“Es como salir de la clandestinidad”

Kristiane Etxaluz, protagonista de ‘Sagarren Denbora’, vive entre
Iparralde y la isla africana de São Tomé, donde a 7.000 km. de distancia
vive su pareja, Alfonso Etxegarai, deportado vasco desde 1986.

-  "No hacen falta que pasen 70 años"

18/10/10 · 11:44
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“No abro caminos sola pero me
gusta siempre lo nuevo. Soy además
bastante apasionada. Me
gusta encontrar un grupito que
se quiera movilizar sobre lo mismo;
sola no me gusta”. En una
entrevista reciente en Gara,
Kristiane Etxaluz resumía así su
militancia, ligada durante muchos
años a distintas organizaciones
abertzales. Hablamos con
ella con motivo de la presentación
de Sagarren Denbora.

En el proceso de paz, ¿qué papel
tienen que tener las familias
de personas que se encuentran
cumpliendo penas impuestas
por el Gobierno español?


Crucial. Yo no pienso que tengamos
que agarrarnos a que los
presos salgan para que el proceso
de paz se pueda dar. Creo que
el proceso tiene que hacerse de
un modo por el que las personas
de base comprometidas encuentren
a otra gente para apoyarse,
contactando con toda la gente de
buena voluntad, para deshacer el
nudo político.

¿Crees que las mujeres pueden
aportar algo diferenciado en el
proceso?


Sí. Te lo digo intuitivamente. Po-
demos ser fieras para acompañar
el enfrentamiento, pero podemos
ser las que mantienen la
vida para resolver el conflicto.
Encontrarnos, igual que lo hicieron
las mujeres reunidas en
Ahotsak, fue lo que a mí más me
emocionó y donde hubiera militado
con placer. Es una fórmula
que se ha usado en otros países,
un movimiento no confrontado.

¿Cómo te imaginas cuando
Alfonso esté ya contigo?


Estaré muy vieja. Esta situación
me acompaña, pero yo tengo
mucha vitalidad, y ojalá me
quede toda esa vitalidad.
Estamos felices por el camino
que acaba de abrirse estas últimas
semanas. Tengo la seguridad
de que van a volver a casa
los presos, los deportados,
quienes viven clandestinamente;
volverán a casa porque los
de la casa se habrán apoderado
de sus derechos. Yo veo a mi familiar
que le ha serenado mucho
entender no sólo hacia
dónde vamos, sino el cómo y
sentirse dentro de este cómo.
El cuándo no lo sabemos, pero
no hay que ser impaciente.

¿Cómo sientes tú lo “curativo”
de este tipo de documentales?


En nuestro caso, la catarsis de
evacuar este gran sufrimiento
la hizo Alfonso cuando redactó
el testimonio de su tortura y
cuando escribió el libro Regreso
a Sara. Pero con la película es
diferente, ahí la catarsis ha llegado
cuando la presentamos en
nuestra región [Iparralde, País
Vasco francés] y podíamos decir
“estamos aquí”, y sentir que
nos aceptan, nos dieron muchos
aplausos, fue una reacción
muy emotiva. Es como salir de
la clandestinidad.

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