sus letras está
el segundo paralelismo, al
menos, entre el hip hop y el
flamenco; hablan de los “nadie”,
del pueblo, de la calle,
de la lucha, de la vida...
Ramón García está convencido
de que “lo que se canta
en un suburb del Bronx se
canta en Las 3000 viviendas”.

La trilogía

El pasado 20 de febrero salió
a la venta el esperado
Techarí (‘libre’ en caló).
Después de la publicación
del Vengue (‘duende’) y de
dos años de gira con Barí
(‘joya’), el grupo posee una
trilogía que Ramón encierra
en la frase “en el duende está
la esencia de la libertad”.
“Hasta el momento, todo el
camino tiene muchísimo
sentido para mí. De hecho,
yo soy fan de Ojos de Brujo.
Yo me escucho mis temas, lo
tengo que decir, porque
aprendo. Volvería a apretar
el mismo botón, seguro”.
“Techarí sabe a especias y
huele a las calles de La
Habana. Hay que masticarlo
y tratarlo con mimo para
que muestre su inmensidad.
Su mezcla es sencillamente
brutal y su carácter más introvertido
que el de sus hermanos.

Techarí es más
grande”, afirma Ramón, “tenemos
un código que manejamos
en común y lo que
nos permite es poder investigar
mucho más. Es mucho
más flamenco, más hip hop,
más funk... más de todo”. Si
Ramón tuviese que coger
dos canciones que definiesen
al disco elegiría Runalí,
aliñada con el hip hop senegalés
de Faada Freddy, y
Color, teñida con los arreglos
de viento del grupo cubano
Interactivo. El grupo
estuvo de gira en Cuba y de
allí se trajeron material para
el Techarí. Desde que estuvo
en la isla, Ramón siente muchísimo
más respeto por la
música cubana: “tocan como
si fuera lo último que van
a tocar en su vida”. Cuenta
que la forma de vivir en
Cuba, su gente y las relaciones
que se tejen allí le trajeron
memorias perdidas. “Yo,
de pequeño vivía en una ‘barranquilla’
y, de hecho, estás
acostumbrado a manejarte
con poco. Para mí era como
un flashback muy potente.
Cuando volvíamos, estábamos
en el avión llorando, no
nos queríamos ir de allí”. Su
buen hacer funciona tanto
en Europa como al otro lado
del Atlántico y aunque su
discurso, en lugares como
Cuba, podría verse alterado,
Ramón afirma con rotundidad:
“lo que hace Ojos de
Brujo, que quizá en otros sitios
tiene que pegar golpes a
la peña que está adormecida,
allí se entiende el lenguaje
a la primera. Ellos tienen
el atajo sin haber pasado por
ahí. Evidentemente hay de
todo, pero hay un sector de
la sociedad con el que Ojos
de Brujo conectaba totalmente;
no hacía falta que
vieran el esqueleto que hay
en el confort para saber lo
que hay. Era exactamente el
mismo mensaje sin cambiar
ni una coma ni un punto”.
Diquela (‘mira’), su nueva
discográfica, funciona
de manera autogestionada
y la toma de decisiones se
hace en asamblea. Puede
que la Fábrica de colores
fuese un proyecto demasiado
ambicioso, quizás un deseo.
Con este sello editaron
Barí y el primer disco de
Muchachito Bombo Infierno.
“Ellos eran muy buenos
y nosotros lo sabíamos, pero
no bastaba con eso y, antes
de tener que pasar por
todo lo que tuvimos que pasar
nosotros, dijimos... vamos
a apoyar esto. Eso es
lo que tenían que hacer las
compañías y no lo hacen.
Lo que pasa es que nos damos
cuenta de que no podemos,
somos pequeñitos y
tenemos que centrarnos en
lo que es Ojos de Brujo”.

Son flamencos urbanos
que llevan desde 2000
‘abriendo puertas que algunos
no entenderían’, pero
que nadie se confunda, lo
que hacen “dista mucho de
lo que es hacer nuevo flamenco.
Para eso ya hay
otros”, comenta Ramón.

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